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La sorprendente historia de un Premio Pulitzer que es un indocumentado en EE.UU.

Estoy cansado de huir después de 18 años viviendo en Estados Unidos, dijo refiriéndose al peligro de expulsión a pesar de sus reconocidos laureles

José Antonio Vargas
El caso sorprende aunque nada en Estados Unidos puede sorprender y mucho menos en la actual situación donde una oleada represiva se encarga de expulsar y maltratar a todo indocumentado más allá de sus méritos personales o laborales. | Internet

Redacción Central |

Estoy cansado de huir después de 18 años viviendo en Estados Unidos, dijo refiriéndose al peligro de expulsión a pesar de sus reconocidos laureles

El caso sorprende aunque nada en Estados Unidos puede sorprender y mucho menos en la actual situación donde una oleada represiva se encarga de expulsar y maltratar a todo indocumentado más allá de sus méritos personales o laborales.

Así es que 18 años después de su llegada a Estados Unidos y cuatro después de ganar el premio Pulitzer, el periodista filipino José Antonio Vargas se atrevió a confesar públicamente  lo que lleva ocultando todo este tiempo: que es un inmigrante sin papeles, algo imperdonable para el gobierno de Estados Unidos.

“Estoy cansado de huir. Estoy agotado. Ya no quiero esa vida”, escribe Vargas en un extenso artículo que hoy publica el diario “The New York Times”, titulado “Mi vida como un inmigrante indocumentado”.

Vargas, que compartió el Pulitzer en 2007 por su cobertura del tiroteo en la Universidad de Virginia Tech ese año, se ha labrado una meteórica carrera como periodista gracias a documentos personales falsos, según confiesa en el artículo.

Un carné de conducir obtenido gracias a elaboradas mentiras le permitió entrar como becario en el “Washington Post” en 2003, y continuar su carrera más tarde en el “Huffington Post”.

“Ese permiso caducaba el día de mi 30 cumpleaños, el 3 de febrero de 2011. Tenía ocho años para lograr éxito profesional, y confiar en que algún tipo de reforma migratoria se aprobara mientras tanto y me permitiera quedarme. Parecía que tenía todo el tiempo del mundo”, relata el periodista.

Pero no pensó en que las autoridades migratorias son irreductibles y capaces de expulsar del país hasta  a personas obligadas a partir sin siquiera viajar con sus hijos que tienen nacionalidad estadounidense.

A principios de este año, cuando la fecha se acercaba, logró un nuevo permiso de conducir del estado de Washington, válido hasta 2016.

“Esto me daba cinco años más de identificación aceptable, pero también cinco más de miedo, de mentir a gente a la que respeto y a instituciones que confían en mí, de huir de quien soy”, dice Vargas, que reconoce que esa fue la razón por la que dejó el año pasado el “Huffington Post”, y no por escribir un libro, como había dicho.

La historia de Vargas como indocumentado comenzó en 1993, cuando su madre le llevó al aeropuerto de Manila, le presentó a un desconocido y le dijo que se trataba de su tío.

“Si alguien preguntaba por  qué iba a América, tenía que decir que iba a ir a Disneylandia”, recuerda.

En realidad, se dirigía a Mountain View, cerca de San Francisco para vivir con sus abuelos, con la promesa, que nunca se cumplió, de que su madre se encontraría con él en unos meses.

El joven Vargas no se dio cuenta de su situación ilegal hasta cuatro años más tarde, cuando trató de sacarse el carné de conducir y un agente de California le dijo que su “tarjeta verde”, que otorga el permiso de residencia, era falsa.

“Entonces decidí que nunca debía dar a nadie una razón para dudar de que era estadounidense. Me convencí a mí mismo de que si trabajaba lo suficiente, si conseguía suficientes cosas, se me recompensaría con la ciudadanía. Sentía que podía ganármela”, indica.

“Pero sigo siendo un inmigrante indocumentado. Y eso significa vivir en una realidad diferente. Significa pasar cada día con miedo de ser descubierto. Significa no contar casi nunca a nadie, ni siquiera en aquellos más cercanos, quién soy realmente”, agrega, en un reconocimiento tácito del tipo de sociedad en que vive.

En una entrevista con la cadena ABC, el periodista aseguró hoy que ha decidido contar la verdad “para luchar por los derechos de los inmigrantes y por el Dream Act”, un proyecto de ley estancado en el Congreso que legalizaría a los jóvenes que llegaron a EE.UU con menos de 16 años y desean estudiar o ingresar en el Ejército.

“Veía en la televisión a esos estudiantes marchando desde Miami hasta Washington, y pensaba: José, tienes que hacer algo”, afirma.

Vargas, que ha lanzado una página web titulada “Define estadounidense “, es consciente de que podría ser deportado.

“No sé cuáles serán las consecuencias de contar mi historia”, admite tras contar una historia que podría llamarse la de un indocumentado especial.

(Redacción La Voz del Sandinismo- Agencias)

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