Nicaragua y las elecciones

Las clases dominantes tienen miedo del proceso social que se puede generar con un triunfo electoral del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Ven con incrédulo asombro primero, y con temor irritado después, el ascenso de esta marea humana a la cual no la detuvieron las políticas neoliberales durante los dieciséis años pasados ni la desorganizaron las inevitables y naturales diferencias entre sus propios dirigentes

«Las clases dominantes tienen miedo del proceso social que se puede generar con un triunfo electoral del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Ven con incrédulo asombro primero, y con temor irritado después, el ascenso de esta marea humana a la cual no la detuvieron las políticas neoliberales durante los dieciséis años pasados ni la desorganizaron las inevitables y naturales diferencias entre sus propios dirigentes»

América Latina se le va de las manos a los Estados Unidos (EEUU). El plan imperial de conquista del mundo, conocido como Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, hace agua por todas partes, pero es en la región latinoamericana -su presunto traspatio- donde choca con los mayores obstáculos. (1) Abrumado por su despliegue en otras regiones y con un gobierno desprestigiado, EEUU parece perder el control de su propio continente. (2) Mientras EEUU no miraba, Latinoamérica se desplazó hacia la izquierda.

La conmoción del 11-S facilitó un abandono que venía de lejos: EEUU se olvidó de su patio trasero, primero porque la URSS dejó de existir y después, porque Al Qaeda no instaló sus campamentos en el Amazonas. Ahora, la política exterior unilateral de Washington y la guerra de Irak, unidas a la decepción causada por las expectativas del intento de liberalización bautizado como el «Consenso de Washington» (término acuñado a finales de los años ochenta para los programas destinados a las economías en desarrollo por el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras instancias, que incluían menos regulación y más privatizaciones), se han combinado para crear una opinión pública latinoamericana extremadamente crítica con EEUU. (3)

Entre enero y diciembre de 2006, América Latina ha sido y será el escenario de muchas elecciones -por lo menos 10- en países tan diversos como los más grandes del continente, México y Brasil, y algunos de los más pequeños, Guyana, Costa Rica y Nicaragua. En enero se celebraron elecciones en Chile; en febrero, Costa Rica; en marzo, Guyana; en abril/junio, Perú; en mayo, Colombia; en julio, México; en octubre, Ecuador y Brasil; en noviembre, Nicaragua; y en diciembre, Venezuela. Esta ola de elecciones concluirá en marzo de 2007 en Argentina.

Las elecciones generales en Nicaragua, noviembre del 2006, y la lucha en el ámbito institucional, nos guste o no, siguen siendo un terreno importante, aunque no el mejor, para el enfrentamiento entre dominados y dominantes, y un campo de disputa de las mentes de los votantes para reforzar, con objetivos precisos, la resistencia al imperialismo y al capital. Las elecciones, si son aprovechadas, permite elevar la conciencia de los oprimidos, desarrollar su capacidad de autoorganización y su autoestima, llevarles a prescindir de líderes y salvadores de la derecha y a aprender que el «todo o nada» lleva, casi siempre, a nada. Para ganar, para conquistar el poder, es necesario acudir con una coalición amplia.

Las elecciones presidenciales y parlamentarias no son, en efecto, un momento glorioso ni exaltan la libido política: son un método de los que gobiernan para resolver sus problemas. Pero las elecciones son también el modo pacífico de medir fuerzas y resolver conflictos y, por lo tanto, para tratar de cambiar la relación de fuerzas son preferidas por la inmensa mayoría formada hasta ahora por quienes se resisten a encarar un enfrentamiento violento a menos que éste les sea impuesto.

