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Clemente, El Inmortal

El mítico 21 de los Piratas de Pittsburgh partió físicamente hace 44 años cuando viajaba rumbo a nuestra nación para ayudar a los nicaragüenses. Nunca lo olvidamos

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José A. Quintero |

Este 31 de diciembre se cumplen 44 años del lamentable accidente aéreo que sufriera el avión en el que viajaba rumbo a Managua, Nicaragua, la estrella del béisbol mundial Roberto Clemente. A sus 38 años y toda una vida por delante, en 1972, al artefacto se estrelló poco después de despegar de San Juan, Puerto Rico.

Así terminó la vida del gran Clemente; aunque su leyenda continuó creciendo.

Con 3000 mil hits en Grandes Ligas a cuesta, Clemente viajaba rumbo a nuestra nación para ayudar a los nicaragüenses tras la ocurrencia de un devastador terremoto. Llevar artículos de primera necesidad a los afectados era su objetivo.

El mítico 21 de los Piratas de Pittsburgh dejó de existir de un golpe. Fatídicamente se marchó temprano, en la flor de su vida y hoy todavía su paso a la inmortalidad nos inunda tristeza. Nicaragua lo recuerda incesantemente. Su bondad, su amor a sus semejantes, su desinterés.

Clemente es una de las figuras más importantes del béisbol. El guardabosque conseguiría su imparable 3,000 el 30 de septiembre de 1972 en la ciudad de su equipo, un doble contra Jon Matlack de los Mets de Nueva York. Sería su último hit de su carrera en la temporada regular. Un par de meses después, la muerte lo sorprendería.

Roberto era un manojo de potencialidades. Nada le faltaba: bateaba mejor que nadie, y esto queda demostrado en sus cuatro títulos ofensivos en las Mayores; y además, fildeaba mejor que nadie, lo cual se afianza con sus 12 Guantes de Oro.

Su trágico deceso conmocionó a todo el universo beisbolero. A las 9 y 23 de la noche del último día de diciembre de 1972 dejó de existir a pesar del esfuerzo de los equipos de rescate que trabajaron en el lugar del suceso. Semanas luego, con la aprobación del Comisionado de las Grandes Ligas, el boricua fue exaltado al Salón de la Fama de Cooperstown.

Tal distinción lo convirtió en el primer pelotero latinoamericano en recibir un espacio en el llamado “templo de los inmortales”. El mismo día de su entrada al Salón, las Mayores decidieron instituir el “Premio Roberto Clemente”, que se otorga cada año al pelotero que realiza más labores destacadas en el deporte y en la comunidad.

Hoy está más vivo que nunca, junto a nosotros, a mi lado, a su lado.

Décadas después la comunidad beisbolera aún no se repone de aquel fatídico día.

Nicaragua lo recuerda, ahora, mañana y siempre. Gracias Clemente, nuestro campeón mundial y olímpico de la voluntad infinita.
mem/jos

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