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Iraq sin sanidad

“Cuatro años después de su inicio, ha quedado más claro que nunca que la guerra y la ocupación de Iraq liderada por EEUU ha tenido como resultado para los iraquíes un desastre a gran escala de la sanidad pública. Invertir la tendencia actual de las condiciones sanitarias absolutamente deterioradas requiere primero, y más importante, el fin de la ocupación.”

Redacción Central |

“Cuatro años después de su inicio, ha quedado más claro que nunca que la guerra y la ocupación de Iraq liderada por EEUU ha tenido como resultado para los iraquíes un desastre a gran escala de la sanidad pública. Invertir la tendencia actual de las condiciones sanitarias absolutamente deterioradas requiere primero, y más importante, el fin de la ocupación.”

La situación sanitaria de Iraq, tras cuatro años de ocupación, es peor que desastrosa. Según Joseph Chamie, ex director del Departamento de Población de Naciones Unidas, y un especialista en Iraq, el nivel de la sanidad en el país se ha deteriorado hasta un grado que no se veía desde la década de 1950.

La situación sanitaria de un pueblo se determina más que por el acceso a la sanidad, por factores sociales, económicos y medioambientales.

No es sorprendente que todos esos factores se hayan deteriorado a lo largo de la ocupación.

Un reciente estudio financiado por el Programa de Naciones Unidas para la Población (PNUD) revela que un tercio de los iraquíes vive en la po breza, y que más de un cinco por ciento de la población vive por debajo de la más absoluta pobreza.

Esta Agencia de NNUU observa que esta citación contrasta poderosamente con el próspero país que fue Iraq, con una economía de ingresos medios en las décadas de 1970 y 1980.

Pero esas cifras bien podrían estar calculadas muy a la baja, ya que otros informes indican que ocho de los 28 millones de iraquíes viven en una pobreza extrema, con ingresos por debajo de un dólar al día.

Más de 500.000 residentes en Bagdad sólo disponen de agua durante unas pocas horas al día. La mayoría de los iraquíes solo tienen electricidad durante tres horas al día, frente a las alrededor de 20 horas de las que disfrutaban antes de la guerra.

La deteriorada salud de los niños iraquíes.

La combinación de las sanciones [de 1991 a 2003], la guerra y la ocupación han dado como resultado en Iraq la peor evolución mundial de la Tasa de Mortalidad Infantil (TMI), desde una incidencia de mortalidad en menores de cinco años de 50 por mil nacidos vivos en 1990, hasta 125 en 2005.

Esto significa un deterioro anual de un 6,1 por ciento -un récord mundial muy por detrás del de los más pobres y afectados de SIDA en Botswana-. Al comienzo de la guerra de 2003 el gobierno Bush se comprometió, para el año 2005, a disminuir la TMI en Iraq a la mitad. Pero la TMI ha seguido empeorando hasta llegar a los 130 [menores de cinco años muertos por cada mil nacidos vivos] en 2006, según cifras del ministerio de Sanidad iraquí.

La alimentación es, evidentemente, vital para la salud. Según la Agencia de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), alrededor de uno de cada diez niños o niñas iraquíes menores de cinco años está por debajo de su paso (malnutrición aguda), y uno de cada cinco está por debajo de la estatura normal para su edad (malnutrición crónica).

Pero esto es sólo la punta del iceberg: según afirma Claire Hajaj, portavoz del Centro de Apoyo a Iraq de UNICEF en Amán (CAIA), “[…] muchos niños iraquíes también pudieran padecer hambre encubierta (deficiencia de vitaminas y minerales fundamentales que son los elementos que construyen el desarrollo físico e intelectual de los niños). “[…] Esas deficiencias son difíciles de medir, pero están logrando que los niños sean mucho más vulnerables a las enfermedades y que tengan menos facilidad para progresar en el colegio”, afirma Hajaj.

