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La capital del atletismo mundial

Berlín ya fue declarada la capital del atletismo universal, pues el venidero día 15 y hasta el 23 de este mes, se desarrollará en Alemania la XII Edición de los campeonatos del mundo de la especialidad en la que intervendrán las estrellas más codiciadas del momento

Berlín
Berlín, la capital del atletismo mundial. | Internet

Redacción Central |

Berlín ya fue declarada la capital del atletismo universal, pues el venidero día 15 y hasta el 23 de este mes, se desarrollará en Alemania la XII Edición de los campeonatos del mundo de la especialidad en la que intervendrán las estrellas más codiciadas del momento

Desde luego, no voy a detenerme en si el jamaicano Usain Bolt destrozará los 9,69 en los 100 metros, record del mundo a su cuenta personal o si la rusa Yelena Isinbayeva, la carismática rubia que posee el impresionante 5, 05 metros en el salto con pértigas logrará mantener su titularidad en la exigente cita.

Y es que hace 73 años, entre el 1 y el 15 de agosto, Berlín fue la Sede de XI Juegos Olímpicos de la era moderna, y allí en la mismísima cara del siniestro Adolf Hitler , un humilde negro norteamericano se adjudicó cuatro medallas de oro en 100, 200 4 x 100 y en el salto de longitud. Su nombre, Jesse Owens .

De origen afroamericano, Owens había nacido el 12 de septiembre de 1913 en Oakville, estado de Alabama, pero sus biógrafos registran que el matrimonio de Henry y Emma Owens  se traslado a   Cleveland, en  Ohio con toda la prole. Su muerte ocurrió el 31 de Marzo de 1980 en Tucson.

Séptimo de los once hijos de la pareja, Owens era  nieto de esclavo y  vástago de un granjero. Recibió el sobrenombre de “Jesse” de un profesor de Cleveland, que no podía entender su acento cuando el muchacho dijo en el aula que se llamaba “J.C.”

Los especialistas atestiguan que lo más impresionante de Owen no fue ganar los cuatro títulos  en Berlín. Antes,  el 25 de mayo de 1935 en la reunión atlética  Big Ten Conference en Ann Arbor, Míchigan, realizó una proeza al establecer en el lapso de unos 45 minutos cuatro récord mundiales.

Igualó además el de los  100 yardas (91 metros en 9,4 segundos) y pulveriza el de salto de longitud (8,13 metros, marca que duró 25 años), 220 yardas (201 metros lisos  con 20,3 segundos) y 220 yardas vallas (22,6 segundos.

Owens se convierte así en el primer humano que superó la barrera de los  23 segundos para esa distancia. Semejante actuación  es considerada una de las más grandes hazañas del atletismo de todos los tiempos. A raíz de este día, se le empieza a conocer con el sobrenombre de el “Antílope de Ébano.

No fue un secreto que Hitler utilizara los  juegos para mostrar al mundo una renaciente Alemania nazi.  Grandes son las esperanzas de los fascistas, esperaban el dominio de la raza aria.

El golpe, sin embargo, fue demoledor entre el 3 y el 9 de agosto cuando Jesse  Owens se alzó con los cuatro metales de oro.

Pero hubo un hecho bien interesante y fue la fuerte lucha entre Owens y el alemán Luz Long al cual venció con sus 8,06 metros por el 7,87 de su rival.

Se habla de que Long y Owens establecieron una bonita amistad durante la fase clasificatoria, al extremo de que el alemán le hizo algunas observaciones en la carrera de impulso, lo cual ayudó al estadounidense  meterse en la rueda final y ganar además.

Para honrar la amistad que dejó aquella porfía causante de la ira de Hitler  hasta  abandonar el estadio, los organizadores de la reunión atlética de Berlín decidieron  invitar a la nieta de Jessee , Marlene Dortch y a Kai, hijo de Long, quienes serán los encargados de premiar a los ganadores en la prueba de salto de longitud.

Dicen que a Owens le aclamó más 110. mil personas en el Estadio Olímpico de Berlín: dicen también que muchos berlineses le pedían autógrafos cuando le veían por la calle.

Dicen además que se le permitió viajar y hospedarse en los mismos hoteles con los blancos, lo cual en aquel entonces no dejaba de ser una ironía en virtud de que los afroamericanos en los Estados Unidos no tenían igualdad de derechos.

Después de concluir todo, Jesse Owens vuelve a su trabajo de botones en el hotel Waldorf-Astoria. Contaría entonces a la prensa:

Cuando volví a mi país natal, después de todas las historias sobre Hitler, no pude viajar en la parte delantera del autobús. Volví a la puerta de atrás. No podía vivir donde quería. No fui invitado a estrechar la mano de Hitler, pero tampoco fui invitado a la Casa Blanca a darle la mano al Presidente.

Cuatro años después de su muerte, en 1984, una calle de Berlín adoptó su nombre, al igual que una escuela secundaria en el distrito Lichtenberg

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