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EEUU. no quiere extraditar a Posada Carriles porque es su terrorista preferido

Hoy se cumplen 30 años de impunidad. Luis Posada Carriles, el asesino que conspiró para matar a sangre fría 73 pasajeros en un avión civil sobre una playa irónicamente llamada Paraíso disfruta de la protección y el albergue del gobierno de los Estados Unidos de América

Redacción Centraly Redacción Central |

Hoy se cumplen 30 años de impunidad. Luis Posada Carriles, el asesino que conspiró para matar a sangre fría 73 pasajeros en un avión civil sobre una playa irónicamente llamada Paraíso disfruta de la protección y el albergue del gobierno de los Estados Unidos de América

El gobierno de George W. Bush se burla de sus obligaciones legales de extraditar a este terrorista. Los compromisos jurídicos que el Presidente Bush desprecia no son simplemente una conveniencia política que la Casa Blanca puede maniobrar a su discreción. Son los pilares de la república. Burlarse de los tratados y convenciones internacionales que Washington ratificó anteriormente es burlarse de la Constitución de los Estados Unidos cuyo artículo VI establece que los tratados internacionales a los cuales el gobierno se ha comprometido son «la ley suprema de la nación».

Recientemente, en las Naciones Unidas, el Presidente Chávez le recomendó al pueblo estadounidense el estudio de un libro de Noam Chomsky. A esa astuta sugerencia del Presidente podría añadírsele que los norteamericanos lean la Constitución de su propio país. La que el mes pasado cumplió 219 años, y la que el gobierno de George W. Bush ha hecho talco en solo seis.

Estados Unidos acaba de aprobar un proyecto de ley que legaliza la tortura y elimina el derecho al habeas corpus. Una ley que le permite a Bush detener indefinidamente a cualquiera que considera un «enemigo», enjuiciarlo ante una comisión militar sin derecho a apelar y utilizar pruebas secretas o declaraciones obtenidas bajo tortura. Una ley que pretende inmunizar a los torturadores norteamericanos de las obligaciones, hasta ahora sacrosantas, de la Convención de Ginebra.

Yo vivo en Washington. Ahí tengo mi oficina. Le pregunto a mis vecinos y a otros abogados ¿cómo es posible que este Presidente no deje piedra sobre piedra de las convenciones internacionales, de los tratados, de las garantías constitucionales? Me responden que es porque no hay país que le haga sombra. Que el Presidente piensa que su poder militar es infinito, y que su capital político no toca fondo. Pero el poder militar sin justicia es terror, y el poder político sin justicia es tiránico.

Hoy conmemoramos la memoria de las victimas del terrorismo de estado que le cobró la vida a 73 personas, incluyendo a una niñita de 9 años llamada Harry Paul. Fueron asesinadas por terroristas que aún alardean sobre sus vínculos con la CIA.
Cincuenta y siete de los pasajeros a bordo de CU-455 eran cubanos y otros 11, guyaneses, que en su mayoría eran becarios de medicina en Cuba. Los otros cinco pasajeros eran coreanos. El promedio de edad de las víctimas era de 30 años.

Con el grupo viajaban 24 miembros del equipo cubano de esgrima, acabados de ganar medallas de oro en el Campeonato Juvenil de Esgrima en Caracas.

Los terroristas cocinaron su siniestro plan aquí en Caracas. En el Anauco Hilton. Aquí reclutaron a los autores materiales del delito, también vinculados (según ellos) a la CIA, y aquí consiguieron el explosivo C-4 que trasladaron al avión de Cubana de Aviación en un tubo de pasta de dientes. Dos explosiones convirtieron a la nave en un sarcófago envuelto en llamas. Los pasajeros que sobrevivieron las explosiones pasaron sus últimos 9 minutos de vida en una agonía inimaginable hasta que la nave se pegó al agua y estalló en pedazos.

La mayoría de los cadáveres que se rescataron del lugar del desastre estaban demasiado desfigurados para poder ser identificados por sus seres queridos. El informe forense describe el estado de los restos de Harry Paul, la niñita guyanesa de 9 años:

«Cadáver de una niña de aproximadamente nueve años de edad… Falta el cerebro. Sólo están los huesos faciales, el cuero cabelludo y el pelo. Los pulmones y el corazón están destruidos. El hígado y los intestinos están machucados. Falta el glúteo sobre la extremidad inferior derecha. Fractura múltiple de la tibia y el peroné …»

Ninguno de los pasajeros a bordo del avión sobrevivió.

El autor intelectual del homicidio de estas 73 personas indefensas es Luis Posada Carriles. Lo sabemos no porque lo dice Venezuela, o porque lo dice Cuba. Lo dice la evidencia y lo dice la CIA, en los documentos que la agencia de inteligencia norteamericana ha desclasificado.

Los documentos hablan clarito. Nos cuentan que escasos días antes de la voladura del avión, Luis Posada Carriles le contó a la CIA que pensaba hacer volar un avión cubano y que su socio Orlando Bosch tenía todos los detalles.

Otro informe de la CIA reporta que, poco antes de la voladura del avión, Orlando Bosch alardeó a un agente de la inteligencia norteamericana: «Ya que nuestra organización ha salido del trabajo de Letelier luciendo bien, vamos a tratar otra cosa».

