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¿Por qué Bush está loco?

A principios de este año tuve que someterme a una seria operación de cáncer. La intervención y sus efectos post operatorios fueron casi una pesadilla. Me sentía como si fuera incapaz de nadar, moviéndome torpemente por debajo del agua en un océano profundamente oscuro e infinito; pero no me ahogué y estoy muy feliz de estar con vida…

Redacción Central |

A principios de este año tuve que someterme a una seria operación de cáncer. La intervención y sus efectos post operatorios fueron casi una pesadilla. Me sentía como si fuera incapaz de nadar, moviéndome torpemente por debajo del agua en un océano profundamente oscuro e infinito; pero no me ahogué y estoy muy feliz de estar con vida…

Sin embargo, me di cuenta de que salir de una pesadilla personal era entrar en otra infinitamente más dominante y pública, a saber, la pesadilla de la histeria, la ignorancia, la arrogancia, la estupidez y la beligerancia de los Estados Unidos, la nación más poderosa que el mundo haya conocido jamás en guerra contra el resto del mundo. “Si no están con nosotros, están contra nosotros” ha dicho el presidente Bush. También ha expresado: “No permitiremos que las peores armas del mundo permanezcan en poder de los peores líderes del mundo”. De acuerdo. Mírate en el espejo, socio. Ese eres tú.

Los Estados Unidos en estos momentos están desarrollando sistemas avanzados de “armas de destrucción masiva” y están listos para utilizarlos donde estimen conveniente. Tienen más armas de ese tipo que en todo el resto del mundo en su conjunto. Les han dado la espalda a acuerdos internacionales sobre armas biológicas y químicas, al negarse a permitir las inspecciones de sus propias fábricas. La hipocresía detrás de sus declaraciones públicas y sus propias acciones es casi una broma.

Los Estados Unidos creen que las tres mil muertes en Nueva York son las únicas muertes que cuentan, las únicas muertes que importan. Esas son muertes de estadounidenses. Otras muertes son irreales, abstractas, sin importancia.

Nunca se habla de las tres mil muertes en Afganistán.

Nunca se habla de los cientos de miles de niños iraquíes muertos debido a las sanciones estadounidenses y británicas que los han privado de medicinas esenciales.

Nunca se habla del efecto del uranio empobrecido, utilizado por los Estados Unidos en la Guerra del Golfo. Los niveles de radiación en Iraq son terriblemente altos. Los niños nacen sin cerebro, sin ojos, sin genitales. Cuando tienen oídos, boca o rectos, lo que mana de esos orificios es sangre.

Nunca se habla de las doscientas mil muertes en Timor Oriental en1975 provocadas por el gobierno de Indonesia, pero inspiradas y apoyadas por los Estados Unidos.

Nunca se habla del medio millón de muertes en Guatemala, Chile, El Salvador, Nicaragua, Uruguay, Argentina y Haití, en acciones apoyadas y financiadas por los Estados Unidos.

Ya no se habla de los millones de muertes en Viet Nam, Lao y Camboya.
Apenas se habla de la desesperada y precaria situación del pueblo palestino, factor central del mundo convulso.

¡Pero qué criterio más equivocado acerca del presente y qué interpretación más errónea de la historia!
Los pueblos no olvidan. No olvidan la muerte de sus compatriotas, no olvidan las torturas ni las mutilaciones, no olvidan las injusticias, no olvidan la opresión, no olvidan el terrorismo de las grandes potencias. No solo no olvidan. Sino que devuelven los golpes.

La atrocidad en Nueva York era previsible e inevitable. Fue un acto de represalia contra las manifestaciones constantes y sistemáticas del terrorismo de estado por parte de los Estados Unidos durante muchos años, en todas partes del mundo.

Ahora en Gran Bretaña se está advirtiendo al público que esté “vigilante”, preparado para posibles actos terroristas. El lenguaje es ridículo en sí.

¿Cómo nos protegerá, o podrá protegernos, la vigilancia pública? ¿Usando una bufanda sobre la boca para protegernos del gas tóxico? Ahora bien, los atentados terroristas son bastante probables, o sea, son el resultado inevitable de la sumisión despreciable y vergonzosa de nuestro Primer Ministro a los Estados Unidos. Al parecer, hace poco se impidió un ataque terrorista con gas tóxico en el sistema del Metro de Londres, pero acciones como esta podrían ocurrir sin lugar a dudas. Miles de escolares viajan todos los días en el Metro de Londres. Si ocurriera un ataque con gas tóxico en el que murieran los niños, la responsabilidad recaerá completamente sobre los hombros de nuestro Primer Ministro. Huelga decir que el Primer Ministro no viaja en el Metro.

La guerra planeada contra Iraq está de hecho diseñada para asesinar premeditadamente a miles de civiles con el objetivo aparente de salvarlos de su dictador.

Los Estados Unidos y Gran Bretaña están siguiendo un rumbo que solo puede conducir a una escalada de violencia en todo el mundo y finalmente a una catástrofe.

Sin embargo, es obvio que los Estados Unidos ya no pueden aguantarse las ganas de atacar a Iraq. Creo que lo harán, no solo para tomar el control sobre el petróleo iraquí, sino porque la administración de los Estados Unidos es ahora un animal salvaje sediento de sangre. Las bombas son su único léxico. Sabemos que muchos estadounidenses están horrorizados de la postura de su gobierno, pero parecen no poder hacer nada al respecto.

A menos que Europa encuentre la solidaridad, la inteligencia, el valor y la voluntad para enfrentar y resistir el poder de los Estados Unidos, la misma Europa se merecerá la definición de Alexander Herzen (como se citó en el diario Guardian recientemente en Londres) “Nosotros no somos los médicos, somos la enfermedad”.

Traducido por Francy Pérez y revisado por Mabel Rivas, del Equipo de Traductores de Cubadebate y Rebelión

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