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El Cobre, Espiritualidad de los cubanos

El santuario de la Virgen de la Caridad caracteriza a las preferencias religiosas en el oriente de la isla

Rafael Mugica |

La región oriental cubana, reconocida en el país y el extranjero por sus montañas y la ubicación en ella de las primeras villas fundadas en la isla, se erige en centro de la espiritualidad de los habitantes del país.

Hacia 1540, la búsqueda desenfrenada de oro en la actual provincia de Santiago de Cuba llevó al hallazgo accidental de un yacimiento de cobre y que figura como uno de los más antiguos del continente americano.

La presencia de ese mineral dio origen a un poblado de igual nombre, donde fue ubicada la Virgen de la Caridad, apellidada de El Cobre por tener su santuario en ese centro urbano.

Cayo de la Virgen, situado en Playa Morales, en la provincial de Holguín, es el lugar por donde entró a Cuba la imagen de la Virgen de la Caridad, luego de ser encontrada flotando sobre las aguas de la Bahía de Nipe, en 1612.

Según la leyenda, fue encontrada por tres jóvenes (dos aborígenes y un esclavo negro) en medio de una tormenta en el mar, colocada sobre una tabla que flotaba y con una leyenda donde figuraba el nombre de Virgen de la Caridad.

Diversas ubicaciones tuvo en los años de su existencia, desde una ermita, la capilla del hospital, una parroquia y el actual santuario, edificado hacia 1927.

La vida del poblado esta relacionada estrechamente con el culto a la Virgen, coronada en enero de 1998 por Su Santidad el Papa Juan Pablo II.

El templo, con una arquitectura sobria, cuenta con una nave central dominada por hermosos vitrales alegóricos a la figura de la Virgen, todo ello complementado con un altar labrado en plata maciza y valiosos objetos ornamentales.

Las numerosas ofrendas figuran como testigos mudos en la Capilla de los Milagros, en una relación que va desde juguetes, joyas, cartas, fotos, premios diversos e incluso medallas de la más variada procedencia.

La propia imagen de la Santa Virgen, colocada en su Camarín, descansa rodeada de flores y esencias, con el niño Jesús en su brazo izquierdo y una cruz en el derecho, en una espera paciente a los fieles que acuden a rendirle tributo y esperan de ella el cumplimiento de las promesas formuladas.

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