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¿Qué podría causar otro 11-S?

La escandalosa “lista para matar” que responsabiliza expresamente al presidente de Estados Unidos y el criminal uso de los drones pueden tener el efecto de un terrible boomerang para ese país

Redacción Central |

La escandalosa “lista para matar” que responsabiliza expresamente al presidente de Estados Unidos y el criminal uso de los drones pueden tener el efecto de un terrible boomerang para ese país

Glenn Greenwald
Rebelión

La defensa actual de Obama por parte de Andrew Sullivan se dedica a refutar las críticas de Conor Friedersdorf al programa de drones del Presidente de EE. UU. Dice Sullivan:

“Lo que me frustra de la posición de Conor –y también de la de Greenwald– es que en cierto modo supone que el 11-S no fue así o no puede ocurrir de nuevo, y descarta con mucha ligereza la verdadera responsabilidad del Presidente como comandante en jefe para contrarrestar esos actos de terror masivo”.

Es exactamente lo contrario. Estoy convencido de que es posible otro 11-S. Y el motivo por el que creo que es posible es porque personas como Andrew Sullivan –y George Packer– han pasado la última década vitoreando en público la violencia estadounidense llevada al mundo musulmán y siguen haciéndolo (ahora más que nunca bajo Obama). Lejos de creer que no puede ocurrir otro 11-S, me sorprende que todavía no haya ocurrido, y me siento bastante seguro de que puede ocurrir en algún momento. ¿Cómo puede pretender cualquier persona racional que su gobierno pase toda una década (y suma y sigue) invadiendo, atacando con drones, bombardeando con bombas de racimo, ocupando, deteniendo sin acusación y disparando indiscriminadamente contra niños, mujeres y hombres inocentes en numerosos países, y que sus víctimas y sus compatriotas no estén cada vez más ansiosos de retribuir la violencia?

Basta con recordar a Sullivan, Packer y compañía lo que hizo un único y aislado ataque en territorio estadounidense hace más de una década: el deseo de violencia desencadenado por el ataque de hace 11 años aparentemente es ilimitado en tiempo e intensidad. En vista de la continua búsqueda de violencia de EE. UU. por ese ataque de un solo día, basta imaginar el impacto que los continuos ataques de toda una década deben de causar en las personas a las que invadimos, atacamos con drones, bombardeamos con bombas de racimo, ocupamos, detenemos sin acusación y matamos a tiros indiscriminadamente.

Uno de los numerosos motivos por los que me opongo a la continua agresión de Obama es precisamente que creo que las políticas que apoyan Sullivan y Paker causarán otro 11-S (los otros motivos incluyen la ilegalidad del asunto, el modo de pensar imperial que lo impulsa, las muertes civiles a gran escala, el extremo y misterioso secreto con el que se comete, la erosión de libertades civiles que lo acompaña inevitablemente, las aplicaciones evidentemente criminales de esas armas, el precedente que establece, etc.). Me doy cuenta de que los gritos de “11-S” han sido la manida táctica preferida de los que tratan de justificar el militarismo del gobierno de EE. UU. durante la última década, pero la invocación de ese evento milita fuertemente contra las políticas invocadas para justificarlo, precisamente porque esas políticas son la principal causa de semejantes ataques, por razones obvias.

De hecho, no hay necesidad de “imaginar” nada. Simplemente basta con oír las explicaciones dadas prácticamente por todos los individuos capturados acusados de intentar severos ataques terroristas en suelo estadounidense. El atacante de Times Square, el paquistaní-estadounidense Faisal Shahzad, nacido en Pakistán, cuando lo detuvieron el 3 de mayo en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, a bordo de un vuelo a Dubai, dijo a los agentes que su motivación era la política de EE. UU. respecto al mundo musulmán. Según los funcionarios, una de las primeras cosas que dijo fue: “¿cómo os sentiríais si atacaran EE. UU.? Estáis atacando a Pakistán, un país soberano”. Según un funcionario del mantenimiento del orden, que exigió el anonimato porque los informes de los interrogatorios no son públicos, “en las primeras dos horas habló de su deseo de dar un golpe contra EE. UU. por la causa”.

Cuando el juez federal que sentenció a Shahzad preguntó con disgusto cómo se le ocurrió intentar detonar una bomba sabiendo que podían morir niños inocentes, replicó: “Bueno, los ataques de drones en Afganistán e Irak, no ven niños, no ven a nadie. Matan a mujeres, niños, matan a todos”. Esas declaraciones coinciden con una década de e-mails y otras comunicaciones de Shahzad, mientras despotricaba con creciente furia contra las guerras de Afganistán e Irak, los ataques de drones en Pakistán, la violencia israelí ejercida contra los palestinos y contra los musulmanes en general, Guantánamo y la tortura, y preguntaba: “Podéis decirme una manera de salvar a los oprimidos? ¿Y una manera de reaccionar cuando nos disparan cohetes y fluye la sangre de musulmanes?

Najibullah Zazi, uno de los primeros afganos acusado de terrorismo en suelo estadounidense cuando conspiró para detonar bombas en el sistema de metro de Nueva York, se radicalizó debido a que EE. UU. ocupó su país. (“Es el pago por las atrocidades que cometéis”, dijo). Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP) dijo expresamente que el intento de Umar Farouk Abdulmutallab de hacer explotar una bomba el día de Navidad fue en represalia del ataque aéreo de Obama con bombas de racimo en Yemen que mató a docenas de mujeres y niños junto con el apoyo de EE. UU. al dictador yemení. El tirador de Fort Hood, Nidal Hassan, estaba motivado por “los asesinatos de musulmanes en Irak y Afganistán”.

