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Papa invitó a todos a abandonar el camino de la violencia

Condición indispensable para la paz, es administrar con justicia y sabiduría los recursos naturales de la Tierra, afirmó. La paz empieza al reconocer en el otro a un hermano, añadió “Todos somos responsables de la protección y del cuidado de lo creado”, señaló al referirse al medio ambiente

Papa Benedicto XVI
Papa invitó a todos a abandonar el camino de la violencia. | Reuters

Redacción Central |

» Condición indispensable para la paz, es administrar con justicia y sabiduría los recursos naturales de la Tierra, afirmó.
» La paz empieza al reconocer en el otro a un hermano, añadió
» “Todos somos responsables de la protección y del cuidado de lo creado”, señaló al referirse al medio ambiente

El Papa Benedicto XVI invitó a  todos a dejar la violencia, este viernes antes de rezar el primer Ángelus del año desde su ventana ante miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro.

En su mensaje del primer dìa del año dirigió un llamado a las conciencias de todos y agregó: “A todos y a cada uno digo: ¡deteneos, reflexionad y abandonad el camino de la violencia!”

“En un primer momento, este paso os podrá parecer imposible, pero, si tenéis la valentía de cumplirlos, Dios os ayudará, y sentiréis volver a vuestros corazones la alegría de la paz, que quizás desde hace tiempo habéis olvidado”, continuó.

Y añadió: “Encomiendo este llamamiento a la intercesión de la Santísima Madre de Dios, María”.

El Papa destacó la necesidad de respetar la creación y la vida humana. “Si debemos cuidar las criaturas que nos rodean, ¡qué consideración deberemos tener con las personas, nuestros hermanos y hermanas! ¡Qué respeto por la vida humana!”, exclamó.

También abordó la necesidad de custodiar lo creado para cultivar la paz, tema del Mensaje del Papa para la XLIII Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el primer día del año.

“Un objetivo compartido por todos, condición indispensable para la paz, es el de administrar con justicia y sabiduría los recursos naturales de la Tierra”, constató.

Recordó que al escribir el Mensaje de esta Jornada, se estaba celebrando la cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno sobre el clima en Copenhague, “donde ha emergido una vez más la urgencia de directrices acordadas en el ámbito mundial”.

Pero añadió que en este primer día del año quería destacar que “todos somos responsables de la protección y del cuidado de lo creado”, así como “la importancia que, en la tutela del medio ambiente, tienen también las elecciones de cada uno, de las familias y de las administraciones locales”.

“Por ello, también en este campo, es fundamental la educación: para aprender a respetar la naturaleza; orientarse cada vez más “a construir la paz a partir de opciones de gran calado en el ámbito personal, familiar, comunitario y político”, dijo, citando el Mensaje.

El Papa concluyó compartiendo sus esperanzas para este año: “A todos auguro que el año que acaba de comenzar sea un tiempo en el que, con la ayuda del Señor, podamos encontrar a Cristo y la voluntad de Dios y así también mejorar nuestra casa común que es el mundo”.

Durante la Misa de la solemnidad de María Santísima Madre de Dios,  el Papa indicó  que la paz empieza reconociendo en el rostro del otro a una persona, a un hermano, lo cual sólo es posible si se tiene a Dios en el corazón

“Meditar sobre el misterio del rostro de Dios y del hombre es una vía privilegiada que conduce a la paz”, indicó.

“Ésta, de hecho, comienza por una mirada respetuosa, que reconoce en el rostro del otro a una persona, cualquiera que sea el color de su piel, su nacionalidad, su lengua, su religión”, añadió.

Seguidamente, preguntó: “¿Pero quién, si no Dios, puede garantizar, por así decirlo, la “profundidad” del rostro del hombre?”

Y explicó: “En realidad, sólo si tenemos a Dios en el corazón, estamos en condiciones de detectar en el rostro del otro a un hermano de humanidad, no un medio sino un fin, no un rival o un enemigo, sino otro yo, una faceta del infinito misterio del ser humano”.

Según Benedicto XVI, “nuestra percepción del mundo y, en particular, de nuestros similares, depende esencialmente de la presencia en nosotros del Espíritu de Dios”.

“Es una especie de “resonancia” -explicó-: quien tiene el corazón vacío, no percibe más que imágenes planas, privadas de espesor”.

“En cambio, cuanto más estemos habitados por Dios, seremos también más sensibles a su presencia en lo que nos rodea: en todas las criaturas, y especialmente en las otras personas, aunque a veces el rostro humano, marcado por la dureza de la vida y del mal, pueda resultar difícil de apreciar y de acoger como epifanía de Dios”, afirmó.

“Con mayor razón, por tanto, para reconocernos y respetarnos como realmente somos, es decir, como hermanos, necesitamos referirnos al rostro de un Padre común, que nos ama a todos, a pesar de nuestros límites y nuestros errores”, añadió.

El primer día del año empezó muy temprano para los miles de fieles en Roma que asistieron a la Misa en San Pedro.

Desde las ocho de la mañana, las cercanías a San Pedro estaban llenas de peregrinos esperando iniciar la segunda década del siglo XXI en compañía del Santo Padre.

Con las melodías de la Salve mater misericordiae entonadas por los integrantes del coro de la Capilla Sixtina, comenzó la entrada del pontífice y sus colaboradores a la Basílica.

En la oración de los fieles, los peregrinos hicieron las peticiones en portugués, chino, polaco y alemán, como muestra de la universalidad de la Iglesia.

En el momento del ofertorio, algunos niños llevaron las ofrendas al altar para presentarlas ante el Santo Padre.

Esta parte de la celebración eucarística en la primera misa del año tiene una connotación especial porque representa también los buenos propósitos para el año civil que empieza el primero de enero.

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