Economía

ALBA, espacio para la integración financiera

La creación del Banco de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América se convierte en un respaldo para los programas de desarrollo

Redacción Central |

La creación del Banco de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América se convierte en un respaldo para los programas de desarrollo

La integración latinoamericana extiende actualmente su influencia al ámbito financiero con la creación del Banco de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), una institución de nuevo tipo en respaldo a los programas de desarrollo.

Ese es precisamente uno de los saldos más significativos de la sexta cumbre del ALBA, la cual mostró el surgimiento de una entidad con un capital suscrito de mil millones de dólares y autorizado de hasta dos mil millones de dólares.

Con personal de los cinco países vinculados al ALBA (Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua y Dominica) y sede en Caracas, el nuevo banco servirá de herramienta para potenciar el desarrollo de los estados que lo componen.

Mas allá de sus funciones como mecanismo financiero del ALBA, un elemento novedoso está en la toma democrática de decisiones, pues cada miembro representará un voto con independencia del capital accionario que suscriba.

Con ello se diferencia sustancialmente de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, donde el aporte determina la porción del sufragio que corresponde a las naciones.

Incluso, en el caso de las mencionadas instituciones está además el hecho de que su dirección se reparte tradicionalmente entre Europa y Estados Unidos, sin tomar en cuenta a los países en desarrollo.

Para el Banco del ALBA, los aportes destinados a establecer los fondos iniciales de ese mecanismo se determinarán por cada integrante según las condiciones financieras que enfrenten.

Asimismo, la entidad que cuenta en sus filas con Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua y Dominica descarta por completo los condicionamientos a la hora de diseñar políticas crediticias.

Cabe señalar que varias de las naciones latinoamericanas sufrieron años atrás las consecuencias de las “recomendaciones” del FMI a la hora de otorgar líneas de financiamiento.

Recortes en el aparato estatal, disminución del gasto social y aplicación de políticas de ajuste en detrimento de amplios sectores de la población formaron parte del arsenal sugerido en cada ocasión por la institución.

Por lo general, los préstamos del FMI están sujetos a la reducción del gasto público, la privatización de industrias y activos estratégicos en general de los países afectados.

En opinión de especialistas, los créditos de ese tipo son sumamente onerosos ante las elevadas sumas a cancelar por concepto de amortización e intereses, lo cual se refleja en la ineficiencia a la hora de eliminar los desequilibrios en materia fiscal y en la balanza de pagos.

Por el contrario, el Banco del ALBA coloca en manos de sus miembros un mecanismo capaz de apoyar de manera sólida programas de desarrollo e incluso contribuir a la eliminación de las asimetrías económicas.

Junto a la creación de esa herramienta financiera ganó terreno una vez más el tema de las reservas internacionales de las naciones del Sur, colocadas en lo fundamental en bancos de Estados Unidos.

Por ello, en el marco de la cumbre surgieron propuestas vinculadas a la posibilidad de trasladar parte de esos fondos a las instituciones en formación, o sea, a los bancos del ALBA y del Sur.

De esa forma, en lugar de financiar los desequilibrios estadounidenses, los recursos servirían de sólido aporte a los programas de desarrollo que enfrentan los miembros de las mencionadas entidades.

Para el vicepresidente cubano Carlos Lage, el brazo financiero del bloque funcionará bajo principios de solidaridad y con prioridad para lo social, además de tomar en cuenta para sus operaciones el principio de la complementariedad en lugar de la competencia del capitalismo.

Para el Banco del ALBA, “lo importante es el hombre y no los mercados”, añadió tras recordar que en el capitalismo mientras más pobre, menos le prestan y si lo hacen es con los intereses más elevados.

Mientras, Francisco Soberón, presidente del Banco Central de Cuba, resaltó el surgimiento de una organización “sin hegemonías y en función de los intereses de los pueblos”.

Por su parte, el ministro venezolano de Finanzas, Rafael Isea, indicó que en su funcionamiento se prevén intereses iguales para todos los países, además de tener el consenso como base para las decisiones.

La entidad, dijo el funcionario, nace con la finalidad de impulsar el desarrollo de nuestros países, reconociendo las asimetrías y financiando proyectos en interés del desarrollo.

En ese marco, indicó, los recursos financieros deben distribuirse y acordarse con condiciones flexibles y tomando en cuenta los diferentes niveles de las respectivas economías.

Un elemento importante está además en el hecho de que ambos organismos sirven también de blindaje a los países en desarrollo frente a la enorme volatilidad imperante en los mercados internacionales de valores y cambiarios surgida de la crisis de los créditos de alto riesgo en Estados Unidos.

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