En las calles de los países latinoamericanos, con más de 500 millones de habitantes, el 61 por ciento tiene una opinión negativa de EEUU; sólo el 34 por ciento confía en el liderazgo de Washington, según el Latinobarómetro 2005. (4) La visión positiva de EEUU en Brasil pasó del 56 por ciento del año 2000 al 34 por ciento en 2003, según el Pew Center; el 71 por ciento de los latinoamericanos creen positivo que EEUU se sintiera vulnerable el 11-S. (5) Lo que está pasando es grave para los EEUU En los años sesenta, uno se encontraba una cantidad de Gobiernos con sentimientos antiamericanos. Hoy son los pueblos los que los tienen.

Las revoluciones sociales son desplazamientos violentos en las relaciones de fuerzas entre las clases -dominantes y subalternas- en una sociedad determinada. Esos desplazamientos ponen en crisis la forma política de la dominación existente. Esta crisis puede expresarse también en el terreno electoral. Una revolución social no es algo que pasa en el Estado, en sus instituciones y entre sus políticos. Viene desde abajo y desde afuera. Sucede cuando entran al primer plano de la escena política esas y esos que siempre están, precisamente, abajo y afuera: los postergados de siempre, los dirigidos, aquellos a quienes los dirigentes políticos de la derecha consideran sólo suma de votantes, clientela electoral, masa de acarreo, carne de encuesta.

Normalmente, las elecciones son lugar de renovación y reconfirmación de la dominación existente. En ellas se puede cambiar el personal político y administrativo del gobierno, a escoger entre los diversos miembros de la clase política que compiten entre sí. Pero no se decide cuál clase o estrato social ejerce el mando real, aquel a cuyos marcos se subordina la totalidad de los políticos (pues cuando no lo hacen, se convierten en parias o intocables).

En Nicaragua, las próximas elecciones pueden ser una confirmación política, legal, democrática, constitucional, institucional -y todos los demás adjetivos de la ciencia política que se quiera- de una violenta y persistente ola de fondo contra la dominación neoliberal en un Estado de matriz colonial como ha sido desde siempre el nicaragüense. Las próximas elecciones generales puede ser un paso más de una revolución que no termina y que espera poder seguir avanzando a través de asambleas, votos y decisiones colectivas.

Las clases dominantes tienen miedo del proceso social que se puede generar con un triunfo electoral del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Ven con incrédulo asombro primero, y con temor irritado después, el ascenso de esta marea humana a la cual no la detuvieron las políticas neoliberales durante los dieciséis años pasados ni la desorganizaron las inevitables y naturales diferencias entre sus propios dirigentes.

El escenario económico-social a partir de 1990. A partir de 1990, en Nicaragua, se comienza a consolidarse un «capitalismo de compadres», por el cual sectores privilegiados consiguen «favores o préstamos del gobierno». La política neoliberal ha sido el asalto de grupos de intereses que se supieron aprovechar del Estado en su propio beneficio y se protegen de la competencia cerrando la economía.

A partir de 1990, la clase de las grandes empresas y grupos corporativos secuestró al Estado para extender sus privilegios. Impuso un modelo en el que los poderes del Estado constituyen una simple herramienta para mantener y extender sus ventajas de clase en detrimento de los intereses generales de la población.

Poco importa que el ingreso familiar quede estancado durante una generación y la pobreza aumente. Es irrelevante que el bienestar social se deteriore, y que la educación, la salud y las condiciones generales de vida se degraden. Lo que interesa es mantener, ya sea con la manipulación, ya sea por la corrupción, un nivel extraordinario de ganancias para el gran capital. Es válido desviar el papel del Estado de su función esencial como promotor de la prosperidad y crisol para mediar en los conflictos sociales, con tal de alcanzar el objetivo supremo de los dividendos extraordinarios.

El modelo neoliberal que tanto promueven los candidatos Montealegre, Jarquín y Rizo ha desempeñado un papel clave en el desvío de las funciones del Estado en Nicaragua. Los agentes de la esfera financiera y el sector bancario, las grandes corporaciones trasnacionales, las compañías dedicadas a la construcción de centros comerciales y los dueños del monopolio televisivo, son los principales promotores del «capitalismo de compadres». La manipulación de las instituciones públicas llevó a ganancias desorbitadas al tiempo que la mayoría de la población caminó «desbocada hacia la ruina». La desnaturalización del Estado se acompañó del deterioro de la vida pública para las grandes mayorías.

