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Oscar Arias, ¿un hombre de paz?

Al presidente de Costa Rica, Oscar Arias, le ha dado por tomarse en serio toda la carga pacifista que lleva un Premio Nobel de la Paz

Oscar Arias
Presidente de Costa Rica Oscar Arias
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Redacción Centraly Redacción Central |

Al presidente de Costa Rica, Oscar Arias, le ha dado por tomarse en serio toda la carga pacifista que lleva un Premio Nobel de la Paz

Según sus declaraciones en la investidura de Alvaro Uribe, el gobernante costarricense imagina que su mera palabra incidirá en la solución del conflicto de Colombia, compleja guerra de 40 años con un trasfondo histórico delineado por políticas pro imperialistas de los sucesivos gobiernos de esa nación.

El mandatario costarricense obvia el enorme terreno que el crimen organizado -dígase narcotráfico- tiene en el territorio colombiano. Negocio tras el cual hay muchos intereses y en muchos lugares del hemisferio.

Por otra parte, Arias también ha puesto su mirada en Cuba, y se ha sentido gestor de una “transición ordenada” en el archipiélago antillano, a raíz de la enfermedad del presidente Fidel Castro.

El gobernante repite instintivamente el discurso inventado, manoseado ycomercializado de la mafia anticubana que reside en la sureña ciudad norteamericana de Miami.

Evidentemente, conoce muy poco de lo que ocurre en la isla, y se deja llevar por sus afanes de pacifista.

Entre esos vuelos y ensoñaciones sobre dos realidades muy distintas, Arias parece pretender afianzarse su llamativo premio. Pero de la paz, sólo conoce el barniz, porque si fuera de otra manera, su mirada no escapara a sus propios problemas domésticos- los de su país.

Es cierto que Costa Rica ha mantenido una ligera diferencia con sus vecinos de la región en cuanto a indicadores sociales, pero lo que sí nunca ha sido es la Suiza centroamericana, toponímico con el que le han reconocido por mucho tiempo.

Ahora, las cosas se enrumban por caminos encontrados con sus vecinos de la cintura de América, y es preciso ver cuántas insatisfacciones tienen los costarricenses.

Sólo por citar algunas, preocupa la creciente violencia en la nación y el aumento de la circulación de armas de fuego. Nada ajeno a lo que ocurre en El salvador, Honduras o Guatemala.

El propio ministro de Seguridad, Fernando Berrocal, ha manifestado su preocupación ante la cantidad de armas, alrededor de seis, que decomisan diariamente las autoridades.

Alarma la presencia de sicarios, narcotraficantes y bandas delincuenciales que aportan a las estadísticas policiales algún muerto cada día. Algo similar a la cotidianidad violenta de las naciones de la región.

Asimismo, los asaltos, y a su vez el enrejado, el negocio de alarmas para viviendas y centros comerciales y los perros guardianes, preferiblemente rotwyler, se han convertido en moda.

Este país sin ejército ha anunciado el incremento, para el próximo año, de agentes policiales, con el fin de garantizar la seguridad de los turistas.

Según el alcalde de la capital costarricense, Johnny Araya, la disposición gubernamental será implementada para disminuir los riesgos que corren los visitantes extranjeros cuando viajan por los distintos puntos turísticos del territorio nacional.

De acuerdo con estadísticas del Organismo de Investigación Judicial, en los primeros seis meses de este años dos mil 774 turistas fueron víctimas de algún tipo de robo, como sustracción de vehículos, la mayoría en distintos puntos metropolitanos.

Igualmente, el Ministerio de Seguridad Pública y varias empresas de seguridad privada han acordado una alianza para combatir la delincuencia y prevenir delitos.

Los nuevos efectivos, unos 18 mil, según el titular de seguridad, alertarán a la fuerza policial sobre criminales, delincuentes en fuga y otros asuntos delictivos.

Sin adentrarme en otras problemáticas sociales como la pobreza medida por ingresos que pasó en el 2005 del 18,5 por ciento al 21,7, lo cual se traduce en un millón de personas, como cita un estudio del Programa de Participación Ciudadana, es preciso detenerse en el gran problema de Arias.

Para el mandatario, el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos, resulta peligroso y constituye un gran conflicto porque el sólido movimiento antiTLC sí está convencido de no aceptar la ratificación del tratado.

Y es que todos los antecedentes no invitan a otra cosa sino al rechazo, pues es el convenio comercial es una iniciativa más del capital corporativo mundial para consolidar su control global.

Sólo en El Salvador, explicó Mateo Rendón, gerente de la Federación Salvadoreña de Cooperativas de la Reforma Agraria, con el TLC unas 35 mil 700 toneladas de maíz, 65 mil de arroz y 10 de leche ingresaron al país desde Estados Unidos, inundaron el mercado local y desplazaron los productos salvadoreños.

Con el acuerdo, detalló Rendón, las importaciones hacia ese territorio han aumentado un 15 por ciento, mientras que las exportaciones disminuyeron en 18 por ciento, sólo hasta septiembre.

En México sobran los descalabros. Luis Medina Lizalde, del Partido de la Revolución Democrática ha asegurado que con el TLCAN se incrementó el desempleo, la emigración hacia Estados Unidos y la caída en el nivel de vida de la mayor parte de los habitantes.

Y es que ese tipo de tratados ratifica la política de expansión privada, inversión externa directa, desnacionalización desarticulación de los estados nacionales, eliminación de la seguridad social y ambiental manifiestas también en el Area de Libre Comercio de las Américas.

Aún así, y con toda las experiencias vividas por los salvadoreños, o los mexicanos, el Nobel costarricense no desiste de su posición a favor del instrumento comercial, que sin dudas no solo agravaría sino que incrementaría la larga lista de insatisfacciones de los costarricenses.

Pronto olvidó Arias que casi no llega a este segundo mandato por la oposición popular al acuerdo que respalda de manera tan vehemente. Recuérdese la escasa ventaja del 0,8 por ciento sobre su rival, luego de un sempiterno conteo de votos, más las denuncias de fraude.

Con la justificación de la real agudización de la inseguridad como parte del incremento de los problemas sociales, el dignatario prepara el terreno porque sabe inminente una confrontación única de su tipo en el país si ratifica el convenio.

En tal sentido, de acuerdo con la consolidación de la Comisión Nacional de Enlace, que agrupa a sindicalistas, estudiantes, y diversas organizaciones sociales, la paz de Costa Rica con la del título de su presidente irremediablemente va al naufragio.

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