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Malas noticias para los hambrientos

Diez años después de que líderes políticos se comprometieron a reducir a la mitad los 854 millones de personas desnutridas en el mundo, los hambrientos del planeta siguen amenazados de continuar con los estómagos vacíos

Redacción Central |

Diez años después de que líderes políticos se comprometieron a reducir a la mitad los 854 millones de personas desnutridas en el mundo, los hambrientos del planeta siguen amenazados de continuar con los estómagos vacíos

Esta situación, se vuelve más segura después que Estados Unidos anunció semanas atrás su voluntad de impulsar la nueva política económica de sacrificar alimentos por combustibles, criticada por el presidente cubano, Fidel Castro, por otros mandatarios, diplomáticos y científicos.

El Fondo de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que en 1996 organizó una Cumbre mundial de alimentos en Roma, donde los países fijaron la meta de reducir el hambre a la mitad antes del 2015, planteó recientemente que el flagelo se agudizó en el 2006.

Contrario al compromiso asumido en la FAO, varios países desarrollados, encabezados por Estados Unidos, se sumaron a la tesis de utilizar alimentos como el maíz, la soya u otros para obtener carburantes sustitutos de la gasolina.

Esta decisión que comenzará a llevarse a la practica en los próximos meses en Estados Unidos, Brasil, Gran Bretaña, y en países tan pequeños como El Salvador, ya comenzó a generar problemas y críticas justificadas.

El presidente Fidel Castro comentó en un articulo que publica hoy el periódico Granma, que la política emprendida sobre el etanol por el presidente estadounidense, George W. Bush, lleva a una internacionalización del genocidio.

El jefe de estado cubano pregunta ¿Dónde y quienes van a suministrar los más de 500 millones de toneladas de maíz y otros cereales que Estados Unidos, Europa y los países ricos necesitan para producir el etanol que las grandes empresas norteamericanas y de otros estados exigen en sus cuantiosas inversiones?.

Los cinco principales productores de maíz, cebada, sorgo, centeno, mijo y avena que Bush quiere convertir en materia prima para producir etanol, suministran al mercado mundial, según datos recientes, 679 millones de toneladas.

A su vez, los cinco principales consumidores, algunos de los cuales son también productores de estos granos, necesitan actualmente 604 millones de toneladas anuales, argumenta Fidel Castro.

El excedente disponible se reduce a menos de 80 millones de toneladas, resalta el gobernante, y añade que la idea de poner los alimentos a producir combustibles es trágica, es dramática.

El presidente cubano sentenció que nadie tiene seguridad de a dónde van a llegar los precios de los alimentos, cuando la soya se está convirtiendo en combustible, con la falta que hace en el mundo para producir huevo, leche, carne, y es una tragedia más de las muchas que hay en estos momentos.

Por su parte, la revista norteamericana Foreign Affaire comenta en su último número que una producción intensiva del etanol en Estados Unidos tendrá consecuencias devastadores para la seguridad alimentaria del mundo.

Añade que la producción intensiva de ese biocombustible causará un alza en los precios del maíz y de otros productos alimenticios en detrimento a la lucha contra la pobreza.

“Los volúmenes enormes exigidos por la industria del etanol están en vías de causar ondas de choque en el sistema alimentario mundial, advierten Ford Runge y Benjamin Senauer, profesores de economía de la universidad de Minnesota, autores del estudio.

Al hacer subir las cotizaciones del maíz, el uso cada vez más frecuente de etanol como biocarburante puede amenazar la alimentación de dos mil 700 millones de personas en todo el mundo, que viven con menos de dos dólares por día, destacaron.

Movimientos sociales latinoamericanos se pronunciaron recientemente contra los biocombustibles a partir de los alimentos, en nombre de la soberanía alimentaria y sostuvieron que servirán para mantener llenos los tanques de los automóviles a costa de estómagos vacías.

Un anticipo de las consecuencias adversas del fenómeno (en este caso el uso de maíz por Estados Unidos para producir etanol) se vio en México, donde se generalizaron las protestas por el precio de la harina de maíz, un producto indispensable para la mayoría de las comidas de ese país.

Actualmente el 85 por ciento de la energía utilizada en el orbe proviene del petróleo, el gas y el carbón, es decir, de combustibles fósiles que se formaron en millones de años, los cuales no pueden ser sustituidos totalmente por los de origen renovable, pues no hay suficiente tierra para ello, entre otras limitantes.

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