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Líneas rojas y política presidencial

Benjamin Netanyahu se ha convertido en la cabeza visible del sector más reaccionario y guerrerista del lobby judío contra la actual administración de Estados Unidos

Redacción Central |

Benjamin Netanyahu se ha convertido en la cabeza visible del sector más reaccionario y guerrerista del lobby judío contra la actual administración de Estados Unidos

Lawrence Davidson
Rebelión

Se habla mucho de la participación del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en la actual campaña presidencial de EE.UU. Su posición pública ha sido caracterizada como un esfuerzo israelí por “derribar… abiertamente al presidente Obama”. La verdad es que lo único poco usual en esa interferencia es su naturaleza abierta y publicitada. De un modo más discreto la presión sionista que bordea en un chantaje y soborno tiene lugar todos los días.

He escrito en otro lugar sobre este proceso corrompedor que llamo “lobificación”. En breve, opera como sigue:

Primer paso: Un lobista, en este caso alguien del Comité Americano Israel de Asuntos Públicos (AIPÀC), se acerca a representantes o senadores. En algún momento, eso significa que se han acercado a cada uno de ellos: los 435 miembros votantes de la Cámara de Representantes y cada uno de los 100 miembros votantes del Senado. La afiliación partidaria no es un problema en este caso.

Segundo paso: El lobista ofrece organizar la ayuda financiera para la campaña, una cobertura positiva en los medios, informaciones sobre situaciones en Medio Oriente, viajes a Israel, etc.

Tercer paso: Todo lo que se pide a cambio es que el beneficiario vote permanentemente a favor de Israel. En otras palabras, AIPAC quiere que el político entregue parte de su mente al lobby, la parte que podría ejercer un criterio crítico y considerado sobre temas relacionados con Israel.

Cuarto paso: Hay varias consecuencias no expresadas, pero públicamente reconocidas, consecuencias de rechazar la oferta, o alternativamente, de lograr ser elegido por cuenta propia y luego votar del modo equivocado.

1. Si usted se niega, se hará la misma oferta a su oponente tanto en la primaria como al nivel de la elección general.

2. Si es elegido y vota contra Israel, AIPAC hará todo lo posible, tarde o temprano, para lograr que sea derrotado. Tiene un buen historial en el logro de que gente semejante pierda su puesto.

Quinto paso: Si usted se compromete a ese pacto faustiano y es elegido, el lobby se convierte en su socio permanente. Es una presencia constante. Sus agentes están siempre por doquier, evaluando su desempeño, haciendo que sepa que están presentes. Si demuestra que es fiable lo respaldarán de por vida.

El presidente y las líneas rojas

El presidente hizo ese pacto con tanta solidez como la mayoría de los demás políticos en Washington. Se ve cuando afirma y reafirma ese trato frente a las convenciones de AIPAC, cuando se dirige a la Asamblea General de las Naciones Unidas, y en esas raras ocasiones en las que habla con la prensa, y cuando considera que es políticamente necesario. Incluso estuvo dispuesto a degradar la propia convención nacional de su partido para subrayar su lealtad al lobby de Israel.

Pero todo esto no ha sido suficiente. El tema en el cual Obama se ha quedado corto es Irán.
El primer ministro de Israel, Netanyahu, (el deus ex machina del lobby de Israel) insiste en que Irán se prepara a construir armas nucleares, y convierte esa suposición en certidumbre: hay que detener su programa de energía nuclear o colocarlo bajo control internacional. Hay que señalar que, en 2002, Netanyahu hizo incorrectamente la misma acusación contra Irak y que hoy en día, exactamente como en 2002, no existe evidencia real para su afirmación sobre los objetivos de Irán. Todas las agencias de inteligencia de EE.UU. están de acuerdo en que los iraníes no están desarrollando armas nucleares. A pesar de todo, Netanyahu, quien parece propenso a un desorden obsesivo compulsivo cuando se trata de los programas nucleares de otro, exige que Washington fije “líneas rojas” a Teherán que, si son cruzadas, provocarían una acción militar de EE.UU. En otras palabras, sobre la base de temores sionistas infundados, el gobierno israelí trata de maniobrar a EE.UU. hacia una guerra más en Medio Oriente. Dicho sea a su favor, el presidente Obama se ha negado a cumplir con la demanda de “líneas rojas”.

