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Yo soy africana y el color de la piel no importa

La segregación racial marcó la vida de la escritora sudafricana Nadine Gordimer, la incansable luchadora contra la pobreza y a favor de los derechos humanos

Nadine Gordimer, 1980
Nadine Gordimer, 1980 |

Redacción Central |

“Yo soy africana y el color de la piel no importa”, así decía orgullosa la escritora sudafricana Nadine Gordimer, una de las voces más poderosas contra el apartheid y que defendió en todo momento su compromiso de devolver la dignidad a la población negra de su país.

Hija de inmigrantes judíos de Gran Bretaña y Lituania, Gordimer creció en el poblado de Springs.

Su larga carrera arrancó a la temprana edad de nueve años y con solo 15 publicó su primer cuento para la revista Forum, inspirado en las humillaciones cotidianas que sufrían los negros.

La activista consideraba que tenía el compromiso de contribuir al cambio social en su tierra por lo cual convirtió la denuncia contra el régimen de segregación racial en el gran tema de sus obras.

“Nací allí, me crie en el seno de una comunidad blanca segregada y ya en mi adolescencia vi que algo no funcionaba”, aseguró en una rueda de prensa en Barcelona, en 2007.

Su lucha para lograr una nueva democracia en su país también le generó enemigos y provocó que el Gobierno de entonces prohibiera tres de sus libros: Mundo de extraño, La gente de July y La hija de Burger.

No obstante, la autora de 15 novelas y una docena de relatos cortos nunca abandonó su nación ni su preocupación por los sudafricanos e incluso formó parte del Congreso Nacional Africano y defendió la causa de la liberación de Nelson Mandela, con quien mantuvo una estrecha amistad.

Gordiner conoció al expresidente sudafricano durante su primer juicio y muchos años después tuvo el honor de acompañarlo a recibir el Premio Nobel de la Paz, en Oslo.

De hecho, cuando el legendario político africano fue liberado en 1990 luego de pasar 27 años en la cárcel, Gordimer fue una de las primeras personas con las que quiso reunirse.

“He leído todas las novelas no prohibidas de Nadine Gordimer y he aprendido mucho sobre la sensibilidad de los blancos liberales”, escribió Mandela en su autobiografía.

En 1991, al recibir el Premio Nobel de Literatura, se convirtió en la primera mujer que lo conseguía desde 1966 y en la principal representante contemporánea de las letras sudafricanas.

Miembro honorario de la Academia Americana de las Artes, además fue distinguida con más de 12 doctorados Honoris Causa de las universidades estadounidenses de Yale, Harvard y Columbia; de la británica de Cambridge; la belga de Leuven; y la sudafricana de Ciudad del Cabo.

En sus últimos años, también fue una de las voces del movimiento activista contra el VIH/Sida, haciendo presión y recaudando fondos a favor de la Campaña de Acción por el Tratamiento para proporcionar gratuitamente medicamentos a los que padecen la enfermedad.

La gran dama de la literatura sudafricana nos abandonó este domingo pero su obra permanecerá mientras en el mundo existan causas sociales por las que luchar.

“Tienes una responsabilidad como un ciudadano con tu propia comunidad, con tu país y de hecho, como un ciudadano del mundo. Levantar la voz en la forma en que puedas en contra de la opresión y el racismo”, afirmó al noticiero Primero Noticias, de Televisa.

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