Haydee Hussainy, alto responsable del ministerio de Sanidad iraquí, afirma que aproximadamente un 50 por ciento de los niños iraquíes padece algún tipo de desnutrición.

Igualmente importante es el impacto psicológico de la guerra y la ocupación. En una investigación titulada “Efectos psicológicos de la guerra en los iraquíes”, la Asociación de Psicólogos Iraquíes (API), establece que de las 2.000 personas entrevistadas en las 18 provincias de Iraq, el 92 por ciento afirmó tener miedo de morir en una explosión.

Alrededor del 60 por ciento de los entrevistados afirmó que el grado de violencia les había provocado ataques de pánico, lo que les impedía salir a la calle por temor a que podrían ser las próximas víctimas. La API estudió además a unos 1.000 niños en todo Iraq y descubrió que el 92 por ciento de los niños objeto de investigación tenía dificultades de aprendizaje, fundamentalmente atribuibles al actual clima de miedo e inseguridad.

“[…] Lo único que les preocupa son las pistolas, las balas, la muerte y el miedo a la ocupación estadounidense”, afirma Marwan Abdulá, miembro de la API.

Centros sanitarios, sin recursos

El 19 de enero de 2007, un grupo de unos 100 eminentes médicos británicos enviaron una carta al primer ministro británico Tony Blair para manifestar su profunda preocupación por la suerte de los niños de Iraq. En la carta se decía: “[…] Estamos preocupados porque los niños en Iraq mueren por falta de tratamiento médico. Enfermos o heridos, los niños, a los que, por otro lado, se podría trata con medios sencillos, se les deja morir a cientos porque no tienen acceso a medicamentos básicos u otros medios.

A los niños que han perdido las manos, los pies, y los miembros no se les facilitan prótesis. A los niños con profunda angustia psicológica, no se les trata.

La Asociación Médica Iraquí (AMI) informa que el 90 por ciento de los casi 180 hospitales de Iraq carecen del equipamiento básico. En el hospital de al-Yarmuk, uno de los de más actividad en Bagdad, muere un promedio de cinco personas al día porque los médicos y el personal técnico sanitario no tienen medios para tratar enfermedades comunes y accidentes, según declara el doctor Husam Abud, del mencionado hospital.

Esto supone más de 1.800 muertes evitables al año sólo en ese hospital. Hasán Abdulá, un antiguo responsable sanitario en el gobierno [regional] de Basora, afirma que la información indica que desde enero a julio de 2006 murieron en Basora alrededor de 90 niños como consecuencia de la falta de medicamentos, una cifra más alta que la del año anterior en el mismo período, cuando 40 niños murieron por causas similares. Marie Fernández, portavoz de la ONG vienesa Save the Children from War, deplora la carencia de materiales esenciales, especialmente sangre e inyectables intravenosos.

“[…] Los niños mueren porque no hay sangre disponible”, afirma Fernández.

Los hospitales, atacados

“[…] Las Convenciones de Ginebra declaran que los hospitales son y deben permanecer neutrales y accesibles a todo el mundo, especialmente a los civiles. Sin embargo, cuando [los hospitales] son ocupados por grupos armados o por fuerzas oficiales, la gente no tiene esta libertad ni acceso a la ayuda humanitaria”, afirma Cedric Turlan, responsable de información de la ONG Comité Coordinador en Iraq.

Su afirmación es corroborada por numerosos informes y fuentes.

Durante la primera semana de noviembre de 2006, en Ramadi [capital de la provincia de alo-Anbar], a unos 115 kilómetros al oeste de Bagdad, 13 civiles que entraron en el hospital para recibir tratamiento resultaron asesinados por francotiradores. Menos de un diez por ciento del personal del hospital continuó trabajando cuando fuerzas lideradas por EEUU irrumpieron en el hospital muchas veces, durante el día y la noche, buscando francotiradores en el tejado del hospital. “[…] Las fuerzas multinacionales estaban fuera, rodeando el hospital, pero irrumpían a diario en el interior del hospital”, afirma Turlan. “[…] Ahora la gente apenas acude al hospital porque tienen miedo de que los disparen o los detengan”.

