Nicaragua

Desde Alemania responden a Ernesto Cardenal

La sabiduría popular es profunda de verdad. Un hombre del pueblo, residente en Alemania, responde con altura a los viscerales ataques de un personaje resentido; y de paso, nos da a conocer cómo le negó la palabra para poder preguntar, en los 90, y cómo debían pagarse seis dólares, en esa época de derrota y de miseria, para escuchar los cantos revolucionarios del inmaculado sátrapa de Getsemaní

Redacción Central |

La sabiduría popular es profunda de verdad. Un hombre del pueblo, residente en Alemania, responde con altura a los viscerales ataques de un personaje resentido; y de paso, nos da a conocer cómo le negó la palabra para poder preguntar, en los 90, y cómo debían pagarse seis dólares, en esa época de derrota y de miseria, para escuchar los «cantos revolucionarios» del inmaculado sátrapa de Getsemaní

Querido Ernesto, los calores provocados por el «Niño» o la efervescencia de la campaña electoral te hizo perder la cordura, te saliste de los estribos, pero esa es tu protesta, esa es tu verdad, esa es tu visión de las cosas, que no la compartimos todos.

Sería triste Ernesto que ustedes piensen por nosotros o que nosotros pensemos por ustedes, que ustedes sientan por nosotros o que nosotros sintamos por ustedes, sería triste Ernesto que ustedes piensen como nosotros, pero más triste sería aún que nosotros pensáramos a como piensan ustedes.

Esto que te voy a recordar, nunca lo he comentado con nadie, ni siquiera en mi círculo familiar, porque es la hora y aún me causa vergüenza y repugnancia. Te acordás Ernesto, cuando después de 1990, cuando nos arrebataron los sueños y solo nos quedaron las pesadillas, vos viniste varias veces a Alemania. Te acordás cuando nos vimos en Leipzig, en aquella iglesia protestante, que dicho sea de paso estaba llena y para oír tus poemas, tus mensajes de esperanza, en un mundo de desesperanzados, para oír tu voz de poeta de la revolución, de la teología de la liberación, tuvimos que pagar entradas, a como se va al cine, al circo o a un concierto de Rock. La entrada costaba 6 dólares si mal no recuerdo, el tiempo ha borrado los precios. Oficios/cosas del Neoliberalismo.

Después de oír los poemas al «Comandante Laureano Mairena», dos nicaragüenses nos acercamos a vos, uno de ellos ya está muerto, murió en el destierro de la desesperanza, de la desilusión, soñando con una Nicaragua mejor. Esos dos nicaragüenses quisieron hablar con vos y vos les negaste la palabra, no queríamos preguntarte por qué ahora para verte había que pagar, pero parece que temiste a la pregunta y no hablaste con nosotros.

Cuándo Ernesto Che Guevara cobró por predicar la «Buena Nueva». Cuándo Carlos Fonseca les cobró a ustedes por hablarles de la revolución, por esa nicaragua revolucionaria. Cuándo Sandino les cobró a los pocos que lo acompañaron al inicio de su lucha por hablarles de dignidad y soberanía.

Te acordás Ernesto cuando un año después regresastes a Alemania a la ciudad de Magdeburgo, entre otras ciudades y ya el precio de las entradas se había duplicado, las entradas costaban 12 dólares, si mal no recuerdo, el tiempo ha borrado los precios, ya el Neoliberalismo había avanzado. Solo que nosotros ya no estábamos presentes, el dinero se nos agotó para seguir pagando por nuestros sueños e ideales.

Te acordás Ernesto cuando un año después llegastes a la ciudad de Weimar, donde está el museo a Wolfgang von Goethe y también había que pagar entradas y después que leíste tus poemas, escuchamos tu monólogo dando explicaciones de la «revolución perdida» y cuando un compañero se levantó y pidió la palabra, para hablar de su verdad, no fue escuchado , sino expulsado del local, porque no compartía tu verdad, lo expulsaron ante tu vista y paciencia, con tu beneplácito.

