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Salen a la luz detalles del papel de Estados Unidos en la masacre de Sabra y Chatila

Nuevos esclarecimientos sobre uno de los crímenes más escandalosos de la historia contemporánea

Redacción Central |

Nuevos esclarecimientos sobre uno de los crímenes más escandalosos de la historia contemporánea

Al akhbar

Según documentos israelíes desclasificados recientemente, Israel engañó a Estados Unidos para que creyera que “miles de terroristas” habían permanecido en Beirut tras la expulsión de los combatientes palestinos hace treinta años y proporcionara una cobertura a la masacre en los campos de refugiados de Sabra y Chatila en 1982.

Entre los documentos se incluyen transcripciones literales de reuniones entre altos cargos estadounidenses e israelíes antes y durante los tres días de la masacre dirigida por las milicias cristianas de la Falange Libanesa que dejó unas 2.000 personas muertas, la mayoría de ellas niños, mujeres y personas ancianas.
“[Las transcripciones] revelan que los israelíes engañaron a los diplomáticos estadounidenses acerca de los acontecimientos de Beirut y les presionaron para que aceptaran la falsa afirmación de que había miles de “terroristas” en los campos de refugiados”, informó The New York Times, que obtuvo esta información.
“Lo que es más penoso es que cuando Estados Unidos estaba en una posición de ejercer una fuerte presión diplomática sobre Israel que hubiera podido poner fin a las atrocidades, no lo hizo”, añadió el periódico.

Previamente se había evacuado de Líbano a los combatientes palestinos en un esfuerzo coordinado por Estados Unidos según el cual este país garantizaba la protección de los residentes de los campos, tanto palestinos como libaneses.

El 16 de septiembre de 1982, primer día de la masacre, el enviado estadounidense a Oriente Próximo Morris Draper se reunió con el ministro de Defensa israelí Ariel Sharon, el cual justificó la ocupación israelí de Beirut occidental afirmando que “entre 2.000 y 3.000 terroristas” permanecían en aquella parte de la ciudad.
Según los documentos, Draper, se enfureció al saber que Sharon quería permitir la entrada en Beirut Occidental de las milicias cristianas para erradicar a lo que él afirmaba eran terroristas.
Más tarde aquella noche, empezó a correr la voz en Israel de que estaba teniendo lugar una masacre en Sabra y Chatila.

Según se informó, el vice primer ministro israelí Israeli David Levy señaló: “Sé lo que significa venganza [para las falanges], qué tipo de matanza. Así que nadie creerá que fuimos ahí a poner orden y cargaremos con la culpa”.

Al día siguiente, mientras continuaba la masacre, Draper (que todavía no sabía que los falangistas habían entrado en los campos) se reunió con altos cargos israelíes entre los que se incluía el ministro de Asuntos Exteriores Yitzhak Shamir.

Shamir ya sabía que se estaba produciendo una matanza en los campos, pero no informó al diplomático estadounidense.

Sharon, que también asistía a la reunión, siguió afirmando que había que “limpiar” a los “terroristas” de Beirut occidental.

Cuando Draper pidió que se retiraran inmediatamente las fuerzas israelíes de la zona, Sharon respondió indignado: “No lo entiendo, ¿qué es lo que quiere usted? ¿Quiere que se queden los terroristas? ¿Acaso tiene miedo de que alguien piense que ustedes estaban en connivencia con nosotros? Niéguelo. Nosotros lo negamos”.

Según las transcripciones, Draper siguió insistiendo en que se fueran los israelíes, pero finalmente retrocedió en su postura cuando los israelíes accedieron a una “retirada gradual” para permitir que el ejército libanés entrara en la ciudad.

Sin embargo, los israelíes insistieron en que esperarían 48 horas antes de hacer efectivo este plan.
Draper recordó a los israelíes que Estados Unidos había facilitado la salida de los combatientes palestinos de Beirut para evitar que los israelíes ocuparan Beirut. “Ustedes deberían haberse quedado fuera”, afirmó Draper durante la reunión.

La discusión continuó, pero en última instancia concedió a Israel la cobertura que necesitaba para permitir que los falangistas cristianos siguieran con la matanza en los campos.

Al día siguiente, 18 de septiembre, cuando se conocieron ampliamente los detalles de la matanza, el presidente estadounidense Ronald Reagan expresó su “indignación y revulsión por los asesinatos”.
El secretario de Estado estadounidense George Shults admitió más tarde que su país era parcialmente responsable de la matanza ya que los estadounidenses “les habían tomado la palabra a los israelíes y libaneses”.

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