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Nada hay definitivo en elecciones griegas

Todo indica a una necesaria coalición para poder gobernar, pero las suspicacias imperan

Elecciones en Grecia
Elecciones en Grecia | Internet

Redacción Central |

El exprimer ministro griego y líder del partido Syriza, Alexis Tsipras, mostraba una ligera ventaja sobre su competidor Evangelos Meimarakis, de Nueva Democracia, pocas horas antes de empezar la jornada electoral adelantada del domingo.

De acuerdo con los más recientes sondeos de intención de voto, que en Grecia es obligatorio, se avizoran unos resultados ajustados en los comicios generales adelantados tras la renuncia de Tsipras el mes pasado.

Las dos principales agrupaciones políticas del país están lejos de alcanzar la mayoría absoluta, aunque sus respectivos candidatos se han comprometido a cumplir con los ajustes económicos que exige el tercero y exigente plan de rescate dictado por los acreedores extranjeros.

En cuanto al tercer lugar, las encuestas arrojan que se decidirá entre los neonazis de Amanecer Dorado, el socialdemócrata Pasok, el centrista To Potami y los comunistas (KKE).

En declaraciones al diario Kathimerini, el exministro de Finanzas Euclides Tsakalotos dijo que ante tales vaticinios, habrá dificultades para formar una coalición de gobierno, al no ver cómo podría trabajar Syriza con Pasok o To Potami, y menos aún con Nueva Democracia.

Pasok y Nueva Democracia, recordó, han construido sus alianzas sociales y su poder político sobre la base de un sistema clientelista y la evasión fiscal.

En su mitin de cierre de campaña, la noche del viernes, Tsipras pidió un “mandato para formar un gobierno estable y fuerte”, capaz de aguantar los cuatro años de la legislatura y poner fin a la inestabilidad de este 2015.

Su principal contrincante, Meimarakis aconsejó a los griegos desconfiar de Syriza, cuyos siete meses de gobierno fueron “un experimento que salió caro”.

Tanto Tsipras como Meimarakis se han comprometido a cumplir con los ajustes fiscales, las privatizaciones y las reformas aparejados a ese rescate acordado con los acreedores internacionales, la UE y el FMI, que ascenderá a unos 86 000 millones de euros a lo largo de tres años.

Tras llegar al poder el 25 de enero con la promesa de poner fin a las políticas de austeridad aplicadas en Grecia desde 2010, y la victoria rotunda del “no” a las condiciones de los acreedores en el referendo del 5 de julio, Tsipras terminó aceptando el rescate el 13 de julio en Bruselas.

Según ha explicado hasta la saciedad desde entonces, no le quedaba otra opción, ante el riesgo real de una salida del euro, a la que se opone una mayoría de griegos, y la presión del cierre de los bancos, como parte de unos controles de capitales instaurados para evitar su derrumbe.

El giro le costó una disidencia dentro de su propio partido, que ahora milita por salir de la “cárcel” del euro, en palabras del greco-argentino Costas Isijos, portavoz del partido Unidad Popular.

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