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Escasea el dinero limpio en Miami

En su reciente libro Miami, dinero sucio, el colega Hedelberto López Blanch evidencia que los mil millonarios cubano-americanos existentes en esa ciudad norteamericana no son más que una mafia, que pretende controlar la ciudad

Redacción Central |

En su reciente libro Miami, dinero sucio, el colega Hedelberto López Blanch evidencia que los mil millonarios cubano-americanos existentes en esa ciudad norteamericana no son más que una mafia, que pretende controlar la ciudad

La revista Hispanic Trade U.S. Today indica que los cubanoamericanos poseen 138 de las 500 compañías hispanas más grandes de los Estados Unidos, aunque ellos representan el 3,4 por ciento de la comunidad hispana.

Esto y más puede leerse en el libro Miami, dinero sucio, del colega de Juventud Rebelde, Hedelberto López Blanch, que en la Colección Mirada a los Estados Unidos, ha sido publicado por la Editorial Ciencias Sociales.

Resulta verdaderamente alarmante —se afirma en el texto— que en tan pocos años el porcentaje de cubanoamericanos millonarios sea superior, comparativamente, que los norteamericanos. Según el banquero Luis Botifol, hay más de mil cubanos millonarios y 150 de ellos tienen más de 50 millones de dólares.

«En su libro Los Mil Días de Kennedy, Arthur Schlesinger junior, afirma que Frank Bender declaraba públicamente que llevaba la contrarrevolución en el talonario de su chequera. Así numerosos personajes siniestros se convirtieron en ricos de la noche a la mañana y empezaron a recorrer el mundo, viviendo de ese inescrupuloso quehacer comercial».

Es innegable —dice Hedelberto— que el despegue económico de Miami y las grandes fortunas individuales se impulsaron por el tráfico de droga, el lavado de dinero y los robos de dinero federal que se entrega a hospitales, al Medicare y a otras obras sociales.

«Cuando el Irán-contra la guerra se financiaba con ese negocio. Los aviones llevaban armas a Nicaragua y regresaban con cocaína a California y otras ciudades. Y ni hablar de los largos brazos de la familia Mas. Mas Canosa fue un Al Capone moderno o jefe de la mafia de Miami».

Muchos emigrantes cubanos huyeron desde 1959, tras la caída de Batista, para evitar ser juzgados y encarcelados en Cuba por crímenes o robos realizados entre 1952 a 1958.

La inmensa mayoría de ellos —sobre todo de los que se fueron en los primeros meses de 1959— fueron personas comprometidas por completo con el régimen batistiano: asesinos confesos como Rolando Masferrer, Esteban Ventura Novo, José Eleuterio Pedraza y otros. Luego de sus asesinatos en la Isla, encontraron refugio y apoyo incondicional en el gobierno norteamericano.

«Muchos que huyeron no tuvieron tiempo para recoger sus miles de pesos en los bancos. Otros, como los Fanjul, los Bacardí y los Lobo, por ejemplo, tenían la plata en cuentas bancarias y negocios en Estados Unidos. Algunos tenían dinero en el Norte, entre ellos “Chiri” Mendoza, “Perico” Suárez y Badía».

Comenta el autor que Fulgencio Batista sacó varios centenares de millones de dólares y lo hicieron también los que tenían cargos administrativos en su gobierno. En 1950 ya ascendía a más de 260 millones de dólares el capital independiente de origen cubano depositado en Estados Unidos, y entre 1954 y 1958 se depositaron otros 128 600 000.

«El primer dinero que corrió en Miami para tumbar a la Revolución Cubana fue el entregado por Leonidas Trujillo, dictador dominicano. Después el dinero fue otorgado por la CIA para crear organizaciones contrarrevolucionarias y derrocar militarmente a la Revolución».

Además, de 1966 a 1990 se amplió el inmenso boom de la droga y del lavado de dinero en Miami que enriqueció a numerosas personas. Para lavarlo se compraron terrenos, se iniciaron construcciones así como restaurantes y clínicas.

«Todo eso me hizo escribir este libro, editado por Ricardo Barnet Freixas y que cuenta con 10 000 ejemplares. Varios exiliados me hablaron de casos de drogas, corrupción y lavado de dinero, lo que se unió a largas horas que pasé en bibliotecas estadounidenses, consultando diarios e investigando en archivos de las cortes Civil y Penal de Miami», cuenta López Blanch.

PODERES CON MANOS SUCIAS

El actual poder de Miami está compuesto por el periódico The Miami Herald, su vocero; la compañía de electricidad Bell South; la compañía de teléfonos, la Burdines, tiendas por departamentos; el South East Bank y la denominada «Mesa Redonda», con 30 millonarios, entre ellos: Carlos Arboleda, José Arriola, Luis Botifol, Paul Cejas, Armando Codina, Carlos Manuel de Céspedes, Alberto Ibarguren, Jorge Más Santos, Ralph Peñalver, Jorge Pérez, Sergio Pino y Carlos Saladrigas, entre otros.