Con las políticas neoliberales, la corrupción ha corroído a numerosos funcionarios de los gobiernos neoliberales; presidentes y ministros se han enriquecido por medio del robo al erario público o la entrega de facilidades a compañías extranjeras para adquirir terrenos y fábricas, siempre y cuando otorguen abundantes regalías. Un aspecto que atenta contra la mejor utilización del PIB en resolver los problemas sociales es la abultada deuda externa e interna que tiene el país a las que el gobierno debe dedicar anualmente entre un cuarto y un tercio de su Producto Interno Bruto.

Nicaragua es uno de los países con mayor desigualdad de la región latinoamericana. El 10 por ciento más rico de la población tiene el 45 por ciento del ingreso total, y el 10 por ciento más pobre sólo el 0.9 por ciento. La desigualdad está en todo no sólo en los ingresos. Hay una aguda desigualdad en el acceso a la tierra. Hay desigualdad en la posibilidad de obtener créditos. Hay desigualdad en la educación. Estas desigualdades y otras, como la nueva la brecha digital, se refuerzan las unas a las otras, y crean «trampas de pobreza». (6)

Los círculos perversos de desigualdad, culminan en el cercenamiento de los derechos más básicos, como el derecho a la familia, y a la vida misma. Una proporción significativa de las parejas jóvenes pobres que quisieran formar familia no la forman por las incertidumbres económicas severas, y muchas familias pobres se quiebran bajo el stress socioeconómico permanente.

Por otra parte, la esperanza de vida es muy disímil según el sector social. Nicaragua es un país con un potencial económico excepcional, inmensamente rico en materias primas, fuentes de energía baratas, posibilidades agropecuarias, hay pobreza porque hay desigualdad. Un aumento de un 0.001 puntos porcentuales en el coeficiente Gini que mide la desigualdad en la distribución de ingreso, hace disminuir en 0.6 años la esperanza de vida. Al revés, aun cuando aumente el producto bruto si hay alta desigualdad la pobreza no retrocede.

Las tendencias económicas están generando un grupo de oligarcas ricos, mientras casi todos los demás sufren deterioro en su bienestar económico. Los datos del «milagro» económico de los gobiernos neoliberales sólo ofrecen buenas noticias para los más ricos, y casi todos los demás van de mal en peor. A la vez, los salarios reales promedio se desplomaron. Además no hubo ninguna mejora en el ingreso neto de las familias en este periodo. Peor aún, la deuda promedio de hogares se incrementó. También se redujo el ahorro familiar de la clase media. ¿Y los frutos de la expansión y el incremento del PIB? De acuerdo con los datos de Naciones Unidas, todo fue a dar no al 10 por ciento de los más ricos, sino al uno por ciento más rico del país.

La desigualdad genera pobreza, pero además impide un crecimiento económico sostenido. Reduce el número de consumidores, obstruye la formación de ahorro nacional, tensa al máximo la sociedad y genera ingobernabilidad. A partir de los años noventa la desigualdad bajo el impulso de las políticas aplicadas por los gobiernos neoliberales (Chamorro, Alemán y Bolaños) pegó un salto gigantesco. Dos millones de personas se transformaron en nuevos pobres. La sociedad se polarizó socialmente hablando. La pobreza se disparó llegando a finales del 2005, a 4.2 millones de personas (80 por ciento de la población total), era a inicios de los años 90, al finalizar la revolución social menor 2.2 millones de personas (alrededor del 60 por ciento de la población).

Todo ello no fueron fatalidades inexorables, sino el producto lógico de las políticas de destrucción del Estado, privatización salvaje, desprotección total de la pequeña y mediana industria y comercio nacional, concentración del crédito, y otros similares aplicadas con toda ortodoxia neoliberal, y altas dosis de corrupción. Los resultados fueron la creación de gigantescas «trampas de pobreza» para gruesos sectores de la población que llevaron desde suicidios, a implosión de familias, y sufrimientos sociales cruentos.

