Nicaragua

El voto oculto, la gran incógnita en Nicaragua

Managua – Las cinco fuerzas políticas participantes en la contienda miran hoy con recelo al llamado voto oculto, el cual podría ser decisivo para llevar a una de estas a la presidencia de Nicaragua el próximo 5 de noviembre. Analistas coinciden en que la escisión de los dos partidos mayoritarios, léase Partido Liberal Constitucionalista (PLC) […]

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Foto: AP | AP

Redacción Central |

Managua – Las cinco fuerzas políticas participantes en la contienda miran hoy con recelo al llamado voto oculto, el cual podría ser decisivo para llevar a una de estas a la presidencia de Nicaragua el próximo 5 de noviembre.

Analistas coinciden en que la escisión de los dos partidos mayoritarios, léase Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), trastocó el tradicional escenario polarizado de los últimos 16 años.

El fraccionamiento que dio origen a la Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y al Movimiento Renovador Sandinista (MRS), divide incluso a los independientes, quienes por lo general traducían en abstencionismo su descontento hacia el PLC o el FSLN.

Raúl Obregón, de la firma encuestadora M y R Consultores, por ejemplo, es de los que considera que la volatilidad del voto oculto jugará un papel determinante en los comicios del domingo próximo.

Según explicó Obregón en el programa televisivo Esta Semana, que conduce el periodista Carlos Fernando Chamorro, la cifra de electores que prefieren esconder sus preferencias políticas hasta el día de las elecciones ronda el ocho por ciento.

La volatilidad de ese porcentaje, especula, podría traducirse en la victoria en primera vuelta de uno de los candidatos, o provocar un balotaje, hecho hasta ahora inédito en la historia electoral de Nicaragua.

El analista considera, por ejemplo, que si el dos por ciento de esa masa de votantes se inclina finalmente por el FSLN, el ex presidente Daniel Ortega tendría asegurada la victoria en la primera vuelta.

El líder sandinista marcha a la cabeza de los sondeos de intención de votos, pero sólo en uno de ellos compiló las cifras mínimas exigidas por la ley para ser elegido presidente.

Según la Constitución, para llegar a la primera magistratura de Nicaragua se necesita que el ganador obtenga como mínimo el 35 por ciento de los votos válidos, y una ventaja de cinco puntos porcentuales sobre el candidato que ocupe el segundo lugar.

Siempre de acuerdo con las opiniones de Obregón, el más cercano rival de Ortega, el ex PLC y ahora candidato de la ALN, Eduardo Montealegre, lo más que podría hacer es forzar una segunda vuelta electoral.

Para ganarle al ex mandatario (1984-1990), el ex banquero tendría que arrastrar tras de sí a todos los indecisos, además de que el abstencionismo estuviera muy por debajo del más de 20 por ciento previsto, y que esos votos de última hora fueran hacia él.

Montealegre marcó menos de 20 por ciento de intención de votos en los últimos sondeos, al igual que el aspirante presidencial del PLC, José Rizo, y el candidato del MRS, Edmundo Jarquín, quienes se disputan el tercer puesto.

El único que estaría prácticamente descartado es Edén Pastora, postulado por la organización evangélica Alternativa por el Cambio, quien nunca ha sobrepasado el uno por ciento.

Al margen de especulaciones y del triunfalismo típico de los cierres de campaña, lo cierto es que los cinco candidatos se lanzarán en esta recta final a la conquista de ese caudal de votos.

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