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Centroamérica y el desafío de ser ruta de droga del sur al norte

El 80 por ciento de la droga que ingresa a Estados Unidos pasa por América Central

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Funcionarios mexicanos transportan droga incautada en un túnel fronterizo con Estados Unidos |

Redacción Central |

En aviones, barcos, túneles o mulas, toneladas de droga cruzan cada año Centroamérica en su camino hacia el norte y dejan a su paso una estela de violencia y pobreza que lastra a la región.

El camino desde los productores hasta los consumidores convierte al istmo en el puente desde donde se distribuye la mayoría del alcaloide del planeta, comenta Daniel Urbino, de Prensa Latina.

Datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc, por sus siglas en inglés) aseguran que en América del Sur se produce casi la totalidad de la cocaína, la cual viaja por disímiles rutas hacia Europa y Estados Unidos.

Según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) el 80 por ciento de la que ingresa a Estados Unidos pasa por Centroamérica.

Los altos niveles de violencia, el blanqueo de dinero, la corrupción y otras actividades ilícitas relacionados con el negocio de las drogas son cuestiones acuciantes para la zona, advirtió esa entidad en un informe.

Carteles, maras y organizaciones criminales transnacionales hinchan hiperbólicamente sus arcas gracias al lucrativo negocio del narcotráfico en el área.

A la vez, cruentas guerras se llevan a cabo entre estos grupos por el control de zonas y rutas, enfrentamientos que llevan al desangre de los valores y las economías en varios de los países de la región.

Existe un grave problema, advirtió el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, al referirse a la migración de sus connacionales, sobre todo de menores sin compañía de adultos, a Estados Unidos.

La génesis, aseguró, es la violencia que provoca el tránsito de la droga por nuestro territorio, la pobreza y la falta de oportunidades.

El país, afirmó, es hoy uno de los principales campos de batalla de una guerra que no es nuestra, que no iniciamos y que involucra a los países consumidores de droga en el norte y a los productores de droga en el sur.

“Somos un territorio de paso y desgraciadamente nos toca poner el campo de batalla y los muertos”, denunció.

Similar situación tienen otras naciones del área.

JIFE hace énfasis sobre todo en la violencia que esta situación genera en las comunidades costeras de Honduras y también en las fronterizas de Guatemala, Belice y México.

Los delitos violentos y el trasiego de estupefacientes representan amenazas serias para el Estado de Derecho y el desarrollo en Centroamérica, agregó Unodc.

Además, el Informe Mundial sobre las Drogas 2015 específica que los grupos delictivos que en el pasado se limitaban al tráfico de un solo tipo de narcótico, en la actualidad se diversifican y contrabandean armas, personas y otras sustancias como la resina de cannabis y metanfetaminas, por ejemplo.

Todo esto en un mundo donde, según estimaciones de las Naciones Unidas, alrededor de 246 millones de individuos consumen estos productos, el equivalente al cinco por ciento de la población mundial de 15 a 64 años de edad.

La amenaza de los carteles, lo saben ya varios países de nuestro continente, es más peligrosa que la que infunde un ejército extranjero, afirmó recientemente el diario hondureño La Tribuna.

Ellos, amplió, operan desde el interior, con diversas modalidades, invocando en su labor destructiva todos los derechos y garantías que ofrecen los estados democráticos.

No existen fórmulas exactas para solucionar este fenómeno.

Las posturas de especialistas, académicos, políticos y actores de la sociedad civil cambian en cada escenario y país, y van desde el peligroso y polémico enfoque de la despenalización hasta el combate militar y frontal contra las estructuras del narco.

El asunto se vuelve espinoso toda vez que cada Estado debe enfrentarse solo a esta problemática y sus enormes ramificaciones sociales.

Por ello, la cooperación es esencial entre las naciones implicadas en la cadena productoras, consumidoras o las que sirven como puentes de unos a otros.

La lucha contra la droga y sus funestas secuelas solo puede tener eficacia en la medida en que se traduce en una responsabilidad colectiva, como colectivos son los convenios internacionales que se firman para combatirla, al menos en el plano formal, expresó La Tribuna en un comentario reciente.

De igual modo, los gobiernos de la región, unos más que otros, deberán acelerar e impulsar el combate a la impunidad y la corrupción mientras sanean instituciones penetradas por el narco, entre las que no faltan los organismos de seguridad encargados de combatir este flagelo. (Redacción Central-Voz del Sandinismo-Agencias de Noticias)

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