La desigualdad no es un destino, puede enfrentarse. Debe haber una combinación de políticas afirmativas que abran oportunidades a los excluidos, políticas económicas que activen las posibilidades de las pequeñas y medianas empresas, democratización del crédito, un gran esfuerzo por asegurar educación y salud a todos.

Antes de finalizar su administración, el gobierno de Enrique Bolaños (entrega el gobierno en enero de 2007) está desatado en eso de cumplir las exigencias de los barones del dinero que con su financiamiento posibilitaron su llegada a la Presidencia, de tal suerte que a diestra y siniestra firma permisos, quiere otorgar concesiones, promueve leyes, lanza decretos, privilegia caprichos, atiende excesos y demás gracias, en este gobierno «de, para y por los empresarios» (oligárquicos, desde luego).

Bancos privilegiados con los CENIS por aquí, exenciones fiscales por allá, leyes a la medida por todas partes, jugosos contratos para empresas creadas ex profeso y tantas otras bendiciones de un régimen «distinto» que trabaja a todo vapor, porque -felizmente- ya se va, aunque los barones del dinero se quedan, y por ello también financian la campaña de Eduardo Montealegre -como en su momento financiaron la de Alemán y Bolaños -, ya no por el «cambio», sino por la «continuidad». Para continuar saqueando al país.

Desde hace dieciséis años, la pobreza, también, avanza en Nicaragua con rostro y vestuarios femeninos: trabajar de manera informal, inmigrar o prostituirse, son las escasas opciones que quedan a las representantes del mal llamado sexo débil para sobrevivir.

Las mujeres jefas de hogar cuentan con menos ingresos monetarios que sus contrapartes masculinos, tanto en los hogares pobres como en los de mayor ingreso. Esto se explica porque, a pesar de las leyes existentes, este sector continúa sufriendo la desatención y la negligencia del sistema legal. La violencia intrafamiliar, de la pareja, y hasta de una gran parte de la sociedad, acechan de manera constante a las mujeres en la sociedad nicaragüense.

Desde el propio seno familiar, ellas son poco apreciadas al repartir la renta y la educación para la vida se desatiende de las pautas de igualdad, al regirse por los patrones vigentes en los trillados caminos de género. Tales consideraciones prevalecen a su vez en el mercado laboral, donde todavía es muy desigual el número de mujeres profesionales con relación a la presencia de estas en cargos de dirección de organizaciones y administraciones públicas. Suele ocurrir además que los salarios destinados a pagar los servicios de ellas siguen siendo más bajos que el de sus compañeros de labores en un mismo puesto.

Investigaciones de la Organización de Naciones Unidas (ONU) sugieren que si a las mujeres se les ofreciera idéntico apoyo que a los hombres, aumentaría el rendimiento de los cultivos en el agro, en un 20 por ciento. El producto nacional tendería a incrementarse en más de un cinco por ciento de eliminarse las desigualdades de género en el mercado de trabajo.

Las mujeres son propulsoras de progreso y en la medida en que se rompen los esquemas machistas tradicionales, estas promueven el desarrollo de la sociedad en la cual se desenvuelve. Por tales razones, el Estado debe apostar por la educación y el acceso al trabajo de las mujeres, con lo que propiciarán al mismo tiempo la ruptura con la recirculación de la pobreza y de la miseria creciente en estas tierras.

Atrapadas en el ciclo de la pobreza, las mujeres nicaragüenses carecen del acceso a los recursos y los servicios necesarios para transformar la situación, lo cual se agrava a partir del recrudecimiento de la globalización. La vinculación cada vez mayor de la economía a los mercados mundiales suele incidir en la reducción de los gastos públicos y de los programas sociales, trasladando el costo a las familias, donde suelen ser ellas las que llevan sobre sus hombros la carga adicional.

