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Marchan en Colombia para pedir al gobierno que negocie canje con guerrilla

BOGOTA – Familiares de los secuestrados por las FARC manifestaron el martes en Bogotá para reclamar al gobierno que reanude los contactos para un canje humanitario con rebeldes presos

marcha en bogota
Foto: AFP
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Redacción Central |

BOGOTA – Familiares de los secuestrados por las FARC manifestaron el martes en Bogotá para reclamar al gobierno que reanude los contactos para un canje humanitario con rebeldes presos

Unas quinientas personas entre familiares de los secuestrados, políticos de izquierda y representantes de organizaciones sociales, protestaron en la céntrica plaza de Bolívar contra el anuncio del gobierno de rescatar a los rehenes militarmente y poner fin a los contactos para un canje humanitario con guerrilleros presos.

Yolanda Pulecio, madre de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, rehén de las FARC desde febrero de 2002, dijo a la AFP que siente que «Ingrid está viva, pero en terrible peligro», al aludir a la decisión de Uribe, en reacción a un atentado dinamitero a instalaciones militares, que el gobierno atribuyó a las FARC.

Clara González de Rojas, la anciana madre de Clara Rojas, secuestrada con Bertancourt, dijo también a la AFP que no podemos «permitir que nuestros sueños de volver a verlos (a los secuestrados) se acaben».

Por su parte, el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Nicholas Burns, quien inició este martes una visita de tres días a Colombia, dijo en conferencia de prensa que Washington no ha olvidado a los tres estadounidenses en poder de las FARC, y que forman parte de los 58 que el grupo insurgente pretende canjear.

Uribe se declaró «frustrado» al conocer las «evidencias» que le mostró el ministro de Defensa sobre la responsabilidad de las FARC en el atentado del jueves pasado y dijo que ante la andanada de críticas, tanto internas como de otros gobiernos a su decisión, «el mundo debería reclamarle a las FARC que liberen a los secuestrados».

«El gobierno no avanzará en el acuerdo humanitario mientras persistan acciones terroristas», dijo al defender su decisión.

El mandatario colombiano se declaró dispuesto a reunirse con sus colegas de Suiza, Francia y España (países que actuaban como facilitadores del canje) para «decirles si podrían ellos, en medio de carros bombas, seguir buscando la decisión de dar una zona de encuentro a un grupo cuya respuesta es explotar esos carros bomba».

«Lo que el mundo les debería decir es entreguen a los secuestrados o quedan condenados eternamente como terroristas , lo que no puede tener el mundo es esas vacilaciones frente a ellos», subrayó a la radio RCN.

El alto consejero presidencial Fabio Valencia, señaló que aún no están cerradas las puertas al canje.

«El presidente (Uribe) dejó abierta la puerta en el sentido de que cuando las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) dejen de utilizar el terrorismo puede volver a intentar esto. Mientras se abren las puertas y se siga respondiendo con bombas, es muy difícil», enfatizó Valencia en diálogo con la AFP.

La protesta realizada este martes en Bogotá fue una prolongación de la que realizaron el sábado en Cali (477 km al suroeste de Bogotá), familiares de los 12 diputados (legisladores municipales) de esa región del país, que están en poder de las FARC desde 2002, y el abrebocas a otra serie de manifestaciones que incluyen peregrinaciones a centros religiosos.

Sin embargo, algunos familiares de secuestrados también se han declarado en favor del rescate militar. «No tenemos alternativa ante la falta de seriedad de la guerrilla», aseguró Jorge Marulanda, hermano del soldado Ricardo Marulanda, secuestrado hace nueve años por el grupo rebelde.

Las FARC habían propuesto intercambiar a 500 rebeldes presos por 58 de los centenares de secuestrados en su poder, que incluyen a Betancourt (que tiene nacionalidad francesa), a tres estadounidenses, así como a políticos, militares y policías, algunos de ellos cautivos desde hace ocho años.

Uribe había aceptado en diciembre una propuesta más limitada de Francia, España y Suiza, para que la «zona de despeje» fuera de 180 km, pero el viernes, como reacción al atentado suspendió los acercamientos.

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