Te acordás Ernesto cuando llegaste a Suecia y todo fue abandonando el avión, le dijiste a la Solidaridad que querías ser propuesto para Premio Nobel de la Paz, porque reunías los méritos suficientes según vos.

Diario durante el desayuno, almuerzo y cena teníamos que oir a un Ernesto pidiéndonos que quería ser «Premio Nobel de la Paz». Ernesto nos alegramos y sentimos un gran alivio cuando partiste de nuevo a Nicaragua. Los revolucionarios no exigen medallas, ni premios, ni nombramientos, ni ministerios. El profesor Orlando Pineda no ha parado de alfabetizar, humilde, sincero, sin protagonismos políticos, sin buscar premios Nobel. Tal vez podemos recaudar un poco de dinero para comprarle un nuevo sombrero, porque el que tiene está marchito por 16 años de neoliberalismo.

Nosotros Ernesto también somos poetas y también somos escritores, solo que nuestros poemas se llenan de hongos, esperando quien les dé vida, porque no tenemos una revolución que nos dé a conocer, no tenemos editoriales que publiquen nuestra verdad, nuestra visión de las cosas. Aquí abajo donde choca la piedra con el coyol, donde las motas de algodón y las matas de café se confunden, donde la lluvia fría e insistente hace tiritar nuestros huesos, aquí donde el sudor y la sangre de nuestros héroes y mártires nos duele, aquí Ernesto donde no hay ex-ministros, ex-embajadores, ex-comandantes, laureados poetas y escritores, aquí donde la ola pega contra el peñón, aquí hay esperanza, dignidad, soberanía, hay neuronas y más de lo que vos y otros piensan. No compartimos con vos tu interpretación de las cosas, si compartimos con vos que una «Nicaragua mejor es posible». Es tu derecho pensar lo que pensás, es nuestro derecho pensar lo que pensamos. Es tu derecho votar por quien vos querrás, es nuestro derecho votar por «Unida Nicaragua triunfa».

Nadie es perfecto, vos tampoco lo sos, estas líneas son necesarias para que se vaya la angina pectoris que me acompaña. Estos jóvenes de los que te hablo, tenemos tantas cosas que contarte, entre otras cosas que ya no tenemos 8, 9, 10 años, ya estamos bastante grandecitos, algunos tienen canas, muchos somos padres de familia, nunca hemos sido tontos, solamente soñadores, nunca fuimos adaptados, simplemente rebeldes. Nos ha caído de todo y nos sigue cayendo: bombas neoliberales, torpedos mediáticos, basura de todo tipo, solo falta la bomba atómica, pero aquí seguimos defiendo lo que es nuestra verdad y esa verdad la queremos contar, cantar, recitar, y defender nosotros, «más ligeros de equipaje, sin balas», solo armados con la guerrilla de las palabras, de la palabra guerrillera.

Ustedes hablan hacia los Sandinistas, de los Sandinistas, del Sandinismo con la misma arrogancia y prepotencia, a como la oligarquía habla en nombre de los indígenas, por no decir en contra de los indígenas. Dónde estaba Luis Carrión, cuando los estudiantes eran golpeados por la policía. En Harvard. Dónde estaba Víctor Tirado cuando los médicos eran vapuleados por pedir salarios justos. En su casa. Dónde estaba Henry Ruiz. Disfrutando sus depresiones. Quién ha dicho que el FSLN es una secta de santos, beatos y puritanos. Quién ha dicho que está compuesto por semidioses bajados del olimpo. Hombres de carne y hueso, como vos y yo, con sus virtudes y sus errores. Hombres y mujeres hechos de barro de La Paz Centro, cenizas del Cerro Negro, flores de Masaya. Hombres y solamente hombres, negros y rojos y azules. «Creer que podemos hablar De Otros más allá De Nosotros es masturbación política»

(Subcomandante Marcos desde la selva Lacandona) Francisco Amaya «Grupo de Reflexión por Nicaragua»

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