La derecha y la extrema derecha nicaragüense no tienen sensibilidad popular. En su carácter de miembros de la llamada elite de un país mayoritariamente conservador y racista, desprecian a los mestizos por «indios», y al pueblo por «chusma»; es decir, por razones a la vez étnicas y de clase. Creen que los trabajadores y los oprimidos de todo tipo no tienen memoria, capacidad de pensar y decidir ni voluntad, que son una masa voluble, maniobrable, con una capacidad infinita para soportar robos, estafas, vejámenes e infamias de todo tipo.

Como desprecian el país real -su ideal está fuera de las fronteras y anhelan ser reconocidos como iguales por gentes más blancas y rubias que sus connacionales-, no son capaces de pensar en la posible consecuencia de sus constantes actos de usurpación y de su prepotencia. Como las elites se creen omnipotentes e impunes, porque desde hace cientos de años ellos o sus semejantes dominan las palancas del poder económico, religioso y político, actúan irresponsablemente, como aventureros sin criterio.

No es común que la gente al abrir un periódico, escuchar una radio o elegir un canal de televisión sepa quiénes son sus propietarios, quiénes los mantienen mediante la publicidad, qué relaciones poseen con el gobierno o las empresas.

Según la UNESCO, la información «es un bien social». Pero esos conglomerados mediáticos responden a un capital. A los intereses de sus dueños. Para ellos la información es una mercancía. Un capital que tiene como objetivo vender productos y crear hábitos de consumo. Esos consorcios que dominan tecnologías y contenidos han convertido a los medios masivos en insaciables maquinarias para obtener mayores tasas de ganancia en el más breve tiempo.

Más allá de las contradicciones intercapitalistas y la competencia, a consecuencia de la confluencia de tan poderosos intereses se ha establecido de modo tácito un «consenso mediático» que opera como una gran maquinaria de la dictadura del pensamiento único. La clase dominante marca sus posiciones político-ideológicas a través de los medios y ya no, como antaño, vía los partidos. Los medios se han convertido en un verdadero poder articulador de la plutocracia. Bajo esas condiciones, la posibilidad de expresión pública de las voces críticas y de los sectores subalternos es mínima. Y cuando lo logran, éstas son tergiversadas de manera sistemática.

El periodismo no es el «cuarto poder». Es parte del poder a secas. Forma parte de un único poder que responde a la lógica de dominación de clase, de propiedad de los medios de producción y de acumulación de la tasa de ganancia. La batalla de las ideas se sigue jugando en el terreno cultural. Lo saben muy bien quienes tienen la sartén por el mango. La «información» surge de la decisión previa de gente que piensa lo que hay que pensar y construye la «noticia» en función de sus intereses.

Por conducto de sus intelectuales orgánicos y asalariados y quienes les hacen eco-, los medios crean y alimentan mitos. Su poder y su magia invisibles corroen las conciencias y percepciones. Los «guardianes de la democracia» fomentan el unanimismo, la amnesia, el olvido. Fabrican y construyen estereotipos. Demonizan a los de abajo. Criminalizan a los sucios o impuros. Los convierten en un «peligro» para Nicaragua. Los tachan de «ilegales» y «violentos», en contraposición a los «pacíficos» y «legales». Transforman a las víctimas en victimarios.

La estrategia norteamericana. A partir del año 2002 el imperialismo norteamericano y la derecha establecieron como estrategia política para las elecciones del 2006 los siguientes objetivos:

