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España instruyó a torturadores de la dictadura argentina

Documentos secretos revelan el grado de comprometimiento español con Jorge Rafael Videla

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Videla firmando acuerdos de colaboración con el Rey Juan Carlos |

Redacción Central |

Documentos secretos difundidos por el diario digital español Público revelan que al menos 33 militares argentinos acusados como torturadores durante la dictadura argentina de Jorge Rafael Videla realizaron cursos oficiales en España con el visto bueno del gobierno de Adolfo Suárez (1976-1981).

Las pruebas evidencian que pasaron por las instalaciones del ejército español de 1976 a 1983, coincidiendo con el primer Ejecutivo de la democracia española.

Entre ellos estuvo el marino Carlos José Pazo, uno de los torturadores que prestaba funciones en el campo de concentración de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), centro de exterminio de la dictadura argentina.

La formación fue correspondida por parte del gobierno de Suárez con el envío de 14 militares españoles a Buenos Aires.

El intercambio fue confirmado por el Ministerio de Defensa español en 1998 ante un requerimiento de información del entonces juez Baltasar Garzón, en el marco de su investigación sobre los crímenes de lesa humanidad en Argentina.

Según Público, algunos de los militares argentinos que viajaron a España se integraron en la red de espionaje que trataba de controlar en aquellos años a los exiliados argentinos y contrarrestar las denuncias internacionales contra el régimen de Videla.

De acuerdo con los documentos citados por el diario digital, el gobierno de Suárez habría concedido pasaportes y licencias de armas a los diplomáticos argentinos.

El teniente argentino Antonio “Trueno” Pernías, actualmente preso en Buenos Aires por cometer crímenes de lesa humanidad, y su compañero Enrique Scheller, alias “Pingüino”, también fue señalado por algunos sobrevivientes como un sádico torturador.

De 1978 a 1980, ambos individuos formaron parte de la embajada de Argentina en España, donde se dedicaron a perseguir y controlar al numeroso colectivo de refugiados argentinos que vivían en este país.

A pesar de las denuncias que existían en contra no solo de estos dos, sino también de otros más,  el gobierno de Suárez les dio pasaportes y permitió que llevaran revólveres.

El centro de operaciones era la embajada de Madrid y contaba con sucursales en otras ciudades como Barcelona, Bilbao o Cádiz.

En esta nutrida red no sólo participaron los funcionarios de las representaciones en España, sino que también tomaron parte los militares que eran enviados a este país bajo la excusa de realizar “cursos de formación” en instalaciones del ejército y la marina españoles.

Los documentos a los que ha accedido el periódico Público confirman que España y Argentina mantuvieron un estrecho intercambio de policías y militares para la realización de cursos oficiales.

En el marco de esas relaciones, el 23 de septiembre de 1977 el Jefe de la Policía Federal Argentina, una de las fuerzas represivas que secuestraba, torturaba y asesinaba a los militantes antidictatoriales, hizo llegar al gobierno de UCD el plan anual de becas de ese cuerpo.

Por primera vez, la oferta de la dictadura de Videla incluía a miembros de la Guardia Civil y de la Policía y el gobierno de Suárez no rechazaría el ofrecimiento del régimen argentino.

De acuerdo con el listado proporcionado en aquel momento por Defensa, de 1979 a 1983 ocho miembros del ejército español realizaron el curso de inteligencia ofrecido por la dictadura.

Varios de ellos visitaron las instalaciones de la ESMA, el mismo recinto donde funcionaba el campo de concentración.

El entonces comandante Cristóbal Gil y Gil admitiría este extremo frente a Garzón, ante quien tuvo que declarar el 16 de junio de 1998.

Al ser consultado sobre sus visitas a la ESMA, el militar aseguró que había estado allí en tres ocasiones.

El diario Público probó también que durante los casi ocho años de la dictadura de Videla, España y Argentina también fortalecieron las relaciones y se concretaron en acuerdos comerciales millonarios que permitieron mejorar la economía del régimen del dictador argentino.

Entre las figuras políticas del Estado español que los facilitaron destaca el rey Juan Carlos. En julio de 1976, el monarca recibió en su despacho al embajador de Videla en Madrid, el general Leandro Enrique Anaya.

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