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El mismo DAS…, la misma Fiscalía…, el mismo periodista…

Les está saliendo el tiro por la culata a los gobiernos de Bush y del lacayo más incondicional de este en Latinoamérica, el presidente Álvaro Uribe Vélez

Redacción Central |

Les está saliendo el tiro por la culata a los gobiernos de Bush y del lacayo más incondicional de este en Latinoamérica, el presidente Álvaro Uribe Vélez

Pretendieron hacer con el guerrillero de las Farc, Simón Trinidad, lo que diariamente hacen con cientos de campesinos, sindicalistas, indígenas, afro descendientes, estudiantes, intelectuales, líderes sociales y periodistas en Colombia: los consabidos montajes, con los que los ponen tras las rejas por largos periodos de tiempo y mucha veces por el resto de sus vidas, para castigar así sus críticas o su oposición al régimen oprobioso, narcoparamilitar y corrupto que padecemos los colombianos.

Esa prontitud con la que actúan fiscales, investigadores, Fuerza Pública y agentes de inteligencia del Estado, cuando de fabricar montajes contra gente inocente se trata; es la misma actitud pasiva, laxa y cómplice de estos, cuando se trata de los verdaderos criminales, ya sean narco-paramilitares o de sus socios de cuello blanco empotrados en todas ramas de la economía y del poder del Estado.

Las autoridades colombianas conjuntamente con las estadounidenses, fueron solícitas al aportar 21 pruebas y testimonios, la mayoría falsos, contra Simón Trinidad, de las que estaban convencidas serían suficientes para castigar con la privación de la libertad por el resto de sus días en las mazmorras gringas, la rebeldía política del acusado.

No siempre triunfa el mal sobre el bien. El jurado, compuesto por seis mujeres e igual número de hombres estadounidenses, no se atrevió a condenar al guerrillero, por cuanto no todos los miembros que lo conformaron, creyeron en la farsa de las acusaciones. El juez, tuvo que anular el juicio. Duro revés para Bush y para Uribe, que creyeron pan comido la condena a Trinidad y, lo peor, el caso puede convertírseles en un bumerán para sus oprobiosos gobiernos.

Pero mientras esto ocurría en los estrados judiciales estadounidenses, en Colombia continuaba la incesante persecución contra personas inocentes.

El periodismo alternativo y la libertad de prensa, fueron puestos tras las rejas, víctimas de la estrategia de la Seguridad Democrática del Presidente Uribe.

El Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), el mismo del que se apoderaron las bandas narco-paramilitares, con Jorge Noguera a la cabeza; el mismo DAS incapaz de encontrar narco-políticos y narco-paramilitares prófugos; el mismo DAS que elabora listas de sindicalistas y líderes sociales para ejecutarlos, el mismo DAS que borró las identidades y prontuarios de narco-paramilitares; el mismo DAS puesto al servicio de “Jorge 40”, Castaño, “Don Berna”, etc., etc.; ese mismo DAS detuvo al reportero de TeleSUR en Colombia, el periodista Fredy Muñoz Altamiranda, el domingo 19 de noviembre en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, cuando regresaba de Venezuela.

El periodista, fue detenido por orden de la Fiscalía 5 de Barranquilla. La misma Fiscalía puesta al servicio del narco-paramilitarismo por su ex director general Luis Camilo Osorio. La misma Fiscalía que nunca logra identificar a quienes han cometido masacres con motosierras; la misma Fiscalía que nunca encuentra el paradero de los asesinos de sindicalistas, líderes sociales, profesores, defensores de derechos humanos, indígenas, negros, estudiantes, intelectuales y periodistas; la misma Fiscalía dirigida por el corrupto, medroso y pelele del gobierno, Mario Iguarán Arana; esa misma Fiscalía, privó de la libertad al periodista Fredy Muñoz Altamiranda, sindicándolo de manera burda de ser terrorista.

Fredy Muñoz Altamiranda, el periodista que desde hace un año trabaja para el Canal TeleSUR como corresponsal en Bogotá; el mismo periodista que le ha dado protagonismo y ha convertido en noticia la verdad de lo que sucede en Colombia; el mismo periodista que ha ofrecido esa verdad a la vasta audiencia de América Latina y el mundo entero; el mismo periodista que ha permitido que las voces de millones de desplazados, de sindicalistas, de negritudes, de indígenas, de campesinos, de trabajadores, de estudiantes, de defensores de derechos humanos, sean escuchadas en otras latitudes del orbe.

El mismo periodista, por el que flamantes organizaciones como Reporteros Sin Fronteras (RSF) o la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) jamás se solidarizarán, ni manifestarán la más mínima protesta contra el gobierno de Uribe por coartar flagrantemente la libertad de prensa que supone su detención. Esas flamantes organizaciones internacionales creadas por los poderosos, tienen en realidad otros objetivos, que no son precisamente la defensa de los periodistas y la libertad de expresión. Los verdaderos objetivos de esas organizaciones, son, calumniar, acosar, desestabilizar y atentar contra gobiernos de izquierda. Organizaciones, que Fredy Muñoz Altamiranda, a ayudado a desenmascarar.

Una nota de Pascual Serrano, colega, compañero y amigo de Fredy Muñoz Altamiranda, publicada en Rebelión, dice entre otras cosas:

“Hace meses que pensé que Fredy podría aparecer asesinado en cualquier momento a manos de sicarios y paramilitares que quisieran acallar una voz que llevaba la verdad de Colombia y su conflicto armado a la audiencia internacional de TeleSUR. Sin duda, la idea de descartar esa opción y elegir mejor la detención bajo la acusación de rebelión y terrorismo se ajusta mejor al objetivo de crear una crisis entre Colombia y Venezuela; poner en una situación delicada al presidente venezolano y querer erosionar la legitimidad y credibilidad de TeleSUR.

“Efectivamente, Fredy Muñoz es acertadamente señalado como responsable de rebelión y terrorismo. Rebelión contra la mentira y la manipulación que intenta ocultar la verdad de Colombia, y eso, sin duda, provoca terror a altos responsables del gobierno colombiano”.

Notimundo, se solidariza con Fredy Muñoz Altamiranda, su familia y el Canal TeleSUR. Se une al clamor nacional e internacional que clama el respeto al Derecho de Libre Expresión consagrado en la Constitución colombiana, y a la inmediata puesta en libertad de nuestro amigo, colega y compañero.

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