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La excepcional Babe Didrikson

Una protagonista de acciones en el campo deportivo que pueden calificarse de proezas

Mildred “Babe” Didrikson
Mildred “Babe” Didrikson |

Ariel Flores |

La implacable enfermedad la venció a la postre, pero antes demostró su amor y dedicación al deporte. Tal fue el caso de la estadounidense, de ascendencia noruega, Mildred “Babe” Didrikson.

Ella integra ese ramillete de figuras protagonistas de acciones en el campo deportivo que pueden calificarse de proezas.

Su carrera comenzó a los 14 años en su Texas natal, entonces en el baloncesto, pero ella quería triunfar en el atletismo, lo cual logró tras una intensa preparación conducente a planos estelares.

Para Babe, el campeonato de la Unión Atlética Amateur resultó el primer eslabón en su triunfal cadena, al ganar las pruebas de lanzamientos de jabalina y pelota y el salto largo. Tres éxitos que repitió al año siguiente en idéntica justa.

El colofón fue como integrante del equipo norteamericano de campo y pista a los Juegos Olímpicos de Los Angeles en 1932. Para llegar materializó su primera hazaña, aún hoy increíble. Entonces la llamaron la mujer equipo. Y así ocurrió, literalmente.

Esa joven de apenas 16 años concurrió a unas competencias eliminatorias con vistas a la cita estival angelina cuyos participantes se presentaban en colectivos.

Mas la empresa Employers Casualty inscribió a un único atleta: Mildred Didrikson. Ella sola para enfrentar a conjuntos que en algunos casos llegaron hasta los 22 competidores.

Esa atrevida muchacha lidió en ocho de las 10 pruebas programadas y ganó cinco, lo cual le proporcionó un puntaje acumulado válido para ¡triunfar por equipos! y con una ventaja de ocho unidades sobre el ocupante del segundo lugar, el Illinois Women’s Athletic Club.

De esa forma pasó Babe a ocupar un puesto en el equipo olímpico de Estados Unidos y la expectación del público por verla actuar en la máxima expresión del deporte universal no fue defraudada.

Se alzó con las medallas de oro y estableció sendos récords mundiales en lanzamiento de jabalina (43,69 metros) y 80 metros con vallas (11,7 segundos), además de la presea plateada en salto alto (1,65 mt).

Pero su paso por el atletismo fue fugaz. Después de la olimpiada retomó su especialidad original, el baloncesto, dio exhibiciones de béisbol, actuó en music-hall y… aprendió a jugar al golf, al cual se entregó por entero. Y para muchos fue la mejor de todos los tiempos.

No es para menos, si se tiene en cuenta su aval personal.

De 1936 a 1954 ganó todos los grandes campeonatos para damas, incluidos el amateur estadounidense en 1946, los mundiales de 1948, 1949, 1950 y 1951 y el abierto de su país en 1948, 1950 y 1954, estos últimos como profesional.

Solo de 1934 a 1950 venció en 20 torneos consecutivos, nueve de ellos antes de pasar al profesionalismo, entre los cuales estuvo el femenino británico.

Pero comenzó a sentirse mal, adelgazó, perdió fuerzas. La realidad fue cruel con esta gran atleta porque estaba minada por el cáncer.

Fue operada en 1953 y un año después ascendió nuevamente a primeros planos actuando en beneficio no de su bolsa, sino de la Fundación contra el mal que la aquejaba.

En 1954, dos años antes de morir, alcanzó su último título al imponerse a los mejores golfistas norteamericanos del momento.

Mildred fue proclamada varias veces la deportista más destacada de Estados Unidos y en una encuesta efectuada a nivel nacional elegida la más sobresaliente de la primera mitad del siglo XX.

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