  • a) Limpiar a la derecha de los efectos negativos de los actos de corrupción del gobierno de Arnoldo Alemán (1997-2002). Con ese objetivo el gobierno de Enrique Bolaños (2002-2007) emprendió una campaña contra el círculo íntimo del poder oculto que rodeaba al ex presidente Alemán, la cual se fue reduciendo a la persona de Alemán y su familia. El objetivo quitarle legitimidad a su liderazgo al interior del Partido Liberal Constitucionalista (PLC).
  • b) Al mismo tiempo, el gobierno Bolaños y los norteamericanos, con el apoyo del partido de ARENA de El Salvador, emprendieron la estrategia de vaciar al PLC de su base social (a través del método utilizado con la Democracia Cristiana salvadoreña a favor de ARENA) golpeando a su dirigencia, creando un nuevo partido político que sirvieran de punto de atracción a las bases desencantadas por las acusaciones de corrupción y los malos manejos del gobierno Alemán. La nueva organización política ha querido ser creada tanto por José Rizo, Enrique Bolaños, José Antonio Alvarado y, últimamente, por Eduardo Montealegre (candidato de la derecha y apoyo por los norteamericanos) y algunos trásfugas del PLC. En esta última operación involucraron, también, a sectores del Partido de Resistencia Nicaragüense (PRN) que encabezaba Salvador Talavera y del Partido Conservador.
  • c) Utilización de la llamada «sociedad civil». Desde finales de los años ochenta el estado norteamericano y sus aparatos de inteligencia y de «ayuda» han estado profundamente implicados en influir sobre los procesos electorales y en financiar a diferentes organizaciones de la «sociedad civil» nicaragüense. Un caso conocido fue el de las elecciones de 1990, donde la CIA vertió millones de dólares en la campaña electoral de la candidata Violeta de Chamorro para derrotar al sandinismo. Desde los años noventa y cada vez más en el primer quinquenio del siglo XXI, la penetración estadounidense en las organizaciones de la «sociedad civil» – han servido como ariete para ayudar a derrotar, primero, al régimen sandinista y organizar, después, resultados electorales favorables a los candidatos pro-estadounidenses, como son los casos de los gobiernos neoliberales de Violeta Chamorro (1990-1997), Arnoldo Alemán (1997-2002) y Enrique Bolaños (2002-2007).
  • d) La operación implicaba, también, el fomentar la creación de una disidencia al interior del FSLN para debilitarlo fuertemente e impedir, de esa forma, sus posibilidades de triunfo. Los intentos de Joaquín Cuadra (ex jefe del ejército y antiguo militante de la guerrilla sandinista) de conformar un partido «sandinista» alternativo que se presentara como de centro izquierda, el forzar el rompimiento del Movimiento de Renovación Sandinista (MRS) de su alianza con la Convergencia Nacional que hegemoniza el FSLN y, posteriormente, el movimiento de Lewites que presenta la candidatura de Edmundo Jarquín, con claros signos neoliberales y de socialdemocracia de derecha.

Evolución política en los últimos años. Entre el 2002 y 2006, el gobierno Bolaños, sectores de la extrema derecha salvadoreña, sectores del capital nicaragüense, algunos medios de comunicaciones locales y el gobierno norteamericano (a través de su embajada) emprendieron una campaña mediática para lograr los objetivos determinados.

Al llegar al poder, Enrique Bolaños pensó eliminar a Alemán del escenario político nacional, sin embargo, la base dura del PLC permaneció fiel a Arnoldo Alemán. La base dura del PLC es una masa dura y gelatinosa, conservadora y religiosa pero, a la vez, plebeya y hostil al gran capital, a los banqueros y a la oligarquía tradicional. Son los pelados frente al poder del capital. Por eso el capital local e internacional ya no confían más en Alemán, sobre todo después de su «acuerdo político» con los sandinistas.

Actualmente existe un gobierno que representa los intereses de la derecha y extrema derecha, de corte neoliberal y pro norteamericano que cohabita con una oposición política fuerte (el sandinismo). Los acuerdos políticos del FSLN con los liberales (derecha neoliberal) han permitido al sandinismo ampliar su influencia en los aparatos estatales.

