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Balance de un sangriento mes del Ramadán en Irak: 79 soldados estadounidenses muertos

Mañana finaliza el mes santo del Ramadán en Irak con el día del Eid al Fitr, festividad musulmana que pone fin al ayuno diurno; y con ella terminará uno de los meses más aciagos para las tropas estadounidenses desde la ocupación del país en 2003

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Redacción Central |

Mañana finaliza el mes santo del Ramadán en Irak con el día del Eid al Fitr, festividad musulmana que pone fin al ayuno diurno; y con ella terminará uno de los meses más aciagos para las tropas estadounidenses desde la ocupación del país en 2003

En total, han muerto hasta el momento 79 soldados estadounidenses desde que comenzó el mes de octubre, el más sangrante para las tropas norteamericanas desde hace dos años.

El Ramadán es el noveno mes del calendario musulmán y comenzó oficialmente cuando es visible el primer cuarto creciente después de la luna nueva, es decir, un par de días después, el día 23 diciembre. Durante el Ramadán, los musulmanes se abstienen de comer, beber, fumar y practicar sexo del alba al crepúsculo. Sin embargo, ni siquiera en esto se pusieron de acuerdo chiíes y suníes, ya que los primeros defendían que el mes santo comenzaba el 25, no el 23.

Días antes de que comenzase el mes santo musulmán las autoridades iraquíes y la coalición ocupante admitían sin pudor que esperaban un importante repunte de la violencia durante este periodo de exacerbado sentimiento religioso.

El nuevo líder de Al Qaeda en Irak, Abu Ayyub al Masri, inauguró de forma sangrienta el mes santo con un vídeo comunicado publicado el 23 de septiembre en el que aparecían él y otros dos miembros de su organización ejecutando a un ciudadano turco. Abu Ayyub al Masri, también conocido como Abu Hamza al Muhajer, asumió la dirección de Al Qaeda en Irak tras la muerte del jordano Abu Musab al Zarqaui en un bombardeo estadounidense el 7 de junio. Pocos días después, en otro vídeo, emplazaba a los musulmanes a hacer del Ramadán el «mes de la guerra santa». Al Masri se dirigió directamente a los insurgentes de Irak y les instó a capturar a “perros occidentales” para luego intercambiarlos por un dirigente islamista detenido en Estados Unidos.

Al comunicado de Al Qaeda le siguió un acto aún más violento, la detonación de un artefacto explosivo en un camión de cargado de combustible en el barrio predominantemente chií de Ciudad Sadr, en Bagdad. La bomba, oculta en un barril cerca de un tanque de queroseno, hizo explosión hacia las 10:00 horas (8:00 hora española) y mató a 37 personas e hirió a otras 30, la mayoría de las cuales aguardaban su turno para adquirir combustible para aprovisionarse precisamente con motivo del comienzo del Ramadán.

RECONCILIACIÓN

El primer ministro iraquí, Nouri al Maliki, también intentó calmar los ánimos con un discurso oficial en el que afirmaba que «estamos todos invitados a utilizar estos días para fortalecer los lazos de la hermandad y evitar cualquier cosa que pueda perjudicar a la sociedad iraquí». «Irak está viviendo un período muy delicado e histórico. O vivimos como hermanos queridos lado a lado y no divididos por el sectarismo, o Irak se convertirá en un área para ajustes de cuentas de partidos políticos», manifestó.

Pero la realidad es muy tozuda: «Estamos viendo un aumento de los ataques, como se esperaba, que buscan desprestigiar al Gobierno de Irak y específicamente el plan de seguridad de Bagdad», declaraba cuatro días después un portavoz del Ejército estadounidense, el teniente general William B. Caldwell. El plan de seguridad que citaba ya está desahuciado y esta misma semana se ha reunido Bush con la cúpula del Ejército en Irak para preparar un posible cambio de estrategia.

El 8 de octubre se registraron 26 muertos, el mismo día en que entre 350 y 400 agentes de la Cuarta División de la Policía iraquí cayeron enfermos tras haber ingerido agua envenenada presuntamente por los insurgentes. A pesar de que las primeras informaciones apuntaban a la muerte de 11 agentes, éste extremo fue negado con posterioridad por las autoridades, que sólo admitieron la hospitalización de cuatro policías.

CAMBIO DE ESTRATEGIA

El propio presidente estadounidense, George W. Bush, intervino en el debate del Ramadán el 11 de octubre para restar importancia al incremento de la violencia argumentando que este repunte se producía año tras año coincidiendo con las fechas del mes santo musulmán. También aprovechó para rechazar la veracidad del informe publicado por esas fechas que apuntaba a al menos 500.000 muertos desde el inicio de la invasión.

Sin duda, el mes del Ramadán de 2006 ha cambiado la realidad iraquí, y ahora, a pocos días de las elecciones legislativas estadounidenses, ya no es tabú para los políticos norteamericanos hablar de «retirada» abiertamente, aunque sea progresiva.

Hoy mismo, senadores republicanos y demócratas urgieron a la Casa Blanca a incrementar la presión sobre el primer ministro iraquí, Nouri al Maliki, para que derrote a las milicias que «incitan la violencia y debilitan la democracia». «Si comienzan una guerra civil, se lo tenemos que decir: Vais a hacerlo sin nosotros », declaró el senador demócrata Carl Levin.

Tambíen John Kerry, senador por Massachusetts, consideró que el presidente estadounidense, George W. Bush, debería adoptar una línea más dura con los líderes iraquíes. «Creo que debería decir que ningún joven americano va a morir y dar su vida por los políticos iraquíes que rechazan los compromisos. Tienen que querer una democracia para ellos lo mismo que nosotros la queremos para ellos», agregó.

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