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Dilema en tiempos de cambios

El accionar de Estados Unidos frente al terrorismo en Siria crea dudas acerca de si de veras quiere acabar con la criatura que engendró

Estado Islámico
Un miembro del Estado Islámico de Iraq y Siria ondea una bandera tras la instauración del califato | Reuters

Mauricio García |

Pese a enfrentar Rusia una agresión mediática sin precedentes de Estados Unidos y sus principales aliados occidentales por bombardear objetivos en Siria de la organización Estado Islámico (EI), la ofensiva aérea ya cumplió 13 días y prosigue, desmantelando toda la infraestructura terrorista en ese país árabe.

A partir del pasado 30 de septiembre y a petición y con el concurso terrestre y aéreo del legítimo gobierno que encabeza el presidente Bashar al-Assad, Moscú empezó a atacar con gran precisión objetivos del EI, desgastándolo considerablemente.

Apoyándose en ese despliegue ofensivo aeronaval que ha mermado la capacidad combativa del grupo extremista, el ejército sirio lleva a cabo una gran operación terrestre dirigida a eliminar esas bandas y a liberar las poblaciones ocupadas.

El EI no había hecho más que reforzarse en el último año hasta controlar gran parte de los territorios sirio e iraquí, algo que la coalición internacional encabezada por Estados Unidos no pudo impedir en todo ese lapso en el que supuestamente lleva atacando a la formación terrorista.

En lugar de secundar los esfuerzos rusos por acabar con la amenaza terrorista, Estados Unidos ha dejado en claro que continuará apoyando con pertrechos a la oposición armada (Ejército Libre sirio) que lleva cuatro años intentando, sin éxito, y a pesar de la generosa asistencia de Occidente, derrocar al gobierno de al-Assad.

Tras la reunión que sostuvieron en Nueva York los presidentes Vladimir Putin y Barack Obama durante el septuagésimo periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU, y de conversaciones posteriores, sigue sin existir una unión estratégica entre ambas potencias contra el extremismo islámico en el Medio Oriente.

A diferencia de Occidente, en Medio Oriente la religión aún juega un papel predominante en la vida de los pueblos, sostiene Farhang Jahanpour, profesor iraní en la británica Universidad de Oxford.

Los conflictos entre suníes y chiíes, las dos vertientes principales del Islam, obedecen a diversas motivaciones, frecuentemente exacerbadas por sus diferencias en cuanto a la ortodoxia religiosa. Ahora, tras el levantamiento del EI y de otras organizaciones terroristas suníes, todo Medio Oriente está en llamas, precisa.

Y agrega: Nadie debe cometer el error garrafal de suponer que se trata de un movimiento local destinado a desaparecer, o ignorar su influencia sobre multitudes de militantes suníes marginados y desilusionados de las políticas de Occidente.

En razón de su ideología, fanatismo y crueldad, de los territorios ya ocupados y de sus ambiciones regionales y quizás globales, el EI configura la mayor amenaza desde la Segunda Guerra Mundial. Tiene el potencial de cambiar el mapa de Medio Oriente y desafiar los intereses occidentales en el golfo Pérsico o Arábigo, y más allá, señala.

Rusia y Estados Unidos divergen, entre otras cuestiones, respecto de cómo enfrentar esa amenaza y, en particular, la estabilidad en Siria, lo que mantiene en vilo a Europa por la crisis humanitaria creada por la presencia a sus puertas de cientos de miles de refugiados de ese y otros países árabes que huyen de las represalias, los asesinatos en masa y las destrucciones del EI.

La posición norteamericana subordina la eliminación del Emirato Islámico al derrocamiento de al-Assad y como parte de esa estrategia, mientras combate a los que considera terroristas, otorga armas y financiamientos a grupos no menos radicales que tienen por propósito acabar con el gobierno legítimo de Damasco.

Moscú, por el contrario, considera que la clave para detener la amenaza del EI pasa por respetar a las autoridades civiles sirias, que por más de cuatro años han resistido los embates del terrorismo y las estrategias desestabilizadoras de Occidente.

Al respecto, el presidente Putin apuntó a la necesidad de que exista cooperación entre el Ejército Libre Sirio y el Gobierno de Bashar al-Assad, al igual que con Estados Unidos y los principales actores regionales: Irán, Irak, Turquía y Arabia Saudí.

Putin y su ministro de Defensa, Sergéi Shoigú, subrayaron en un comunicado que la cooperación y coordinación de las acciones bélicas en Siria con la coalición internacional es necesaria para la derrota definitiva del autodenominado Estado Islámico.

En esta coyuntura, sin embargo, conserva toda su actualidad la conclusión que hiciera hace un año el politólogo francés Thierry Meyssan desde el sitio Web Red Voltaire.

Meyssan se preguntaba entonces si “Estados Unidos tiene realmente intención de destruir el Emirato Islámico que ayudó a construir y que se le ha ido de las manos, o solo quiere debilitarlo y conservarlo como instrumento político regional”.

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