Anwar Awlaki fue otrora tan moderado que denunció vehementemente los ataques del 11-S, fue invitado a hablar en el Pentágono y dirigió una columna sobre el Islam en The Washington Post, pero luego se radicalizó debido a las constantes matanzas de musulmanes tras 11-S por parte de su país (EE. UU.). David Rohe, el experiodista del New York Times que fue rehén de los talibanes durante nueve meses, dijo después de su liberación que los “comandantes talibanes se concentraban en las muertes de civiles afganos, iraquíes y palestinos en los ataques aéreos, así como en la detención por parte de EE. UU. de prisioneros musulmanes que han sido retenidos durante años sin acusación”.

Incluso The Washington Post señaló hace solo dos semanas que la fuente primordial de fuerza de AQAP –el grupo terrorista que el gobierno de EE. UU. insiste en que es la mayor amenaza para EE. UU.– son los repetidos ataques de drones estadounidenses en Yemen; dice The Post: “Una escalada de la campaña de ataques de drones de EE. UU. provoca una simpatía creciente hacia los militantes vinculados a al Qaeda e impulsa a miembros de las tribus a unirse a una red de complots terroristas contra EE. UU.” A finales de 2009 –hace casi tres años– The New York Times señaló exactamente lo mismo al citar a un funcionario después del ataque de Obama con bombas de racimo que mató a civiles (“El problema es que la participación de EE. UU. fomenta la simpatía hacia al Qaeda”). Incluso Sullivan reconoce: “parece haber un peligro, especialmente en Yemen, de que los drones pueden estar concentrando la atención de los islamistas lejos de su propio gobierno y contra el nuestro”.

En otras palabras, precisamente las políticas adoradas por Sullivan y Packer son exactamente las que hacen que sea tan probable otro 11-S. Andar gritando “11-S” a los que critican a Obama para justificar la continua violencia estadounidense en el mundo musulmán es como andar gritando “cáncer del pulmón” para justificar el tabaquismo empedernido. Los que nos oponemos a la agresión estadounidense en el mundo musulmán no necesitamos recuerdos manipuladores que exploten el 11-S; aquéllos que vitorean esas políticas son los que hacen que un nuevo ataque sea cada vez más probable.

Antes del 11-S, por cierto, EE. UU. pasó décadas fortaleciendo dictadores en esa parte del mundo, derrocando a los dirigentes elegidos democráticamente, imponiendo devastadoras sanciones que mataron –literalmente– a millones de niños musulmanes y justificándolo después como si fuera el problema más insignificante del mundo; armando, financiando y protegiendo diplomáticamente la continua agresión israelí, interfiriendo de otras maneras y dominando los países. Existe un motivo por el cual decidieron atacar a EE. UU. y no, por ejemplo, a Perú, Sudáfrica, Finlandia, Brasil, Japón, Portugal o China. No es porque “los terroristas” pusieron los nombres de todos los países en un sombrero y –por mala suerte para nosotros– sacaron por casualidad un trozo de papel en el que ponía “EE. UU.”

Es porque EE. UU. ha estado y sigue estando guiado por el modo de pensar imperial que lleva a Andrew Sullivan, George Packer y gente como ellos a vitorear y vitorear pidiendo violencia estadounidense y otras formas de coerción en esa parte del mundo, violencia y coerción que serían los primeros en denunciar y exigirían una guerra como reacción si el objeto fuera EE. UU. en lugar de ser al revés. Quer por cierto es como reaccionaron -y siguen reaccionando- desde hace una década ante un único ataque en suelo estadounidense.

A la luz de lo que antecede, ni siquiera logro concebir la rabia descontrolada, la furia arrogante y el deseo de violencia en la que se estarían ahogando si esos ataques no hubieran durado un solo día sino toda una década, si vieran constantemente en la televisión imágenes de niños estadounidenses muertos, de bodas estadounidenses carbonizadas y de miles de estadounidenses encarcelados durante años en jaulas en una distante prisión junto al océano sin acusaciones y con drones armados que volaran constantemente sobre suelo estadounidense y si quedaran bombas de racimo sin estallar sobre suelo estadounidense que estallan cuando los niños estadounidenses las encuentran.

Aunque no puedo concebir la furia que produciría en gente como Sullivan y Packer una década de ese tipo de violencia en suelo estadounidense, deberían pasar un rato intentando imaginarla. Tal vez entonces comprenderían cuánto están haciendo ellos –y el Presidente cuya política exterior veneran– por causar “otro 11-S” con la continua violencia que apoyan con tanto entusiasmo.

En una nota relacionada, un club del Partido Demócrata creó recientemente una web para alardear de todos los maravillosos logros del presidente Obama. Como señalan Charles Davis y Reason, la mitad de esos “logros” son cadáveres. Lo que sigue, señoras y señores, es vuestro Partido Demócrata en la Era de Obama:

No tengo la menor idea de las personas a las que sigue matando mi Presidente -nunca oí hablar de casi ninguno de ellos– pero voy a suponer tranquilamente que son TERRORISTAS y por lo tanto me pondré de pie y aclamaré cuando sus vidas terminen.

¿Por qué nos odian?

ACTUALIZACIÓN: Un nuevo sondeo de Pew Research Center establece que “En todo el mundo se oponen ampliamente al creciente uso de ataques de drones sin tripulación por parte del gobierno de Obama para matar a presuntos terroristas”; en particular: “en 17 de 21 países encuestados más de la mitad de la gente desaprueba los ataques de drones de EE. UU.”

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