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Reagan pidió disculpas a una enojada Thatcher por no consultarle la invasión de Granada

La verdad histórica es que improvisó la invasión a  la pequeña isla de Granada tras el asesinato de Maurice Bishop, lo que le permitió compensar el fiasco que tuvo en el Líbano

Reagan y Thatcher
Thatcher se enojó cuando las tropas estadounidenses invadieron la isla caribeña, parte de la Mancomunidad Británica | BBC

Redacción Central |

Una conversación grabada entre Ronald Reagan y Margaret Thatcher se hizo pública este lunes y en ella el entonces presidente de Estados Unidos pidió perdón a la primera ministra de Reino Unido por no haberle consultado la decisión de la invasión a la pequeña isla caribeña de Granada en 1983, lo que enojó a la “dama de hierro”.

“Sentimos mucho la vergüenza que le hemos causado”, expresó  Reagan a Thatcher por teléfono hace 21 años, aunque de inmediato le dio varias lisonjas.

La excusa utilizada por el gobierno estadounidense para ingresar por la fuerza a Granada fue que su pueblo representaba una “amenaza” a la seguridad de los estadounidenses residentes en el país caribeño debido a “la inestabilidad política”.

Enseguida agregó para efectos de propaganda, que los cubanos construían una pista de aterrizaje en el aeropuerto de Puerto Salinas, para que pudieran aterrizar aviones soviéticos… Y la histeria intervencionista se apoderó de millones de ciudadanos estadounidenses.

“Si estuviera allí contigo, Margaret, arrojaría mi sombrero ante tus pies antes de verte”, afirmó el presidente.

Por su parte, Thatcher le respondió: “No hay necesidad de ello, Ron”.

Reagan le explicó luego que temía que el plan de invasión a Granada fuera filtrado y que “por una razón de uso horario” el gobierno británico no había sido informado al respecto.

El presidente estadounidense, con quien Thatcher mantenía una relación muy estrecha, le aseguró a la llamada “Dama de Hierro”: “Quiero que sepas que no hubo ningún sentimiento de nuestra parte por una supuesta falta de confianza de tu lado. Fue algo de nuestro lado”.

“Supongo que es la primera vez que algo así ocurre desde que soy presidente, cuando un secreto es guardado hasta que ocurre. Pero nuestros militares y planificadores tuvieron solo horas para prepararlo”, se disculpó Reagan en el diálogo telefónico.

“Entiendo sobre estos temas sensibles debido a (la guerra de) las Malvinas. Es por eso que no hablaría por mucho tiempo contigo incluso por el teléfono secreto. Porque incluso esa línea puede ser interferida. Estoy muy al tanto de estas cuestiones sensibles. La acción está ahora en marcha y esperemos que sea exitosa”, agregó la por entonces premier británica.

Y luego subrayó: “Esperemos que se termine pronto, Ron, y que logres restaurar la democracia”.

Pero la verdad histórica es que Reagan improvisó la invasión a Granada para compensar urgentemente el fiasco que tuvo en el Líbano tras un atentado que ocurrió por esos  días, facilitado por una abominable división del movimiento revolucionario en la pequeña isla.

En su política de reconquista de la hegemonía mundial,  Ronald Reagan había decidido intervenir en el Líbano en 1982, pero en abril de 1983 los yihadistas realizaron un atentado contra la embajada norteamericana en Beirut que causó la muerte a más de 50 personas y provocó pánico en las esferas políticas estadounidenses, mientras que el 23 de octubre de ese propio año otro atentado con un vehículo bomba produjo cerca de 250 muertos en el cuartel de los marines de EE.UU. en la capital libanesa, lo que terminó precipitando el retiro de las tropas.

El hecho coyuntural que ocurrió en la Granada con la división del movimiento revolucionario fue como una “taza de oro” para el gobierno de Reagan que necesitaba un  elemento de distracción sobre la sociedad norteamericana y hacer olvidar la catástrofe del Líbano.

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