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Bush, parece empecinado en no cambiar curso en Irak

Washington – Pocas semanas después de haber prometido un nuevo enfoque en la guerra de Irak como consecuencia de la derrota de su partido en las elecciones legislativas, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, no parece dispuesto a un gran cambio en el curso

Mujeres chiitas
Un grupo de mujeres chiitas portan fotos de clérigos chiitas mientras participan de una demostración en Sadr, barrio pobre de Bagdad el 20 de octubre de 2006. El ejército de Estados Unidos reconoció fracaso de su estrategia y anunció que revisará los planes de seguridad para Irak. | AFP

Redacción Central |

Washington – Pocas semanas después de haber prometido un nuevo enfoque en la guerra de Irak como consecuencia de la derrota de su partido en las elecciones legislativas, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, no parece dispuesto a un gran cambio en el curso

Bush está pasando su semana de vacaciones en consultas en su hacienda de Texas, preparándose para uno de los momentos más aciagos de su presidencia, un discurso sobre política a principios del próximo año que trazará lo que él ha llamado “un nuevo camino hacia adelante” en Irak.

A pesar de dar la impresión de estar considerando seriamente una variedad de ideas sobre cómo manejar una guerra cada vez más impopular, que ha causado la muerte de cerca de 3.000 soldados estadounidenses y decenas de miles de iraquíes, Bush ha dejado en claro que algunas opciones están fuera de los límites.

Bush dejó de lado una propuesta de un panel bipartidista para que le pida ayuda a Irán y Siria, rivales de Estados Unidos, para estabilizar Irak y, en vez de hablar sobre reducción de tropas estadounidenses, se dice que está analizando un aumento temporal.

Eso hace que los críticos predigan que Bush, quien se enorgullece de apegarse a sus decisiones, anunciará poco cambio real.

“Está ahora atrapado entre admitir que la guerra fue un error y que su política ha fracasado, o intentar perseverar,” dijo Joseph Cirincione, analista de política exterior del Center for American Progress, una institución académica liberal de Washington.

“Parece que el presidente prefiere dejar que toda la operación se derrumbe en llamas antes que admitir que estaba equivocado,” agregó.

REAFIRMANDO RELEVANCIA

Con el Congreso en receso, la aparente reticencia de Bush a inclinarse también se ve como un intento de reafirmar su relevancia y salvar sus últimos dos años en el cargo.

Sus problemas de política nacional seguramente se profundizarán a partir del 4 de enero, cuando su partido Republicano ceda formalmente el control del Congreso a los demócratas, quienes ganaron las elecciones del 7 de noviembre con un triunfo ampliamente interpretado como un reproche a su política en Irak.

Bush aceptó entonces que el descontento de los votantes por el manejo de la guerra había ayudado a alimentar las derrotas de su partido, y rápidamente destituyó al secretario de Defensa Donald Rumsfeld, una medida buscada largamente por los demócratas y algunos republicanos.

Importantes legisladores demócratas están presionando por un cronograma para el retiro de las fuerzas estadounidenses, lo cual Bush rechaza.

“Este no es un momento para la terquedad, ni es un momento para soluciones a medias,” escribió en el Washington Post el senador demócrata John Kerry, quien en el 2004 perdió contra Bush las elecciones presidenciales.

Un informe difundido este mes por parte del Grupo de Estudio de Irak, copresidido por el ex secretario de Estado James Baker, sumó presión para cambios de gran alcance en la política de Irak.

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