Durante varios meses, los enfermos han evitado ir al hospital por miedo a los disparos de los francotiradores o de las fuerzas estadounidenses. Según otras informaciones recibidas por la ONG, las fuerzas militares también han ocupado el Hospital de Mosul y han atacado con regularidad ambulancias en Nayaf, Faluya y otros lugares de [la provincia] de al-Anbar.

El 7 de diciembre de 2006, se produjo otro ataque militar estadounidense contra el Hospital General de Faluya, que ya había padecido ataques similares durante las distintas operaciones estadounidenses de sitio a la ciudad en abril y en noviembre de 2004. Los testigos afirman que soldados estadounidenses asaltaron el hospital como “[…] si fuera un objetivo militar”. Detuvieron a los médicos y al personal sanitario, los insultaron y llamaron terroristas. Un trabajador del hospital afirmó que ya era la tercera vez que los soldados estadounidenses le habían esposado y sostenía que “[…] han sido más crueles con el personal médico que con el resto porque consideran que somos los primeros que apoyamos a quienes ellos llaman terroristas”.

El teniente coronel Bryan Salas, portavoz de la fuerza multinacional de ocupación en Iraq, tiene una explicación diferente: “[…] Las fuerzas de la Coalición registraron el hospital para asegurarse de que seguía siendo un lugar seguro para que los ciudadanos de Faluya recibieran los tratamientos médicos que debían”.

Tras el asalto militar estadounidense, el hospital permaneció cerrado durante varios días.

Junto con el actual ministro de Sanidad, Ali al-Shimari, que pertenece al movimiento político de Moqtada as-Sáder, el brazo armado de éste último, el Ejército del Mahdi, está actuando con impunidad dentro de los hospitales. En los hospitales públicos y con impunidad han secuestrado y después asesinado a enfermos y heridos.

Como consecuencia, cada mes más y más iraquíes evitan los hospitales. “[…] Preferimos morir antes que ir al hospital”, afirma Abú Naser, un vecino de un barrio de Bagdad. “[…] Los hospitales se han convertido en campos de asesinatos”.

El ministro también parece ser discriminatorio en la provisión de materiales sanitarios. Tariq Hiali, un responsable de sanidad en Baquba, ciudad situada a 60 kilómetros al noreste de Bagdad, lamenta que “[…] el ministerio de Sanidad no nos provee de medicamentos y equipamiento médico; nos consideran terroristas”. Un empleado del banco de sangre en [el Hospital de] Baquba, Jamal Qaduri, afirma que “[…] El Ejército del Mahdi intercepta las ambulancias que mandamos a Bagdad”.

Las urgencias del Hospital Universitario de Basora estuvieron cerradas durante cinco meses después de que asaltantes sin identificar asesinaran a una serie de médicos que trabajaban allí. Ahora muchos médicos y enfermeras se niegan a ir a trabajar, temiendo por sus vidas.

Igualmente, en Ramadi, Hit, Hadiza y Faluya los centros médicos han cerrado. El Instituto para la Guerra y la Paz informa que en Bagdad, los médicos que aún siguen ejerciendo han traslado sus centros médicos a zonas residenciales o al interior de complejos médicos por razones de seguridad.

Únicamente abren por las mañanas debido a los toques de queda y a la escasa seguridad.

Agresiones contra el personal sanitario

Bajo las estipulaciones de la Cuarta Convención de Ginebra, en su artículo 18, “Los hospitales civiles dedicados al cuidado de heridos y enfermos, enfermos crónicos y maternidad, no podrán bajo ninguna circunstancia ser objeto de ataque, por el contrario, en todo momento habrán de ser respetados y protegidos por las partes implicadas en el conflicto”.

Sobre el terreno la realidad actual en Iraq es muy diferente.

