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“El trabajo fue bueno”, afirma director Cairo Murillo

La selección nacional categoría sub-14 años se quedó a un paso de la medalla de bronce en Tamaulipas, México

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Redacción Central |

Aunque no conforme, el director del equipo nicaragüense de béisbol, categoría sub-14 años, Cairo Murillo, expresó este martes que el Campeonato Panamericano de Reynosa, México, resultó positivo para los peloteritos pinoleros.

Feliz y algo meditabundo, Murillo destacó el meritorio cuarto lugar que alcanzaron en Tamaulipas, pero, sin tapujos, dejó claro que deseaban alcanzar la medalla de bronce.

“El trabajo fue muy bueno, aunque no podemos decir excelente, porque venimos con las manos vacías”, reflexionó horas después de la inesperada derrota ante Brasil. Un equipo sudamericano que mostró su calidad en el momento oportuno y nos propinó un rotundo cero hit, cero carrera.

A pesar de ello, familiares y amigos recibieron a los jovencitos en horas de la tarde con un baño de aplausos y felicitaciones en el Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino. Los carteles eran visibles. Los chicos, también visiblemente inconformes, fueron los héroes del momento.

“Nos hubiera gustado traer una medalla, pero la participación fue muy buena en disciplina, en el interés de hacer las cosas y salieron a pelear cada inning, cada out”, apuntó el estratega.

Dicen que de todo en la vida se puede sacar experiencias, reflexión que el manager sabe reconocer. “Se ganó mucha práctica al enfrentarnos a selecciones de buen picheo y bateo”, resaltó Cairo, consciente de que en el futuro se pueden lograr mejores dividendos en este tipo de certámenes.

“Estoy orgulloso por haber hecho bien las cosas, me dieron consejos de que siguiera adelante, y eso fue lo que hice, jugar en el campo con orgullo y con amor”, manifestó José Arúaz, quien volvió a casa con seis trofeos, la distinción de Jugador Más Valioso del torneo y la Triple corona de bateo.

Una maleta en su mano derecha, llena de ropa; otra en su mano izquierda, colmada de reconocimientos. Arúaz fue, sin lugar a duda, la sensación del evento beisbolero en territorio azteca. Ya en Managua, pleno de vítores, su cara escondía algo de tristeza.

Él, lejos en ocasiones del grupo, no recibió el abrazo, el calor, de ningún familiar porque los suyos viven en Puerto Cabezas. Aun así, supo percibir el cariño del resto, que lo auparon como un hijo más, como el gran campeón que es.

“Le doy gracias a Dios por todo. Los jonrones salieron solos y me ayudó que siempre encontré corredores en base”, añadió Aráuz, otro prospecto a seguir dentro del béisbol nicaragüense.

evm/jos

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