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Noboa, un millonario sediento de poder en Ecuador

Quito – El magnate Alvaro Noboa tiene un imperio que se extiende por América, Europa y Asia, pero sus sueños de grandeza lo tienen inmerso desde hace una década en una cruzada para captar la presidencia de Ecuador y convertirse en el hombre más poderoso en la turbulenta historia del país

Alvaro Noboa
El candidato presidencial ecuatoriano Alvaro Noboa durante un mitin en Quito. El magnate Alvaro Noboa tiene un imperio que se extiende por América, Europa y Asia, pero sus sueños de grandeza lo tienen inmerso desde hace una década en una cruzada para captar la presidencia de Ecuador y convertirse en el hombre más poderoso en la turbulenta historia del país. | Reuters

Redacción Central |

Quito – El magnate Alvaro Noboa tiene un imperio que se extiende por América, Europa y Asia, pero sus sueños de grandeza lo tienen inmerso desde hace una década en una cruzada para captar la presidencia de Ecuador y convertirse en el hombre más poderoso en la turbulenta historia del país

El hombre más rico de Ecuador encontró en la política el espacio para superar a su difunto padre, Luis, un lustrabotas que erigió de la nada una de las cinco mayores exportadoras de banano del mundo que opera comercialmente bajo la marca de Bonita Banana, pero que siempre despreció un cargo público.

El empresario de 56 años podría conjugar los poderes económico y político si consigue que los ecuatorianos apoyen el domingo su plan de convertir al país en un modelo del capitalismo y desechen las promesas de una revolución constitucional que promete su rival, el nacionalista Rafael Correa.

La presidencia se convertiría en el pico de una carrera que inició con su paso por el directorio del Banco Central de la mano del ex presidente populista Abdalá Bucaram (1996-1997).

Además le permitiría superar a la aún popular imagen de su padre, fallecido en 1994, con quien compartía el amor por el poder, pero con quien nunca pudo trabajar por caracteres diferentes.

“He sido primero en todo en la vida. Tengo mucha seguridad en mí mismo,” dijo en una entrevista Noboa, a quien el Wall Street Journal describió como el propietario de un “ego tan grande como uno de sus buques,” lo que lo conduce a inflar sus acciones.

Tras dos postulaciones presidenciales fallidas en 1998 y 2002, Noboa ha aprendido a capitalizar electoralmente las ventajas de su riqueza y las fallas del inestable sistema democrático del país andino en su tercer intento.

Apuesta así a que, con una mezcla de un discurso mesiánico y la donación de alimentos a los miles de pobres que lo siguen, pase a ser residente del Palacio de Carondelet, una vieja estructura colonial en Quito que alberga a las oficinas presidenciales y que dista mucho del cómodo departamento que Noboa tiene en una de las áreas más exclusivas de Nueva York.

El magnate bananero -quien ha enfrentado acusaciones de usar el poder político que ha ido acaparando para beneficiar a sus empresas y ha sido protagonista de polémicos pactos legislativos que según muchos han minado las bases de la democracia- cree firmemente que la tercera será la vencida.

“Hasta los de 80 se casan. Nunca pasa la oportunidad,” aseguró Noboa -quien enfrenta problemas de dicción y de manejo corporal- al ser consultado por medios locales si alguna vez pensó en abandonar su lucha por la presidencia de un país que ha visto desplomarse a tres mandatarios desde 1996.

LLUVIA DE ACUSACIONES

La disputa con Correa ha desatado nuevamente fantasmas que lo han perseguido a lo largo de su vida empresarial, que van desde acusaciones de explotar infantes en sus plantaciones bananeras hasta haber reprimido a bala una protesta laboral en una de sus haciendas insignias en el 2002.

A esto se suman las dudas respecto a los mecanismos legales a los que apeló para obtener la herencia de su padre, sus otrora tensas relaciones con sus hermanos y la viabilidad de sus promesas que incluyen la construcción anual de 300.000 casas para los pobres, a un ritmo de 822 por día.

La balanza la equilibra su esposa, Anabella Azin, una médica que suaviza su imagen en los sectores que desconfían de su esposo liderando cruzadas hospitalarias y una fundación de ayuda social al más puro estilo de la mítica Eva Perón.

Además, Azin asumirá un puesto en el Congreso unicameral a instalarse en enero.

Noboa está seguro que saldrá airoso de las acusaciones de sus detractores en el crucial balotaje, una instancia a la que arriba por tercera vez en su década de vida política. En las contiendas previas cayó derrotado por el centrista Jamil Mahuad y el militar retirado Lucio Gutiérrez.

Ni Mahuad ni Gutiérrez completaron sus períodos en medio de revueltas alimentadas por sus pobres bloques parlamentarios, algo con lo que Noboa no deberá lidiar puesto que contará con 28 de los 100 escaños, una suerte de escudo contra cualquier intento de insurrección.

Sin embargo, sus críticos dicen que sus promesas de más trabajos y mejores sueldos podrían ser difíciles de mantener y que su llegada al poder podría generar un conflicto de intereses con el Estado por los tentáculos de su imperio y pondrá a sus empresas en la mira pública.

“Yo quiero llevar la bandera del éxito económico en este país,” recalcó en un reciente mitin Noboa, quien en su juventud coqueteó con movimientos comunistas que operaban en una universidad estatal en la que obtuvo su título de abogado y en la que se educan los pobres de Guayaquil.

El rechoncho empresario que lidera su partido no es un amante de las derrotas. Al día siguiente de cada revés, Noboa ha puesto en marcha una millonaria campaña mediática para promocionar su próxima candidatura. Las urnas determinarán si debe emprender la lucha o si la búsqueda llegó a su fin.

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