Pero, ¿por qué volar un avión de pasajeros? El propio Orlando Bosch responde sin vergüenza. En una entrevista hace pocas semanas a La Vanguardia de Barcelona, Bosch dijo que el avión «era un blanco de guerra, porque abordo iban comunistas». Que había visto en la televisión a una de las esgrimistas cubanas dedicándole las medallas ganadas a Fidel Castro.

«Nosotros habíamos acordado…,» dijo Bosch, «que todo el que salga de Cuba para darle gloria a Fidel corre el mismo riesgo …»

Las declaraciones hechas por ellos mismos, muestran que los autores materiales del siniestro cobraron $25,000 por asesinar a los 73 pasajeros. La vida de cada pasajero costó $342.47.

Orlando Bosch vive libre e impunemente en Miami. Pese a su largo historial de terrorista, fue liberado por el Presidente Bush padre. Ahora el Presidente Bush hijo está a punto de liberar con impunidad al terrorista Luis Posada Carriles.

La multinacional del terror a la cual pertenece Posada Carriles está aún activa. El padrino financiero de Posada, Santiago Álvarez, mantenía un enorme arsenal de armamento sofisticado en un almacén cerca de Miami. La persona que lo denunció, Gilberto Abascal, sufrió un atentado hace dos meses. Le dispararon seis balazos que impactaron el carro que conducía. El se salvó milagrosamente.

El mes pasado, le calcinaron el carro cerca de Milán al cineasta italiano, Angelo Rizzo, que acaba de completar un documental sobre Posada Carriles y su autoría intelectual del asesinato de Fabio Dicelmo. Los terroristas le dejaron una nota a Rizzo: «váyase a Cuba»..

La prensa norteamericana mantiene un mutismo sobre estos acontecimientos.

Es evidente que la Casa Blanca no quiere extraditar a Posada Carriles porque es su terrorista preferido. Pero todo terrorista debe ser procesado y castigado. Ninguno deber ser amparado.

Para defenderse del terrorismo dirigido contra ella desde Miami, Cuba envió a cinco valientes hombres a penetrar las organizaciones del llamado exilio cubano responsables del terror contra la población civil cubana. No fueron a espiar o hacerle daño a los Estados Unidos. Compilaron evidencia contundente que el dinero que financiaba la campaña del terror de Luís Posada Carriles venía de Miami. Cuba le pidió a los Estados Unidos que cumpliera con su deber y arrestara a los terroristas, pero el FBI arrestó a los valientes hombres de paz, y dejó libre a los terroristas.

En un juicio en Miami, en un ambiente contaminado por una perfecta tormenta de prejuicios anti-cubanos que predominan a la sociedad miamense, los Cinco fueron condenados a largas sentencias injustamente. Llevan ocho años presos en distintas cárceles del país que se cree el gendarme de la libertad. Mandémosles un fuerte saludo caraqueño a Gerardo, a Tony, a René, a Ramón y a Fernando. ¡Volverán! Volverán a su pueblo. Volverán a sus seres queridos. Volverán a ser libres.

Aquí con nosotros están algunos de los familiares de los mártires de Barbados.

Han sufrido 30 años de dolor, sabiendo como murió su padre, su hijo, o su hermana. Ninguno olvida a su ser querido. Su memoria está presente. Piden justicia. Como dijo León Gieco, el gran cantautor argentino, «todo está guardado en la memoria, sueño de la vida y de la historia… El engaño y la complicidad de los genocidas que están sueltos, el indulto y el punto final a las bestias de aquel infierno».

Por la memoria de los mártires de Barbados, pedimos castigo.

En nombre de Harry Paul, la niñita de nueve años cuyo cuerpo quedó destrozado, pedimos castigo.

En nombre de Nancy Uranga, la esgrimista cubana de 22 años que llevaba en su matriz la criatura que debido a las bombas de Posada no pudo nacer, pedimos castigo.

En nombre de Carlos Alberto Cremata y sus hermanos que sólo eran unos adolescentes cuando perdieron a su padre, su inspiración y su amigo, Carlos Cremata Trujillo, pedimos castigo.

En nombre de Margarita Morales, quien perdió a su padre Julio -el entrenador del equipo de esgrima, pedimos castigo.
En nombre de Odalys Pérez, cuyo padre Wilfredo piloteó con valentía el avión para alejarlo de Paradise Beach e impedir que se estrellara contra los bañistas, pedimos castigo.

En nombre de Camilo Rojo, para quien los recuerdos de su padre Jesús son los recuerdos borrosos de un niñito de cinco años, pedimos castigo.

En nombre de ellos, y en nombre del dolor que han soportado durante los últimos treinta años; en nombre del dolor de crecer sin un padre o una madre o un hermano o una hermana o un cónyuge, pedimos castigo.

Muchas lágrimas han corrido durante los últimos treinta años, pero como dijo el Comandante Fidel Castro, «cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla».

Jamás olvidaremos la memoria. Venezuela no la olvidará. Cuba no la olvidará. Los norteamericanos de buena voluntad no la olvidarán. La memoria sobrevive nuestras vidas, y Venezuela no descansará hasta que no se haga justicia.

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