El libro explica que tales poderes se concentran en el Orange Bowl Committee y en el United Way, el llamado grupo caritativo de esa sociedad americana. Y argumenta que un capo mafioso, Salvador Magluta —«Sal»— llegó a Miami cuando tenía cuatro años y devino importante jefe del cartel que controlaba a hampones del narcotráfico de Miami a Cali, Medellín y Panamá. En enero de 2003 ese sujeto fue condenado a 205 años de prisión y a pagar 63 millones de dólares, acusado de introducir en Miami altas cifras de cocaína y ganar con ello más de 2 000 millones de dólares entre 1978 y 1991.

«El caso de Magluta ofrece material para hacer un libro, pues asesinó a varios asistentes, entre ellos a su antiguo abogado Juan Acosta que lo ayudó a lavar millones de dólares en instituciones locales como el Sunshine State Bank, cerrado por las autoridades federales en los años 80.

«Como ocurren las cosas en Miami, Magluta resultó absuelto en 1996. Sin embargo, al presidente del jurado, Miguel Moya, —hasta entonces un modesto mecánico de aviones— se le salieron los ojos de las órbitas tras recibir el pago de sus favores y comenzó a comprar casas en los cayos de la Florida, lanchas rápidas, relojes Rolex de oro y otras mercancías y artículos de lujo. Detenido en julio de 1999, se le comprobó (y más tarde confesó) haber recibido 500 000 dólares para influenciar al jurado y que se absolviera a Magluta».

DROGA Y LAVADO, SUELTOS Y SIN VACUNAR

El Nuevo Herald informó que durante cinco días las 2 754 libras de pasta de cocaína —la segunda mayor confiscación de esa droga en la historia de los Estados Unidos— permanecieron en unas falsas poleas de aluminio en un almacén del Aeropuerto Internacional de Miami. Estaban dirigidas a la empresa Pérez Roura junior, la Euro-Machine Industrial Parts and Molds, Inc. Fue recogida el 9 de julio de 1984 por Jesús Wilfredo Valle, que conducía un camión Ryder. Pérez Roura y su esposa Teresa seguían el carro en un auto Camaro. En esa época todo el cargamento valía 31 millones de dólares.

Como el artífice principal era el hijo del comentarista radial Armando Pérez Roura, vocero de la derecha cubanoamericana y director de la emisora Radio Mambí, las demandas se disolvieron y el caso «polea» pasó por Miami como uno más de una extensa lista.

«Estos señores se movían con millones de dólares, los llevaban a Panamá y después los regresaban. En Miami había locales especiales con máquinas para contar dinero. Los traficantes o poderosos hombres de negocios llegaban a restaurantes y bares con maletas llenas de dinero, cerraban el local y decían: ¡todos los gastos van por mí!».

Abel Holtz, fundador del Capital Bank, fue acusado de pandillerismo, fraude y de usar la institución para negocios personales. Engañó a los jueces en la investigación federal del ex alcalde de Miami Beach, Alex Daoud. ¡Su historia culminó como los cuentos de hadas! En el 2000 solicitó del presidente William Clinton un perdón y el The Miami Herald informó que por mentir solo pasó cinco meses de arresto en su domicilio, un penthouse valorado en 1,6 millones de dólares, en Bal Harbour.

ESCÁNDALO EN MIAMI

El 30 de mayo de 1973 la revista Réplica entrevista a Manuel Giberga, el cubano de más alto cargo en el gobierno de Nixon. Dijo: «Se está formando en Miami una especie de mafia cubana que tiene por objetivo controlar la ciudad, al estilo de como hicieron los gánsteres de Chicago en la época de Al Capone. El hecho es tan grande que se está convirtiendo en un escándalo. ¡Intentan mandar aquí sobre todo el mundo!».

Y agregó: «Han tratado de intimidar a periodistas y políticos. Están reclutando a elementos con casos pendientes en tribunales. En sus relaciones con las autoridades llegan atrevidamente lejos. Desatan calumnias contra figuras limpias y representativas de la comunidad hispana para intimidar por medio de la extorsión y el chantaje».

No hay un banco en Miami que no haya lavado dinero y muchos se abrieron expresamente con ese fin. Investigadores del Congreso y banqueros coinciden en que los bancos de Estados Unidos y Europa blanquean cada año entre 500 000 millones y un millón de millones de dólares de dinero negro, suma de la cual la mitad corresponde a los bancos norteamericanos. Estos han desarrollado una sofisticada gama de métodos de transferencia de fondos ilegales hacia Estados Unidos y para su inversión en empresas legítimas o en bonos del Tesoro, lo que los «legitima».

Cuando Hedelberto le preguntó a un veterano de la política de Miami-Dade, si uno tenía que ser un delincuente para triunfar en la política local, este respondió: «No, pero necesariamente tendrás que tratar con delincuentes».

En verdad —añade finalmente nuestro colega— la corrupción en el condado de Miami-Dade ha devenido una pandemia generalizada que corroe esa sociedad, dirigida por delincuentes de cuello blanco que han hecho de la política un negocio lucrativo que les ha vuelto millonarios violando y burlando leyes.

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