También millones de desplazados, destrucción y enfermedades para el pueblo
Después de siete años del inicio de la invasión a ese país, Estados Unidos anunció con gran fanfarria que se retira de Iraq, lo cual es una falsa información, pues allí permanecerán 50 mil soldados norteamericanos y muchos miles de los llamados contratistas de la misma nacionalidad que no resultan otra cosa que paramilitares al servicio de Washington especialmente para trabajos sucios.
Ese contingente de tropas especiales garantizaría a EE.UU. un plan de intervención inmediato para asumir el control de sus intereses como el petróleo iraquí del cual se apoderaron las compañías estadounidenses y su presencia estratégica en un país clave para el Gobierno.
Como complemento, los norteamericanos han instalado bases militares en el Norte, Centro y Sur del país para asegurar su dominio militar en esa región.
En tanto, el primer ministro de Irak, Nuri Al Maliki, dijo este este martes que el país es soberano e independiente y capaz de garantizar su propia seguridad, algo sobre lo que pesa un espeso velo de dudas
"Iraquíes, tenéis una cita con una nueva fiesta nacional en la que recuperáis la soberanía de vuestro país y dibujáis su futuro con vuestra manos. Irak hoy es soberano e independiente ", expresó Al Maliki en un discurso dirigido a la nación.
A ese respecto, el portavoz del ministerio iraní de Relaciones Exteriores, Ramin Mehmanparast, país vecino de Irak, declaró que la presencia masiva de esas tropas bajo diferentes pretextos es inaceptable.
La invasión en Irak ha dejado un Estado y una sociedad destruidos, con un saldo lamentable de dos millones de iraquíes muertos, al menos cinco millones de desplazados, millones de niños y mujeres desprotegidos.
Aunado a esta realidad, el panorama sanitario es menos alentador con enfermedades como el cólera, el aumento de varios tipos de cáncer y de malformaciones en la población iraquí tras la invasión por la intensa contaminación a causa de uranio empobrecido y fósforo blanco, elementos empleados por las tropas estadounidenses como armas, cuyos efectos tardarán años en eliminarse, según un informe del Colectivo de Investigación sobre las Armas Radioactivas (CIAR).
En marzo de 2003, el ex presidente George W. Bush, con el apoyo de varios países aliados, tomó la controversial decisión de invadir Irak, con la excusa de la tenencia por parte del Gobierno de Sadam Hussein de armas de destrucción masivas. Desde entonces, más de un millón de militares estadounidenses han sido desplegados en ese país, de los cuales cuatro mil 400 han muerto, mientras que las supuestas armas en poder de Hussein nunca fueron encontradas.
Es un balance catastrófico del cual s{olo sacaron beneficios los negociantes norteamericanos que se apoderaron de las riquezas petroleras y otras iraquíes y los políticos que se apoyaron en las armas estadounidenses para controlar el poder en esa nación, la cual aún no conoce la verdadera paz.