Nicaragua

Ortega rumbo al poder en Nicaragua con fieles y enemigos

MANAGUA. Cuando en 1990 Daniel Ortega perdió en las urnas el poder que alcanzó con las armas en Nicaragua, Estados Unidos respiró aliviado por lo que parecía el ocaso político del archienemigo revolucionario

Redacción Centraly Redacción Central |

MANAGUA. Cuando en 1990 Daniel Ortega perdió en las urnas el poder que alcanzó con las armas en Nicaragua, Estados Unidos respiró aliviado por lo que parecía el ocaso político del archienemigo revolucionario

Pero, tras varios gobiernos de derecha que no solucionaron los problemas del segundo país más pobre de América después de Haití, Ortega recorre el país abrazando fieles y ex enemigos en lujosos coches todoterreno a la cabeza de las preferencias con vistas a las presidenciales del 5 de noviembre.

En sus constantes encuentros abiertos con pobladores de todo el país, el ex guerrillero se muestra moderado y habla de Dios y de reconciliación, atrayendo nuevos adeptos a su causa.

Ortega, de 61 años y con siete hijos, es un antiguo enemigo de Washington cuando gobernó Nicaragua en la década de 1980 con apoyo de Cuba y de la extinta Unión Soviética, luego de que la guerrilla sandinista -de la que fue uno de sus jefes- derrocaran al dictador Anastasio Somoza en 1979.

“Mi inspiración revolucionaria fue Cristo. Después conocí a Sandino (héroe nacionalista contra la ocupación de Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX) y después a Marx”, dijo a Reuters en una reciente entrevista.

Ortega, que conserva su espeso bigote pero usa ahora una vestimenta casual en lugar de su viejo uniforme de camuflaje, marcha a la cabeza de las encuestas ante el fastidio de Estados Unidos, que intentó infructuosamente unir a la derecha en su contra.

Diferentes encuestas dan a Ortega una ventaja de entre 3 y 15 puntos sobre su más cercano rival, el ex banquero Eduardo Montealegre, ministro de varias carteras en los dos últimos gobiernos y el preferido de Washington.

Sin embargo podría tener que enfrentar una segunda vuelta electoral para alcanzar el poder.

Ortega, del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), avanza con la bendición de sus aliados latinoamericanos: el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y el líder cubano Fidel Castro.

Bajo la dictadura de Somoza, Ortega sufrió cárcel y torturas por siete años consecutivos hasta que fue liberado en 1974 tras una operación de comandos sandinistas que lograron la salida a Cuba de varios líderes guerrilleros presos.

Tras el derrocamiento de Somoza y ya en el gobierno, los sandinistas resistieron la hostilidad de Washington, que impuso un bloqueo económico y apoyó a los rebeldes de la “Contra” en una guerra que costó más de 30.000 víctimas.

“Ya finalizada la dictadura, superada la situación de guerra de los 80, ya en paz, he llegado al convencimiento que, no ha sido fácil, no hay más alternativa que el entendimiento, la reconciliación para que el país pueda caminar”, afirmó un moderado Ortega.

Además de Montealegre, de la Alianza Liberal Nicaragüense, aspira a la presidencia el ex vicepresidente José Rizo, postulado por el Partido Liberal Constitucionalista, el mayor de la derecha.

Ex enemigos ahora aliados

En su campaña por volver al poder, Ortega habla de paz y reconciliación, vestido con camisas blancas y al lado de ex enemigos, como su aspirante a vicepresidente, el ex banquero Jaime Morales, quien fue jefe negociador de la paz en representación de la “Contra”.

Morales era propietario de una mansión que fue confiscada por el gobierno sandinista, donde ahora vive Ortega luego de lograr con éste un arreglo privado sobre la residencia.

Ortega perdió tres elecciones desde 1990, cuando entregó el poder a la ex presidenta Chamorro para “respetar la voluntad popular” expresada en las urnas, según se jacta al responder críticas que lo señalan como antidemocrático.

Los rivales de Ortega -que como en los comicios del 2001 prefiere usar propaganda con abundante color rosa y no los tradicionales rojo y negro del FSLN- sostienen que con su eventual triunfo retornaría la hiperinflación, la estatización económica y el reclutamiento forzoso de la década de 1980.

Ortega insiste en que es hombre de paz y que respetará la propiedad privada, las inversiones, la banca y un pacto comercial con Estados Unidos; mientras firma alianzas con sectores variopintos que incluyen a ex contras y disidentes de los partidos de derecha.

Sobre los vehículos que usa en sus travesías de campaña, entre ellos dos Mercedes Benz y un Range Rover -que sus críticos afirman son muestra de su presunta corrupción-, Ortega asegura que son rentados o prestados por sus amigos y que debe cambiarlos periódicamente para garantizar su seguridad.

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