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“Los países latinoamericanos están escapando del control estadounidense, moviéndose hacia políticas independientes e integración económica”

¿En qué medida es un desafío para Washington la llegada al poder de figuras como Evo Morales en América Latina?Es un desafío extremadamente serio, particularmente porque tiene lugar junto a otros cambios en el hemisferio…

Redacción Central |

¿En qué medida es un desafío para Washington la llegada al poder de figuras como Evo Morales en América Latina?
Es un desafío extremadamente serio, particularmente porque tiene lugar junto a otros cambios en el hemisferio…

…Desde Venezuela a Argentina, los países de la región están escapando del control estadounidense, moviéndose hacia políticas independientes e integración economica. Están comenzando a revertir los patrones de dependencia de potencias extranjeras y el aislamiento entre sí que vienen desde la época de la conquista española.

La elección de Morales refleja el ingreso de la población indígena en el escenario político en el continente, en Chiapas, desde Bolivia a Ecuador y en otras partes, donde se escuchan llamados a una “nación indígena”.

Junto a otras fuerzas populares, los pueblos indígenas están exigiendo el control sobre sus propios recursos, lo que representa una seria amenaza para los planes de Washington de tener acceso a los recursos del hemisferio occidental, especialmente energéticos. Esto es especialmente cierto en Bolivia, que tiene las mayores reservas de gas de la región después de Venezuela.

Reacción

Los cambios en la región son en parte una reacción al efecto desastroso de las políticas económicas neoliberales impuestas durante 25 años por las instituciones financieras internacionales (IFI) dominadas por Estados Unidos. No es un secreto ni para los economistas, ni para las poblaciones de los países en cuestión, que en aquellas naciones que siguieron las recomendaciones de las IFI (como se hizo en América Latina) ha habido una marcada caída en el crecimiento y en el progreso en materia de indicadores sociales. Esto en comparación con periodos anteriores, y -en forma dramatica- en contraste con países que ignoraron esas recomendaciones, notablemente en el Sudeste Asiático, que implementó políticas más cercanas a las que posibilitaron el desarrollo de los países ricos.

Bolivia había seguido rigurosamente las reglas de las IFI –excepto cuando la revuelta popular obligó a dejarlas a un lado- y sufrió una caída en su ingreso per capita, como apuntó recientemente el economista Mark Weisbrot.

Argentina -hace unos años el niño modelo del Fondo Monetario Internacional- sufrió un colapso desastroso, y luego se recuperó mediante la violación radical de las reglas de las IFI, no satisfaciendo a Washington o al capital internacional.

Argentina está pagando ahora casi un billón de dólares para “librarse para siempre” del FMI, que, en palabras del presidente argentino Néstor Kirchner, “actuó con nuestro país como un promotor y un vehículo de políticas que causaron la pobreza y el dolor de los argentinos”.

Ayuda

Argentina ha sido ayudada por Venezuela, que compró una gran parte de la deuda argentina y también le vendió petróleo a bajo costo. La reciente entrada de Venezuela al Mercosur fue descrita por Kirchner como un “hito” en el desarrollo del bloque, y fue calificada por el presidente Lula de Brasil como “un nuevo capítulo en nuestra integración”.

En un encuentro convocado para marcar el ingreso de Venezuela, el presidente Chávez dijo que “no podemos permitir un proyecto puramente económico, para las élites y las transnacionales”, en referencia al Acuerdo de Libre Comercio para las Américas, ALCA, el proyecto promovido por Washington que ha suscitado fuerte oposición de la opinión pública.

Venezuela y otros en la región están aumentando los lazos económicos con China y con la Unión Europea. También se está dando en términos más amplios una integración sur-sur (especialmente con Brasil, India y Sudáfrica). Todo esto preocupa profundamente a Washington.

¿Se ha vuelto irrelevante para EE.UU. que cada vez más gobiernos de la región sean de izquierda?

Todo lo contrario. Es un problema serio para Washington, un desafío a los principios básicos de la doctrina Monroe formulada hace 180 años. Estados Unidos no tuvo el poder para implementar esta doctrina en el hemisferio hasta la Segunda Guerra Mundial, pero desde entonces lo ha hecho por medios que van desde la extrema violencia a los controles económicos. Estos medios, sin embargo, ya no están disponibles, tal como aprendieron tristemente los estrategas del presidente Bush cuando apoyaron el fallido intento de golpe en Venezuela en 2002.

Estos medios de dominación se ven además socavados por la tendencia hacia la integración de las economías en la región, por la diversificación de las relaciones internacionales, la búsqueda del control sobre los recursos nacionales y el rechazo a las recetas de las instituciones financieras internacionales.

Dolores de cabeza

Todo esto ha causado muchos dolores de cabeza a Washington, que ha reaccionado. Bajo la dudosa cubierta de la “guerra contra el narcotráfico” y de la “guerra contra el terror”, Washington ha incrementado más la ayuda militar y policial que la social y economica . El entrenamiento de tropas latinoamericanas ha aumentado marcadamente. El Comando del Sur (SOUTHCOM) tiene ahora más personal en América Latina que la mayoría de las agencias federales civiles combinadas, y su foco son el “populismo radical” y otros asuntos internos.

El entrenamiento militar pasó de las manos del Departamento de Estado al Pentágono (Departamento de Defensa), quedando liberado de lo que era al menos una supervisión mínima por parte del Congreso en materia de derechos humanos y respeto a la democracia.