El castigo estándar practicado por el lobby de Israel contra un político estadounidense recalcitrante es tratar de sacarlo de su puesto. Usualmente se hace de un modo de bajo perfil y la mayoría de los estadounidenses ni siquiera se da cuenta de lo que está ocurriendo. Pero esta vez el acto de venganza, impulsado por un egocéntrico y belicoso primer ministro israelí, está siendo realizado a plena vista del público. Algunas de las maneras cómo Netanyahu lo está haciendo son:

1. Netanyahu se ha sumado a MittRomney en la acusación de que Barack Obama es demasiado indulgente hacia Irán y demasiado indiferente hacia un aliado, Israel.

2. Netanyahu ha aceptado que se utilicen su imagen y sus palabras en una campaña flagrantemente falsa y distorsionada que acusa a Obama de ser “acogedor” ante la Hermandad Musulmana.

3. Netanyahu ha afirmado que Obama no tiene “derecho moral” a presionar a Israel para que no ataque a Irán. Lo que no menciona el primer ministro es que un ataque semejante constituiría agresión según el derecho internacional y violaría tratados firmados por EE.UU. e Israel. Bajo esas circunstancias sería inmoral que el presidente Obama no presionara a Israel para que se contenga.

4. Al ser acusado de interferir en la elección presidencial, Netanyahu respondió: “Este no es un tema electoral… Pienso que todos los estadounidenses de todas las tendencias están interesados en detener a Irán”. La parte que dice que se no trata de algo “electoral” es evidentemente insincera. Está bien si Netanyahu quiere tener una opinión sobre supuestos intereses comunes. Sin embargo, si como jefe de un gobierno extranjero, afirma pública y repetidamente esa opinión de maneras que ayudan a un candidato a presidente contra el otro, ciertamente convierte a su persona y su opinión en un “tema electoral”.

Se especula con la hipótesis de que en el caso de que Obama resulte reelegido la conducta indiscreta del primer ministro Netanyahu pueda llevar a un “cambio radical en las relaciones entre EE.UU. e Israel”. Por desgracia, es muy poco probable. El sistema de “lobificación” está firmemente instalado en el ámbito político nacional. Cuando se trata de Israel, solo dos cosas podrían cambiar la situación:

1. Una importante reforma del financiamiento de las campañas electorales que libere a los políticos de su actual dependencia de contribuciones ligadas al lobby.

2. Que la conexión israelí-estadounidense se convierta en un tema electoral que lleve a que el apoyo ciego a Israel afecte la probabilidad de elección de un político.

No parece que ninguna de estas posibilidades sea inminente:

La forma en que se maneja el sistema político de EE.UU. hace que los políticos sean muy vulnerables al poder de los lobbies. El hecho de que haya algunos lobbies por ahí que tienen objetivos decentes y humanos no basta para justificar un sistema que en general hace tanto daño. Por ejemplo, bajo las actuales circunstancias es imposible definir el interés nacional de un modo objetivo. En la situación actual, el interés nacional es reemplazado por los intereses localistas de lobbies que logran sobornar al Congreso y a la Casa Blanca a favor de sionistas que impulsan el apoyo a una potencia extranjera racista y expansionista, de cubanos-estadounidenses que realizan una vendetta de 53 años contra el gobierno en La Habana, de la Asociación Nacional del Rifle que quiere proteger el derecho de cada estadounidense a poseer una metralleta, y de gente semejante.

En gran parte tiene que ver con dinero y cómo se utiliza para manipular a dirigentes y partidos. Hay algo antiguo en esta situación. Cicerón, el senador romano y gran retórico (108 a 43 a.C.) dijo: “Nihil tammunitumquod non expugnari pecunia possit.” Traducido como: “Ninguna fortificación es tan fuerte que no pueda ser sometida por el dinero”. Sigue siendo la regla que rige en la vida de los lobistas.

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