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Saddam Hussein condenado a muerte en la horca

BAGDAD – El ex presidente iraquí Saddam Hussein y dos de sus más estrechos colaboradores fueron condenados el domingo a morir en la horca luego de ser declarados culpables de cometer crímenes contra la humanidad por un tribunal iraquí en Bagdad.

Saddam Hussein
El ex presidente iraquí Saddam Hussein grita tras escuchar el veredicto de la corte que lo condenó a muerte en la horca. | AFP

Redacción Central |

BAGDAD – El ex presidente iraquí Saddam Hussein y dos de sus más estrechos colaboradores fueron condenados el domingo a morir en la horca luego de ser declarados culpables de cometer crímenes contra la humanidad por un tribunal iraquí en Bagdad.

El juez Rauf Rashid Abdel Rahman pidió a varios guardias de la corte que obligaran a Saddam a ponerse en pie ante el Alto Tribunal Penal iraquí, mientras el ex presidente, tembloroso y con una copia del Corán en su mano izquierda, intentaba acallar el veredicto a gritos.

«Pónganlo en pie», ladró Abdel Rahman, mientras Saddam Hussein rogaba a los guardias: «¡No me tuerzan los brazos, no me tuerzan los brazos!».

Haciendo caso omiso a sus pedidos, un guardia del tribunal sostuvo las manos de Saddam detrás de su espalda mientras Abdel Rahman, gritando más fuerte que el ex presidente para hacerse escuchar, declaró: «Se debe implementar la pena más severa».

Saddam fue condenado a muerte por su papel en la muerte de 148 habitantes chiitas del poblado de Dujail, al norte de Bagdad, a comienzos de los años 80.

Mientras era conducido de regreso a su silla, con los brazos aún sujetos a la espalda, clamó: «¡Larga vida a Irak, larga vida a los iraquíes! Alá es más grande que el ocupante».

Su hermanastro y ex jefe de los servicios de inteligencia iraquíes, Barzan al Tikriti, también fue sentenciado a muerte, así como Awad Ahmed al Bandar, ex presidente del tribunal ilegal que ordenó la ejecución de los chiitas.

El ex vicepresidente iraquí Taha Yassin Ramadan fue condenado a cadena perpetua, mientras que tres ex responsables del partido Baas en Dujail fueron sentenciados a 15 años de prisión cada uno, y un cuarto responsable local fue absuelto.

Los estatutos del tribunal, sin embargo, prevén un procedimiento automático de apelación en caso de condena a muerte o cadena perpetua, lo que podría aplazar semanas o incluso meses la ejecución de las sentencias.

El proceso de apelación se iniciará el lunes. Saddam Hussein será ejecutado en un plazo de 30 días desde la fecha en que la corte de apelación confirme la condena, si esa es la decisión que adopta.

Sadr City, el principal bastión chiita al este de Bagdad, estalló de alegría al conocer el veredicto. Un millar de personas marchaban, agitaban banderas, denunciaban a Saddam y alababan a su héroe, el líder religioso radical Moqtada al Sadr.

El resto de la ciudad se hallaba bajo un férreo toque de queda para prevenir reacciones violentas de los simpatizantes de Saddam Hussein en el seno de la minoría sunita, que fue favorecida durante los 24 años de su régimen.

El ejército iraquí se hallaba en alerta a raíz del veredicto y también se impuso el toque de queda en otras dos provincias del país: Diyala, blanco de la violencia sectaria, y Salaheddin, región natal de Saddam.

En el poblado sunita de Dawr, cerca de Tikrit (norte de Bagdad), pueblo natal de Saddam, grupos de manifestantes se reunieron para apoyar al presidente derrocado en 2003, señaló un portavoz del centro de coordinación de la seguridad local.

«Cantaban Con nuestra sangre, con nuestras almas, te redimimos Saddam », dijo el portavoz policial Hamed el Duri.

Saddam «vivió como un héroe y morirá como un héroe», dijo en Tikrit el jeque al Nadawi, líder del grupo de tribus Baigat al que pertenece el ex dictador. «La corte fue instalada por sus rivales (…) Es una farsa histórica», añadió.

Los acusados fueron sentenciados por ordenar salvajes castigos colectivos contra el pueblo de Dujail luego de que agentes del partido Dawa del actual primer ministro, Nuri al Maliki, intentaran asesinar allí a Saddam en 1982.

Los huertos de la comunidad fueron destrozados y 148 civiles chiitas fueron arrastrados ante un tribunal ilegal del partido Baas y condenados a muerte.

El juicio contra Saddam y sus cómplices aún lleva inscrito una poderosa carga política, más de tres años y medio después del derrocamiento del ex presidente en la invasión liderada por Estados Unidos, y en medio de la actual violencia entre chiitas y sunitas y la ocupación de las fuerzas estadounidenses.

La mayoría chiita de Irak aprovechó la caída del gobernante sunita y de la vieja élite para hacerse con el poder y buscar venganza por crímenes como la destrucción de Dujail, mientras el país se ha deslizado en una guerra entre confesiones.

Muchos de los rebeldes sunitas que combaten al gobierno iraquí, apoyado por Estados Unidos, son leales a la memoria de Saddam. El mes pasado, por ejemplo, jefes tribales desfilaron en Kirkuk (norte) con retratos del depuesto líder y exigiendo su regreso al poder.

Estos grupos armados, incluido el Ejército Islámico de Irak, compuesto por ex miembros del partido Baas y veteranos de las fuerzas armadas de Saddam, han estado en primera línea de batalla en los combates contra las fuerzas estadounidenses y del actual gobierno iraquí.

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