Estados Unidos está estableciendo bases militares a lo largo del hemisferio. Pero los medios tradicionales de subversión, intervención militar y control económico se han debilitado seriamente.

¿Sigue siendo EE.UU., como creen algunos, el imperio todopoderoso y factor crucial en el destino económico o político de la región?

Estados Unidos nunca fue “todopoderoso” y ahora aún menos. A pesar de ello, aun domina al continente y al mundo, ciertamente en materia de poder militar.

Aunque con la evolución de un orden económico tripolar en recientes décadas (America del Norte, Europa, Noreste Asiático con crecientes vínculos con el resto de Asia) y con los cambios en el sur, la dominación económica estadounidense ni siquiera se acerca a lo que fue en el pasado y, de hecho, es bastante frágil.

Análisis más profundo

Una mirada a fondo sobre este tema requeriría, sin embargo, un análisis más profundo de qué queremos decir por “Estados Unidos”. Si nos referimos a la población estadounidense, la dominación es menor. Pero si nos referimos a los que de hecho son los dueños del país, el sistema corporativo, el panorama es diferente.

Por ello el famoso “deficit de la balanza comercial” estadounidense se achica considerablemente cuando consideramos a las importaciones de multinacionales de EE.UU. y sus subsidiarias en el exterior como exportaciones estadounidenses, lo cual es apropiado si identificamos al país con quienes en gran medida son dueños del mismo.

¿Será A. Latina aún menos prioritaria para EE.UU. debido a la guerra en Irak y otros eventos de mayor importancia para Washington?

Sospecho que América Latina estará muy alta en la lista de prioridades de EE.UU. Mientras Latinoamérica era silenciosa y obediente, parece haber sido ignorada por EE.UU.. Digo “parece”, porque en realidad, su subordinacion se daba por garantizada y las políticas hacia la región se diseñaban de acuerdo a ello.

Esta postura de aparente negligencia hacia la región cambió rápidamente cuando hubo señales de independencia. Recordemos que la extrema hostilidad de EE.UU. hacia Cuba desde 1959 es atribuída en documentos internos al “desafío exitoso” por parte de Cuba hacia políticas estadounidenses que se remontan a la Doctrina Monroe.

El desafío es intolerable de por sí, pero más aún cuando, como es el caso con Cuba, se teme que el éxito de ese desarrollo independiente pueda ser un “ejemplo contagioso” que “infecte” a otros, parafraseando términos utilizados por Kissinger al referirse al Chile de Allende. Kissinger temía que Chile podía incluso llegar a “infectar” al sur de Europa, una preocupación que compartía con Leonid Brezhnev.

Además, como he señalado, los estrategas de Washington han dado por sentado que podrán contar con los ricos recursos de América Latina, en especial, en materia energética. Aún en los pronósticos más prudentes, puede decirse que no renunciarán a estos recursos con ecuanimidad.

Más allá de las declaraciones y diferencias entre Washington y mandatarios como Hugo Chávez, ¿son mucho más importantes otras herramientas en el juego de poder? ¿Son más importantes hoy otros mecanismos de presión como el cierre de mercados o la modificación de aranceles?

La integración económica internacional es de enorme relevancia, pero no debemos caer en apreciaciones erróneas que son frecuentes. Los mecanismos desarrollados e impuestos por Estados Unidos y sus aliados no son “tratados de libre comercio”.

Son una mezcla de liberalización y proteccionismo diseñada –no sorprendentemente- en interés de sus creadores: las corporaciones multinacionales y los Estados que están a su servicios como “herramientas y tiranos”, para utilizar la expresión con que James Madison describió el surgimiento del capitalismo de Estado en sus inicios.

Los acuerdos comerciales garantizan ampliamente el derecho a fijar precios de monopolio. También privan a los países en desarrollo de los mecanismos que emplearon las sociedades industrializadas ricas para alcanzar su estado actual. Además de ello, lo que se llama “comercio” es en parte una ficción economica, que incluye vastas transferencias intrafirma dentro de las economías ricas, que no constituyen más “comercio” que el del Kremlin cuando producía componentes en Leningrado, los transportaba a Polonia para su ensamblaje y luego los enviaba para su venta a Moscú, en una “exportación” e “importación” que atravesaba fronteras formales.

Dependencia del Estado

Aún dejando todo eso de lado, las economías de los países ricos, y especialmente Estados Unidos, dependen en gran medida del dinámico sector estatal para socializar el costo y el riesgo y privatizar las ganancias.

Y los acuerdos apenas pueden llamarse “acuerdos”, al menos si consideramos al pueblo parte esencial de estas sociedades. Estos acuerdos, impuestos prácticamente en secreto, han sido tremendamente impopulares, en la medida en que pueblo ha ido conociendo su contenido…

En el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés), las únicas palabras acertadas son “América del Norte”. Sin embargo, la eficacia de estos mecanismos depende en última medida de la aceptación publica, y como ha quedado en evidencia recientemente en América Latina, esa aceptación está lejos de estar asegurada.

Nota:

BBC Mundo conversó sobre América Latina con Noam Chomsky, intelectual estadounidense, autoridad mundial en lingüística, profesor del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT); Otto Reich, ex asesor del presidente Bush y ex subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos; y Eduardo Galeano, escritor y pensador uruguayo autor de “Las venas abiertas de Latinoamérica”.

Lea y compare sus respuestas en: Tres visiones de un cambio

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