Según declaraciones de Nada Doumani, portavoz del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), “[…] Un problema fundamental que afecta al sector sanitario de Iraq es la crítica situación de seguridad. […] Hombres armados irrumpen en los quirófanos, obligando a los médicos a atender de forma inmediata a los enfermos que ellos llevan. Algunos [de estos] enfermos se niegan a abandonar las armas y las máscaras que llevan mientras les tratan los médicos. Esto crea una situación traumática para los médicos”, afirma Doumani.

Los ejemplos abundan. El Dr. Washdi Mahmud trabaja en el Hospital Ibn al-Nafees, el centro cardiovascular más grande de Bagdad. Mediante conversación telefónica desde Bagdad el [pasado] 27 de febrero de 2006 afirmó que “[…] ayer por la mañana, familiares de los pacientes nos amenazaron.

Incluso apuntaron con una pistola a la cabeza de uno de los médicos. Los guardias de seguridad del hospital ni se atrevieron a intervenir, así que decidimos ponernos en huelga. El Dr. Salam Ismael, de [la organización] Médicos por Iraq (Doctors for Iraq) explica:

“[…] Las milicias de ciertos partidos políticos nos acosan. El gobierno no se lo impide. Entran en las habitaciones de los enfermos con armas, gritan a los médicos y los amenazan con matarlos.”

Médicos por Iraq ha recibido informaciones relativas a que el 9 de mayo de 2006 hombres armados asaltaron el Hospital de Tal Afar, al noroeste de Iraq, y amenazaron y atacaron al personal sanitario y a los pacientes que estaban esperando a ser atendidos. Un médico describió cómo uno de los hombres armados le apuntó a la cabeza con una pistola, exigiendo que dejase de atender a un niño herido y que se pusiera a atender a un hombre con una pequeña herida de metralla en la pierna. El grupo armado empezó a romper y destrozar el equipamiento del hospital y después atacaron a un conductor de ambulancia al que le rompieron un brazo con la culata de un rifle.

A otro conductor de ambulancia le dieron un puñetazo en la cara y tres hombres armados atacaron al farmacéutico del hospital, y por turnos le golpearon y patearon. Uno de los hombres armados empezó a disparar por encima de la cabeza del médico, casi rozándole, lo que causó el miedo y la histeria en el hospital.

El 28 de septiembre de 2006, médicos del Hospital de al-Yarmuk de Bagdad, se pusieron en huelga después de que la policía iraquí irrumpiera en las instalaciones y obligara a los médicos a atender a un policía herido, mientras blandían sus armas. Los médicos apelaron al ministerio del Interior para que impusiera la prohibición absoluta de portar armas en el interior del hospital. A primeros de noviembre de 2006, el Dr. Ibrahim Abdel-Sattar, un cardiólogo de Bagdad informó de que “[…] hace dos semanas asesinaron a mi colega mientras atendía a uno de sus pacientes.

Los hombres armados irrumpieron en su clínica, le mataron y se marcharon sin mediar palabra”.

Como si la violencia cotidiana no fuera suficiente en el caos y el desorden que reina en el Iraq ocupado, los profesionales de la sanidad también están sometidos a los secuestros al azar. El 9 de noviembre [de 2006], hombres, que según se informa llevaban los uniformes azules de la policía, secuestraron al director administrativo del Creciente Rojo Iraquí, el Dr. Anas al-Azawi, delante de su casa. El precio puesto a su libertad fue de 750.000 dólares, pero le liberaron después del pago de un rescate inferior.

El 17 de diciembre, hombres armados, que según se informa vestían el uniforme del ejército iraquí, asaltaron la oficina del Creciente Rojo Iraquí en Bagdad y secuestraron a 42 personas. 26 de los empelados del Creciente Rojo Iraquí, tanto sunníes como shiíes, fueron puestos en libertad posteriormente.

