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500+20 ahora hay algo para festejar

Los últimos veinte años en América Latina abren el camino para reparar los daños de los últimos cinco siglos

Redacción Central |

Los últimos veinte años en América Latina abren el camino para reparar los daños de los últimos cinco siglos

Carlos Juliá
ADITAL

El 12 de octubre de este año, se cumplirán 520 años del llamado descubrimiento de América, o del Nuevo Mundo, o de la Conquista de los pueblos originarios, o del comienzo de la esclavitud de esos mismos pueblos, o del primer saqueo de las riquezas de estas tierras para salvar las economías europeas. Lo llamemos como lo llamemos, lo cierto es que veinte años atrás, la España Borbónica se preocupaba por venir a Nuestra América para “festejar” el encuentro de dos civilizaciones, como se dio en llamar por entonces, mediante un gran despliegue de relaciones públicas y publicidad, narrarnos que aquellas formas bárbaras de venir para “civilizarnos”, hoy dirían a democratizarnos, fueron fruto de otros tiempos normales para entonces, que cinco siglos más tarde, ni siquiera valdría la pena recordar.

Eran tiempos según ellos, hace 20 años, de ayudar en los procesos de producción de bienes y servicios para entrar en la era de las nuevas tecnologías. El discurso nos hablaba del “Fin de la Historia”, transitábamos el mayor esplendor de las políticas económicas neoliberales, por entonces los españoles vinieron para ayudarnos y enseñarnos a explotar nuestro petróleo, nuestro gas, nuestra energía, nuestras comunicaciones, nuestros bancos, nuestros transportes y hasta nos ayudaron a destruir nuestras armas estratégicas, no sea cosa que las usáramos mal y el misil Cóndor estallara en un lugar inapropiado para los grandes intereses corporativos transnacionales. Pobre Madre Patria, tanto sacrificio que hizo con YPF, Aerolíneas, Telefónica, Bancos, Aseguradoras y todo tipo de empresas públicas y privadas y les pagamos con tanta ingratitud.

Hace 500 años saquearon nuestras riquezas por la fuerza, cinco siglos más tarde vinieron enmascarados detrás del pirata inglés, como ejecutores del armisticio firmado tras la batalla de Malvinas. Pero les daba vergüenza asumir ese rol o no se atrevían a hacerlo de frente, ante un pueblo que los había ayudado a mitigar el hambre después de la guerra. Le estaban mordiendo la mano a quien le había dado de comer. Por entonces nos llenaron de homenajes, canciones, poesías y hasta monumentos para engalanar nuestras avenidas y dejarlos como mudos testigos de sus gestos de amistad y grandeza para con nuestras naciones. Pero los pueblos siempre son sabios y desde el silencio, los 500 años que debían servir como bisagra de la historia, para olvidar los martirios atroces del pasado, el genocidio más grande de la humanidad, el saqueo del oro y la plata que les permitieron dominar el mundo por siglos, se transformaron en la base de construcción de las nuevas formas de organización y resistencia, para la reconquista y recuperación de nuestra identidad cultural y soberanía económica y política.

Casi sin darnos cuenta, todos aquellos que veníamos levantando nuestras voces de manera individual, desorganizada, sin estructura ni recursos, comenzamos a encontrarnos, a visualizarnos entre nosotros y para que comiencen a vernos los demás. Cuando promediaba la última década del siglo XX, aunque soñábamos no pensamos que estaríamos veinte años más tarde tanto más reunidos y organizados. Poco a poco, paso a paso comenzaron a surgir las luchas de las mujeres, más tarde de las diversas minorías, de las organizaciones de la tierra que se encuentran en Vía Campesina, los que denunciábamos las Deudas Externas impuestas a nuestras naciones, las organizaciones de derechos humanos que habían nacido contra las dictaduras y estaban buscando sus nuevos caminos, para ampliar sus objetivos y profundizar sus acciones; los movimientos ecologistas; los surgidos de las Iglesias, como el Grito de los Excluidos en defensa de los derechos de los pueblos migrantes, y tantos otros. Podríamos encontrar gran cantidad de luchas, gritos que se transforman en organizaciones que crecen, se vuelven independientes de sus lugares de origen, pueden comenzar a reunirse y encontrarse con el nuevo siglo a partir de Porto Alegre. Así el Primer Foro Social fue como el crisol de los nuevos tiempos.

Se necesitaron 20 años para que pudiéramos ver el comienzo del camino a recorrer para la concreción de nuestras luchas. La primavera que viven ahora la mayoría de las naciones de nuestro continente, no es fruto de los gobernantes y funcionarios de hoy, ellos pueden haber visto por donde seguir caminando, pueden ser los mejores en conducirlas y algunos incluso, pueden haber sido parte de las luchas previas, pero podemos estar seguros que sin todos los luchadores anónimos previos y durante las dictaduras, pero también y fundamentalmente, quienes lo hicieron contra el sistema impuesto que recibieron y aceptaron los primeros gobiernos democráticos, los triunfos del presente no hubieran sido posibles, con estos gobernantes, ni con otros parecidos o mejores.

Por eso pensamos que 500 años son demasiado, 20 años marcan el camino y con 30 años más sumaremos los 50 que como señalan las antiguas escrituras, en los años jubilares se necesitaban para reparar los daños y hacer descansar la tierra. Ellos emplearon 500 años para destruirlo casi todo, comenzando por la vida. Nosotros tan solo necesitaremos la décima parte de ese tiempo para detener la destrucción de la Madre Tierra y honrar la vida.

Ayer, a los 500 años afirmábamos que no había nada para festejar. Hoy, veinte años más tarde, desde nuestra América podemos decir que hay algo para festejar. “Festejemos La Esperanza”, por la Nueva América que estamos construyendo, desde las luchas de nuestros pueblos.

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