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El ex dictador chileno Augusto Pinochet sólo tendrá honores militares

Santiago de Chile – El ex dictador chileno Augusto Pinochet murió este domingo, Día Internacional de los Derechos Humanos, a los 91 años, una semana después de sufrir un infarto y sin haber sido condenado por ninguno de los actos denunciados de su régimen de 17 años que dejó más de 3.000 muertos y desaparecidos

Manifestación en Chile
Un hombre es arrestado por la policía antidisturbios detrás el palacio presidencial de La Moneda en Santiago, durante manifestaciones tras la muerte del ex dictador chileno Augusto Pinochet, el 10 de diciembre de 2006. | AFP

Redacción Central |

Santiago de Chile – El ex dictador chileno Augusto Pinochet murió este domingo, Día Internacional de los Derechos Humanos, a los 91 años, una semana después de sufrir un infarto y sin haber sido condenado por ninguno de los actos denunciados de su régimen de 17 años que dejó más de 3.000 muertos y desaparecidos

Pinochet será cremado el martes sin un funeral de Estado ni duelo nacional, pero con honores militares como ex jefe del Ejército y con la autorización de colocar la bandera a media asta únicamente en unidades militares, informó el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet.

El ex dictador murió a las 14h15 hora chilena (17h15 GMT, cuarenta y cinco minutos después de haber sufrido “una crisis cardiaca múltiple, una recaída brusca e inesperada”, dijo el doctor Juan Ignacio Vergara, jefe del equipo que atendía a Pinochet en el Hospital Militar de Santiago.

El secretario general de Gobierno, Ricardo Lagos Weber, señaló que se “ha autorizado banderas a media asta en los recintos del Ejército y sus unidades militares”.

El Ejército anunció que se realizarán varias misas entre lunes y martes en la Escuela Militar de Santiago, donde su féretro permanecerá en capilla ardiente.

Bachelet ya había indicado que le violentaría encabezar un funeral por el ex militar, responsabilizado por la muerte y desaparición de más de 3.000 personas durante su régimen, del que ella también fue víctima al haber sido encarcelada y torturada en 1975 en uno de los centros clandestinos de la dictadura.

Tras el anuncio de la muerte, 5.000 detractores del ex dictador se congregaron en la céntrica Plaza Italia para celebrar su muerte en un estallido de júbilo que se prolongó en una marcha y llegó hasta las cercanías del palacio presidencial de La Moneda.

La manifestación desembocó en violentos enfrentamientos con la Policía, que impidió a los manifestantes acercarse a la sede del Gobierno y utilizó chorros de agua y gases lacrimógenos para dispersarlos, con un balance inicial de seis policías heridos y un número impreciso de detenidos.

Mientras tanto en las afueras del Hospital Militar, en un barrio exclusivo de Santiago, unos 2.000 partidarios del ex dictador se congregaron en una espontánea demostración de pesar por su deceso, que también degeneró en desórdenes y ataques de los manifestantes a la prensa.

En Estados Unidos –país que bajo otro gobierno republicano apoyó el golpe de Estado en Chile–, la Casa Blanca estimó que la dictadura “de Augusto Pinochet en Chile representa uno de los períodos más difíciles en la historia de ese país”.

En Londres, la ex primera ministra británica conservadora Margaret Thatcher -quien mantuvo una estrecha relación con Pinochet- dijo estar “profundamente triste” por la muerte del ex dictador.

Pero el gobierno laborista de Tony Blair tomó distancias y prefirió “rendir homenaje a los notables avances que Chile hizo durante los últimos 15 años como democracia abierta, estable y próspera”, declaró la ministra británica de Relaciones Exteriores, Margaret Beckett.

En España el gobernante Partido Socialista Obrero Español calificó a Pinochet como “un personaje detestable de la historia”, mientras la oposición de derecha del Partido Popular lo calificó como “una lacra para su país”.

En París la abogada francesa Sophie Thonon, defensora de familias de desaparecidos franceses en Chile, expresó “un gran sentimiento de cólera contra esta justicia francesa, chilena, y la de otros países que no tomaron la medida del tiempo para juzgar a Pinochet”.

Amnistía Internacional (AI) indicó este domingo que la muerte de Pinochet debe ser la ocasión para que los poderes públicos en el mundo tomen conciencia de la importancia de la celeridad de la justicia contra los responsables de violaciones de los derechos humanos.

Pinochet encabezó un golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973 que derrocó al socialista Salvador Allende, quien se suicidó ese mismo día en el Palacio de La Moneda.

Durante 17 años, Pinochet encabezó un régimen de mano dura que llegó a su fin en 1990, tras un plebiscito en 1988, en el que más del 53% de los votantes dijo “No” a la continuación de la dictadura.

Su alejamiento del gobierno no le impidió conservar el mando militar, que ocuparía durante los ocho años siguientes.

La derecha del país se desmarcó de la dictadura pero reconoce que el gobierno de Pinochet sentó las bases económicas de la prosperidad chilena.

El ocaso para Pinochet empezó en octubre de 1998 cuando viajó a Londres y allí fue arrestado y expuesto a un juicio público.

Desde entonces fue sometido a numerosos juicios por violaciones de los derechos humanos y corrupción. Pero en ninguno de los casos fue condenado.

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