Lo que tenemos ahora, son aparatos estatales que no responden totalmente al orden neoliberal y que han pasado a coexistir con un gobierno neoliberal que, en alto grado, resultan un «cuerpo extraño» a la lógica de la restauración conservadora que se propuso el gobierno de la «nueva era». Es decir, existe una incongruencia o desajuste interno, al interior del Estado entre el Poder Ejecutivo y los aparatos estatales con influencia sandinista. Situación altamente inestable y que no puede durar mucho tiempo. Típicamente, se trata de una situación que no se puede reproducir a largo plazo pues implica la coexistencia de cuerpos que son profundamente extraños y antagónicos.

Para alcanzar el primer objetivo el gobierno Bolaños establece una alianza con el FSLN para poder desaforar a Alemán. Esta alianza táctica significaba legitimar al FSLN, lo cual no era bien visto por los norteamericanos. Ya que ellos, impulsaban, a través de un movimiento de la sociedad civil, una campaña que trataba de golpearlos ante los ojos de la población. La alianza táctica gobierno Bolaños – FSLN le permitía a Bolaños gobernar con relativa tranquilidad social y política, ya que el gobierno no había logrado vaciar al PLC ni desgranar a los diputados liberales a su favor. Bolaños gobernaba gracias a los votos del FSLN.

En esas circunstancias, para los analistas de la embajada norteamericana y del Departamento de Estado, el FSLN resultaba beneficiado porque se descalificaba la campaña de la sociedad civil, que alimentaba los Estados Unidos, trataba de involucrar en la corrupción del gobierno de Alemán. Esas eran circunstancias, cuando viene a Nicaragua el Secretario de Estado, Colin Powell, noviembre de 2003, y obliga al gobierno Bolaños a romper su alianza táctica con el FSLN.

A partir de enero de 2004, se reestablece, por algunos meses, una alianza entre Bolaños y el PLC. Sin embargo, la condición del PLC, para continuar con su alianza, le resultaba muy cara a Bolaños y acababa con el segundo objetivo de la estrategia norteamericana para las elecciones del 2006. El costo era liberar a Alemán de toda culpa de los actos de corrupción que se le señalaba, lo cual iba en contra de su estrategia. El gobierno Bolaños sin apoyo parlamentario, debilitado, sin partido político que lo respaldara; se fue transformando en un ejecutor de las micro políticas diseñadas por los funcionarios de la embajada de los Estados Unidos.

Poco a poco, por la intransigencia de Bolaños y asesoramiento de sus consejeros políticos, la brecha para reestablecer la unidad de la derecha se fue ensanchando. De esa manera, los tiempos electorales se fueron reduciendo y la posibilidad de unificación de la derecha se fue comprimiendo. Llegamos al 2006, año electoral, con cinco candidaturas: José Rizo por PLC, Eduardo Montealegre por Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), el candidato favorito de Bolaños y los norteamericanos; Edmundo Jarquín por el Movimiento Renovador Sandinista (MRS) que expresa una corriente predominantemente neoliberal; Edén Pastora por Alternativa por el Cambio (AC) movimiento progresista cristiano; y Daniel Ortega por el FSLN.

Notas:
1) Angel Guerra Cabrera, Cuba y el fracaso de Bush, La Jornada, México DF, jueves, 26 de enero de 2006.
2) François Sabado, Rapport sur la situation internationale, Revue Inprecor, Nº 515/516, Paris, France, mars/avril 2006.
3) José Manuel Calvo, EEUU pierde América Latina, El País, Madrid, España, lunes, 1 de mayo de 2006.
4) Corporación Latinobarómetro, Informe Latinobarómetro 2005, Santiago, Chile, octubre 2005, p. 73.
5) José Manuel Calvo, EEUU pierde América Latina, El País, Madrid, España, lunes, 1 de mayo de 2006.
6) Guillermo E. Perry / Omar Arias / J. Humberto López / William F. Maloney / Luís Servén, Reducción de la pobreza y crecimiento: círculos virtuosos y círculos viciosos, Resumen Ejecutivo, Banco Mundial, Washington, Estados Unidos, febrero 2006.

Tomado de ARGENPRESS