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Masiva marcha antigolpista nuevamente en calles de Tegucigalpa

Miles de personas recorrieron calles rincipales de la capital reclamando la salida del poder del gobierno de facto, mientras continuaba grave un manifestantes que recibió un balaza en la cabeza en la reprimida protesta del pasado jueves

Honduras
Masiva marcha antigolpista nuevamente en calles de Tegucigalpa | Reuters

Redacción Central |

Miles de personas recorrieron calles rincipales de la capital  reclamando la salida del poder del gobierno de facto, mientras continuaba grave un manifestantes que recibió un balaza en la cabeza en la reprimida protesta del pasado jueves

El pueblo hondureño salió nuevamenta a las calles este viernes en una masiva marcha  de rotesta contra la permanencia en el poder de los golpistas y por la represión ejercida la víspera por soldados y policías, que mantiene en estado grave a un hombre tras recibir un balazo en la cabeza.

“No importa que la policía nos caiga encima, seguimos en las calles con nuestra lucha (…) es la resistencia contra el golpe”, dijo el dirigente Juan Barahona, quien estuvo detenido por la policía el jueves durante algunas horas.

La  esposa del presidente Manuel Zelaya encabezó el mitin del viernes y pidió a los participantes que no cesaran en su esfuerzo por lograr el retorno del mandatario, quien se encuentra en la vecina Nicaragua.

“No nos desanimemos, el presidente legítimo de Honduras regresará al poder”, dijo Xiomara Castro ante la multitud que ondeaba banderas rojiblancas del Partido Liberal de Zelaya y banderas azul y blanco de Honduras.

Al dirigirse a los miles de compatriotas participantes en el acto de protesta, la esposa de Zelaya, aseguró que los golpistas se equivocaron porque creyeron que cuanto más reprimieran, golpearan y dispararan, el pueblo iba a atemorizarse, a esconderse.

Sin embargo, ilustró, hoy vemos la cantidad de personas que están desfilando aquí, porque la patria es nuestra, de todos los hondureños.

Ni los militares ni el gobierno de facto, advirtió, entienden que cuando el pueblo siente que le quitan sus derechos, sale a las calles a luchar.

La manifestación era vigilada por policías y militares, que tenían escudos, cascos y equipos antimotines y acordonaron la zona a unos 400 metros de la casa presidencial.

Por otra parte, en la zona  de El Silín, cientos de pobladores continuaron bloqueando carreteras también en demanda de castigo para los ejecutores de la asonada efectuada el pasado 28 de junio.

“Estamos luchando porque regrese el presidente Manuel Zelaya, de lo contrario no salimos de aquí”, sentenció este viernes el dirigente campesino Merlin Morales, uno de los  protestantes.

Aunque la lucha por el retorno de Zelaya al poder se concentra en Las Manos, en Nicaragua, en la frontera con Honduras, desde donde el mandatario trata de ingresar a territorio hondureño, sus seguidores mantienen bloqueos en varias zonas del país, como en Guadalupe Carney, remota comunidad 600 km al noreste de Tegucigalpa.

“De aquí nadie nos saca. Aquí no se respeta el toque de queda. La lucha sigue”, declaró a la AFP Morales, activista de la Central Nacional de Trabajadores del Campo, apostado en la carretera troncal entre la ciudad industrial de Tocoa y el puerto de Trujillo.

La comunidad, de cinco mil  habitantes, está ubicada en el departamento de Colón, en la zona de El Silín, donde en 1982 operó el Centro Regional de Entrenamiento Regional (CREM), escuela que estuvo a cargo de boinas verdes estadounidenses para entrenar contrainsurgentes en la época de la guerra fría.

La localidad tiene su historia combativa. Lleva el nombre de Carney, un sacerdote jesuita estadounidense que fue expulsado de Honduras e ingresó luego como capellán de una columna guerrillera a las montañas orientales procedente de Nicaragua en julio de 1984.

La columna fue exterminada por una fuerza combinada de militares hondureños y estadounidenses..

“La comunidad encarna la lucha del padre Guadalupe porque los campesinos ocuparon la tierra y con toda la amenaza de las autoridades y de los terratenientes de la zona han sabido mantenerlas”, destacó Rafael Alegría, dirigente agrícola.

Para instalar el CREM, que funcionó dos años, las autoridades hondureñas expropiaron 4.000 hectáreas a un puertorriqueño, quien en los años 90 presentó reclamo en Estados Unidos y debió ser indemnizado por el gobierno de Honduras.

Al adquirirlas el gobierno entregó tierras a los 5.000 pobladores, pero una parte fue vendida a terratenientes por el equivalente de 1,50 dólares la manzana, lo que generó la protesta de los campesinos.

El gobierno de Zelaya indemnizó a los terratenientes para que entregaran la tierra a los lugareños pero la confrontación ha continuado, incluso con hechos de violencia.

“Luchamos porque regrese el hombre (Zelaya), fue el único que nos ayudó y de aquí no salimos mientras no regrese”, advirtió Morales.

El activista denunció que efectivos militares de la Fuerza Naval, con asiento en Trujillo, amenazaron con desalojarlos de la vía por presiones de los miembros de la Cámara de Comercio, pero insistió en que resistirán, como lo hicieron en las otras luchas.

Apoyados por vecinos que les abastecen de alimentos, maestros, médicos y miembros de otras organizaciones, especialmente de derechos humanos y mujeres, se rotan por grupos en turnos de seis horas para bloquear la calle con piedras, palos y la bandera de Honduras, algo que hacen desde el mismo día del golpe de Estado.

El régimen de facto en Honduras incrementó las medidas represivas al anunciar este viernes descuentos salariales para los trabajadores que participen en las marchas contra el golpe de Estado.

La junta que usurpó el poder el 28 de junio desplegó inspectores en escuelas, institutos y otros centros laborales a fin de verificar que se cumpla con la reducción del sueldo a los manifestantes.

La decisión es impedir a los administradores de cualquier institución pagar los salarios completos a quienes se ausentan de sus centros, advirtió el presidente del Tribunal Superior de Cuentas, Moisés López.

El objetivo de la medida es tratar de contener las marchas, tomas de carreteras y otras demostraciones pacíficas del pueblo en contra de los golpistas y en demanda del retorno a la institucionalidad.

El régimen de facto alienta, sin embargo, las manifestaciones a su favor y hay empresas afines a los golpistas que pagan todo su sueldo a los trabajadores para que apoyen a la dictadura.

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