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Centroamérica en la mira de Estados Unidos

La presencia de militares estadounidense en América Latina, en cualquiera de sus variantes, representa una amenaza de invasión silenciosa

Redacción Central |

La presencia de militares estadounidense en América Latina, en cualquiera de sus variantes, representa una amenaza de invasión silenciosa

La guerra terminó en Centroamérica hace más de una década y las guerrillas contra las cuales Estados Unidos luchó firmaron la paz con los gobiernos y se convirtieron en partidos, pero el interés militar por el área perdura en Washington.

Y como dijo una vez con acierto la periodista Estela Calloni: la presencia de militares estadounidense en América Latina, en cualquiera de sus variantes, representa una amenaza de invasión silenciosa.

Estudiosos del tema aseguran que la administración norteamericana regresa en una actitud denominada la militarización contra las drogas, oportunidad para movilizar por toda Centroamérica a soldados de Estados Unidos, principal consumidor mundial de enervantes.

En aguas de Costa Rica desembarcan semanalmente naves del servicio de guardacostas norteamericano con el fin de apresar a narcotraficantes, mientras que Guatemala viajan helicópteros estadounidenses para interceptar a contrabandistas.

Recientemente, la Asamblea Legislativa de El Salvador votó a favor de una medida que permite a pilotos norteamericanos despegar aviones espías antidrogas desde la base de Comalapa.

Hasta el momento, los resultados han sido tan modestos como la inversión de Washington, equivalente a 4.3 millones de dólares de ayuda militar para la lucha contra el flagelo en Centroamérica.

Entre el 21 y 26 de junio de 2007, con el pretexto de repeler supuestos ataques de la red Al Qaeda, ejércitos de 20 países latinoamericanos y Estados Unidos realizaron en Honduras las llamadas Operaciones Especiales.

Altos oficiales de las Fuerzas Armadas hondureñas explicaron en conferencia de prensa que las estrategias incluyeron instrucciones acuáticas, aéreas y de tiro, auspiciadas por la Casa Blanca.

Según el general José Ordoñez, miembro del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas hondureñas, cada nación participó con un equipo de siete competidores, los cuales demostraron sus habilidades en acciones especiales y tácticas.

Además se ejercitaron técnicas usadas en la guerra contra el terrorismo, respuestas médicas ante contingencias, patrullaje, mantenimiento de embarcaciones, todas bajo el mencionado pretexto.

Las maniobras agruparon huestes de Nicaragua, Costa Rica, El Salvador, Bolivia, Guatemala, Honduras, Panamá, República Dominicana y Jamaica.

Intervinieron también fuerzas de Ecuador, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos, Paraguay, Perú y Uruguay, expresó Ordoñez.

Los ejercicios se desarrollaron en la sede del Batallón Fuerzas Especiales, unidad élite de las Fuerzas Armadas hondureñas, lugar en el cual durante la década de los años 80 se formaron grupos contrainsurgentes.

El gobierno estadounidense repite el discurso político de fortalecer el dispositivo militar en Centroamérica a fin de sobredimensionar el peligro representado por el terrorismo, según advierten analistas.

Ya se conoce el interés perseguido por esa administración con las maniobras: recopilar información sobre el país o región en que se realizan, su población, recursos naturales y biodiversidad, de acuerdo con denuncias de organizaciones no gubernamentales de la región.

Con el pretexto del combate al narcotráfico y al terrorismo, la Casa Blanca mantiene desplegada en Honduras la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo, encargada de efectuar operaciones militares y cívicas de conjunto con las Fuerzas Armadas nacionales.

Esta última tiene 500 efectivos y docenas de helicópteros. Radica en la Base Aérea de Palmerola, 75 kilómetros al norte de Tegucigalpa, donde funciona una academia de aviación construida el pasado siglo a petición de Washington para acabar con los sandinistas nicaragüenses.

Actualmente, Washington explora con las autoridades hondureñas la posibilidad de aumentar su presencia e instalaciones permanentes en la nación centroamericana.

El ministro de Defensa Arístides Mejías reiteró ante la prensa que se estudia la creación de facilidades en zonas de La Mosquitia, Pacífico, y La Ceiba, Caribe, para propiciar las operaciones militares de Estados Unidos.

La idea prevé que el gobierno extranjero pueda usar las aguas territoriales y desplazarse libremente por largos períodos sin necesidad de tocar tierra.

Permitirá que aeronaves estadounidenses asignadas para misiones en Centroamérica empleen en sus controles de tráfico aéreo y naval las bases hondureñas y equipos necesarios como radares.

Sobre el asunto, el embajador estadounidense en Tegucigalpa, Charles Ford, informó que su país entregará a Honduras en los venideros meses ocho aviones y cuatro lanchas rápidas por concepto de ayuda militar.

Culminó su intervención con una paradójica aclaración: los aviones no pueden ser artillados, porque no son de combate, y servirán sólo en la lucha contra el narcotráfico y campañas de control y prevención de incendios .

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