Peter Kandela, un médico iraquí que trabaja en el Reino Unido, entrevistó a personal médico iraquí que había huido [de Iraq] hacia Jordania y Siria.

Cuenta la historia de un cirujano especialista en riñón que fue apresado por un grupo de hombres armados, cuyo primer acto fue ir a su agenda para buscar otras potenciales víctimas. “[…]

Tuvieron el descaro de sugerir que para agradecer el buen trato que recibió durante su cautiverio, debería recomendarles a otras personas a las que secuestrar”, afirma el cirujano.

Fue puesto en libertad después de que su esposa pagara un rescate de 250.000 dólares. El Dr. Kandela también explicó que “[…] en el nuevo Iraq, existe un precio fijado de acuerdo a tu posición y estatus. Los médicos que han estado en el país saben que son valiosos para un secuestro y se aseguran de que sus familiares tengan fácil acceso al dinero necesario para asegurar una liberación rápida si resultan secuestrados”.

El Dr. Omer, un cirujano cardiovascular, dejó su trabajo en Bagdad y ahora trabaja como médico de cabecera en un centro de salud primario en Siria. “[…] ¿Qué podía hacer?”, se pregunta, “[…] las milicias armadas me amenazaron en el hospital. Ya habían asesinado a tres cirujanos y sólo quedábamos otros tres. No podía ser el siguiente objetivo, tengo un hijo al que criar”. Al Dr. Omer le obligaron a huir de Iraq. Añade:

“[…] No estoy contento con lo que hago aquí, en Siria. Yo era un médico especialista y ahora trabajo como un médico sin especialización. Es como si a un oficial del ejército se le pide que trabaje de soldado.”

Diáspora masiva de los profesionales médicos

Trabajadores y personal del Hospital General de Ramadi protestan por el asalto al centro perpetrado por tropas de EEUU el 6 de junio de 2006 En marzo de 2006, la ONG británica Medact declaró que 18.000 de los 34.000 médicos [iraquíes] habían abandonado el país desde el inicio de la guerra, según cifras oficiales de la Asociación Médica Iraquí (AMI). Faruk Naji, médico y antiguo miembro de la AMI, declara que “[…] han asesinado a unos 2.000 médicos desde 2003. La violencia ha aumentado y todos los días perdemos a los mejores profesionales en Iraq”.

En algunos casos, las ambulancias que recogen a los heridos tras las explosiones lo hacen sin personal paramédico o personal técnico sanitario, afirma Naji, quién añade:

“[…] No hay suficientes profesionales y los que están disponibles están en los hospitales intentando saber cómo atender a sus pacientes en improvisados quirófanos.”

También se ha informado de la falta de médicos y personal técnico sanitario en Basora. Según el responsable de sanidad Hasán Abdulá no hay estadísticas fiables sobre cuántos médicos, estomatólogos, farmacéuticos y ATS han huido de la zona, pero los datos no oficiales indican que al menos 200 profesionales sanitarios se han ido, sólo desde enero. Algunos de ellos intentan conseguir un trabajo más seguro en cualquier parte de Iraq.

Rezan Sayda, un antiguo responsable del ministerio de Sanidad del gobierno regional del Kurdistán, afirmó en diciembre pasado que su ministerio había empleado a 600 médicos que habían huido de zonas inseguras del país y que otros 320 estaban en la lista de espera de contratación.

La fatal de personal sanitario tiene consecuencias desastrosas para la salud de los pacientes locales. En un artículo del British Medical Journal, el Dr. Basem al-Sheibani y dos colegas del Colegio de Médicos de Diwaniya en Iraq informaron de que “[…] el personal médico admite que más de la mitad de los que murieron se podrían haber salvado si hubiera habido personal cualificado y experimentado”.

