Economía

Los templarios inventaron los bancos

El inicio de las instituciones financieras en el mundo está relacionado con los caballeros del Temple

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Caballeros templarios |

Oliverio Celaya |

Aunque más se conocen por sus combates a capa y espada, la Orden del Temple o los caballeros templarios tienen otros méritos como es el caso de que fundaron los primeros bancos que se conocen en el mundo.

Su escudo representa dos caballeros a lomo del mismo caballo, como símbolo de pobreza, y en el imaginario colectivo la Orden del Temple la constituían unos formidables guerreros-monjes que hacían y deshacían a su antojo durante la Edad Media.

Sin embargo a las típicas historias de este tipo se agregan elementos de dinero y de su movimiento por el mundo, con algunas aristas de cómo los conocemos hoy.

El origen de los templarios lo tenemos hacia 1118 o 1119 cuando Hugo de Payns se ofrece al rey Balduino II de Jerusalén para defender a los caballeros que volvían a Europa procedentes de la Primera Cruzada.

La del Temple no era la única orden destinada a este fin, pero sí fue la orden que tuvo más éxito con el correr de los años, y durante dos siglos acapararon bastante poder.

Los monjes templarios se distinguían por su piedad y su valor, y muy pronto crecieron las vocaciones, lo que provocó el ingreso de numerosos aristócratas en sus filas.

También creció su fama de honestidad y eficiencia, lo que hizo que muchos nobles les dejaran herencias y depósitos financieros para que los custodiaran y gestionaran.

El dinero que ganaban los templarios lo empleaban en defender y ayudar a los peregrinos a Tierra Santa, que al volver a sus casas quedaban tan agradecidos que a su vez donaban dinero y tierras a la orden, que acumuló grandes riquezas muy rápidamente, pese a que tenían voto de pobreza.

La explicación a esto está en que no aspiraban a la pobreza material, sino a ser “pobres en Cristo”, o sea enfocar toda su vida al cristianismo.

De hecho, la finalidad última de la orden era acumular dinero y tierras para poder ayudar mejor a luchar en Tierra Santa y no estaban autorizados a quedarse con nada de sus ganancias.

Este enfoque total a la defensa de los cruzados conllevaba que aquellos que se apropiaban de dinero o de objetos de la Orden sufrieran muy graves castigos.

Pero un templario no podía poseer más de cuatro denarios y cualquier cifra de dinero que superara esta cantidad (que era bastante exigua para la época) se consideraba hurto.

Una manera de ayudar a los peregrinos y guerreros era monetariamente, claro está. Y esto no siempre se hacía gratuitamente, ya que era bastante habitual que un guerrero que partiera para Tierra Santa depositara en la encomienda templaria más cercana el dinero que pensaba que iba a necesitar para la hazaña.

De este modo se ahorraba tener que ir cargando con el oro por media Europa. A cambio del depósito, los templarios le daban una especie de “letra de cambio” con una codificación especial que podían mostrar en otras casas de la Orden para que le fueran dando su dinero a lo largo de la ruta o al final de la misma.

Cuando el cambiarius o cambista veía el documento, le daba el dinero y así no arriesgaba su fortuna en caso de robo, naufragio o pelea.

Los templarios eran unos cobradores inmisericordes y si no se devolvía el préstamo a tiempo se imponían multas o se podían perder los bienes que habían dejado en prenda.

Además de dinero, los templarios tenían en sus arcas valiosos tesoros, y no siempre eran objetos empeñados a cambio de dinero. Sabedores de su eficacia y honestidad, los reyes y los nobles confiaban en la Orden del Temple para poner a salvo sus bienes más preciados.

Por tanto, ¿quién duda de que estos fueron los bancos originarios? De ahí que los historiadores y las notas que al respecto se conservan, determinan que los templarios fueron los primeros banqueros del mundo.
mem/rfc

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