La reconstrucción bajo la ocupación: fracaso estrepitoso

Tras cuatro años de la guerra contra Iraq liderada por EEUU el sistema sanitario del país es la ruina más absoluta. La mayoría de los hospitales carecen de los materiales más básicos, docenas de centros sanitarios están sin terminar de construir, y carísimos equipos de alta tecnología están abandonados en almacenes. Desde 2003, las agencias estadounidenses [de ayuda al desarrollo] podrían haber gastado más de mil millones de dólares de los fondos para la reconstrucción de Iraq en sanidad, pero no se han construido nuevos hospitales y sólo se han construido algunos centros de salud local. Incluso el “proyecto estrella” de la primera dama, Laura Bush, un hospital infantil último modelo en Basora, de 50 millones de dólares, se están retrasando muchísimo y el presupuesto ya se ha sobrepasado.

Según Amar al-Saffar, un responsable de la construcción en el ministerio iraquí de Sanidad no se ha construido un solo hospital en Iraq desde que se abrió, en 1986, el Hospital al-Kadimiya, en Bagdad.

Un proyecto de reconstrucción de 200 millones de dólares para construir 142 centros primarios de salud se quedó sin fondos a principios de 2006, con sólo 20 de los centros terminados, un resultado que la Organización Mundial de la Salud describe como “sorprendente”.

[La empresa] Corp Watch, en un informe muy negativo critica duramente la reconstrucción de la infraestructura sanitaria de Iraq dirigida por EEUU, [informe] que demuestra cómo las empresas estadounidenses, tales como Parsons Global, Abt Associates y Bechtel no hicieron nada salvo coger el dinero y salir corriendo.

Esas empresas fueron beneficiadas con contratos millonarios de reconstrucción (un contrato de 70 millones de dólares para Parsons, uno de 43 millones de dólares para Abt Associates y otro de 50 millones de dólares para Betchel) mientras que de hecho se marginaba a las agencias de NNUU con experiencia, como es el caso de la UNICEF y de la OMS.

En abril de 2006, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidense, que se suponía que iba a construir 150 centros primarios de salud, decidió cancelar la construcción de 130 de ellos.

La construcción se había adjudicado a Parsons Global y en la época en la que el Cuerpo de Ingenieros canceló el contrato de la Parsons sólo se habían terminado seis centros de salud. Entre tanto, 150 juegos de equipos médicos ya se habían encargado y se almacenaban en Abu Ghraib. Así, 130 juegos de equipos para clínicas nunca verán la luz del día. Además, se ha averiguado que el 46 por ciento de ese material falta, el embalaje está deteriorado, las cajas están erróneamente etiquetadas o ni siquiera están etiquetadas.

Abt Associates fue contratada para reparar los hospitales iraquíes existentes, pero nada de eso sucedió. La empresa subcontrató a empresas locales que eran inexpertas o corruptas. Cuando en abril de 2004 la situación de seguridad en Iraq empeoró, el personal de Abt Associates abandonó el país. Los contribuyentes estadounidenses ya habían pagado 20,7 millones de dólares a Abt Associates a través de USAID, [la agencia gubernamental de EEUU para el desarrollo].

El icono de Laura Bush, el Hospital Infantil de Basora, un proyecto con el que se premió a Bechtel, fue por el mismo camino. El hospital se programó para albergar 94 camas, habitaciones privadas para enfermos de cáncer, escáneres CATS y otro equipamiento de alta tecnología necesario para el tratamiento del cáncer infantil en una región altamente afectada por [la utilización de armamento revestido con] uranio empobrecido tras la primera Guerra del Golfo [de 1991]. El precio se incrementó desde los 50 millones de dólares hasta los 170 millones de dólares y en julio de 2006 a Bechtel se le pidió que se retirara del proyecto. Permanece a la espera.

Cuatro años después de su inicio, ha quedado más claro que nunca que la guerra y la ocupación de Iraq liderada por EEUU ha tenido como resultado para los iraquíes un desastre a gran escala de la sanidad pública.

Invertir la tendencia actual de las condiciones sanitarias absolutamente deterioradas requiere primero, y más importante, el fin de la ocupación.

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