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Elimina Bayern Munich al Real Madrid de la Champions

Se acabó la Liga de Campeones para el Real Madrid, que llevó la iniciativa durante gran parte del choque, pero pagó su falta de juego, de profundidad, de pegada y sus errores defensivos. El primero de Roberto Carlos a los 15 segundos de partido, el segundo en una acción a balón parado. Casillas y Guti, los mejores de un Madrid eliminado por un discretísimo Bayern

El Madrid no da para más
Robinho y Van Nistelrooy, abatidos ante el triunfo germano. | REUTERS

Redacción Central |

Se acabó la Liga de Campeones para el Real Madrid, que llevó la iniciativa durante gran parte del choque, pero pagó su falta de juego, de profundidad, de pegada y sus errores defensivos. El primero de Roberto Carlos a los 15 segundos de partido, el segundo en una acción a balón parado. Casillas y Guti, los mejores de un Madrid eliminado por un discretísimo Bayern

El Real Madrid se dejó media temporada en Múnich, donde se despidió de la Liga de Campeones, la segunda competición que se le escapa este año. En su primera visita al Allianz Arena recibió un revés de un conjunto de lustroso historial pero de escaso juego. Mal asunto para este raquítico Madrid mal construido y peor gestionado por Fabio Capello, con el consentimiento de sus superiores, el de ser eliminado por un equipo que apenas tiene argumentos futbolísticos que ofrecer. Malos tiempos para el madridismo, que ya sólo puede agarrarse a la Liga, posible aún de ganar pero poco factible. La visita el próximo sábado al Barcelona en el Camp Nou aclarará en gran medida el panorama y servirá para que el Madrid pueda ver algo de luz al final de un inacabable túnel o para que se hunda un poco más en sus miserias.

El mes de marzo apenas ha consumido unos días y son muchos los meses de competición que todavía quedan por delante, pero se acerca el momento de empezar a pedir responsabilidades por la situación que vive el Madrid. Desde el banquillo hasta los despachos, pasando por el vestuario, cada uno en su parcela debe asumir su parte de culpa. El fracaso, como el éxito, tiene muchos padres.

Considerado por muchos dentro del club al principio de curso como un taumaturgo capaz de reconstruir equipos en ruinas y de garantizar títulos, este año Capello, lejos de obrar milagros, se ha revelado como un pequeño mago al que se le ven todos los trucos. Incapaz hasta ahora de configurar un bloque sólido y reconocible, el italiano dio un nuevo volantazo en su visita al Bayern y presentó una alineación con tres mediocentros: Emerson, Diarra y Gago. Higuaín, Raúl y Van Nistelrooy se situaron por delante en un esquema discutible por las piezas elegidas para su desarrollo. Y es que ver por delante de Gago a Diarra y Emerson como enlaces con los tres atacantes se hacía extraño.

De cualquier modo, la eficacia de este planteamiento nunca se sabrá, porque a los 15 segundos se dibujó en el partido un panorama totalmente diferente al esperado. Porque lo que tampoco puede controlar Capello es la ineptitud de jugadores como Roberto Carlos, que tiene un pasado tan grande que da pena ver su presente. Sacó el Madrid de centro, le llegó el balón al brasileño, que vaya usted a saber dónde tenía la cabeza, Salihamidzic se aprovechó del despiste y cedió a Makaay, que celebró el primer gol cuando no se había cumplido un minuto de juego. Hay acciones que retratan a un equipo y ésta lo hizo con el Madrid.

Dominio

El Madrid se despertó de golpe, recompuso algo su figura y pasó a tener el balón. Un engaño en el que le invitó a caer el Bayern, que tan falto de fútbol como está se siente más cómodo esperando al rival atrás para sorprenderlo al contragolpe. Sagnol y Salihamidzic se hartaron de dejar en evidencia a Roberto Carlos y Podolski y Makaay pudieron sentenciar la eliminatoria en menos de media hora a la contra, pero en su camino se cruzó Casillas. Siempre Casillas, el futbolista más fiable de esta plantilla.

A la falta de juego en el Madrid se sumó la falta de ocasiones y Capello dio otra vuelta de tuerca a su planteamiento. Retiró a Emerson y dio entrada a Guti, que se situó en la izquierda, con tendencia a irse hacia la mediapunta, y dejó a Gago y Diarra como doble pivote. Raúl se tiró a la derecha e Higuaín acompañó a Van Nistelrooy. A partir de la salida del 14 se vio la mejor versión del Madrid, que agobió por momentos al Bayern, que acabó recluido en su campo y suplicando la llegada del descanso. Llegó ahí la primera ocasión del Madrid, un disparo de Higuaín que casi saca el balón del estadio. Habían transcurrido 38 interminables minutos. Poco antes, Casillas volvió a aparecer para detener un cabezazo de Van Buyten después de un saque de falta. El Madrid es una ruina defendiendo las acciones a balón parado. Da igual que sea un córner o una falta, el desastre es igual.

Se creció el Madrid desde la salida de Guti y se vulgarizó aún más el Bayern, que sufrió como no lo había hecho antes. Disfrutaron entonces los de Capello de sus mejores ocasiones. Primero, un disparo desviado de Guti después de una combinación entre Roberto Carlos, Higuaín y el propio Guti, que se inventó poco después un magnífico pase que desperdició de mala manera Van Nistelrooy. El holandés, solo dentro del área, cabeceó con inocencia a las manos de Kahn, que vivió un buen susto cuando vio como un disparo de Raúl se estrellaba a la altura de la escuadra en la parte exterior de la red.

Falta de concentración

La salida del Madrid tras el descanso fue igual de lamentable que en el inicio del partido. En el primer minuto, un nuevo despiste de la defensa blanca, en especial de Helguera y Ramos, permitió a Van Bommel plantarse ante Casillas, que venció en el mano a mano. Lo dicho para el gol de Makaay sirve para esta acción. No hay más que añadir sobre esta alarmante falta de concentración del Madrid. Superado el susto comenzó la segunda parte para los de Capello, que retiró al desacertado Higuaín para dar entrada a Cassano, recuperado del destierro para acabar convertido en talismán y recurso de última hora.

Empujó el Madrid, pudo marcar de cabeza Van Nistelrooy, respondió Kahn con una buena mano, como las que sacaba cuando era uno de los mejores porteros del mundo, siguió sufriendo el Bayern, controlaba sin problemas el encuentro el Madrid, que pagó la falta de profundidad, y llegó el gol del Bayern. Un nuevo error de Roberto Carlos concedió un córner a los alemanes y a la salida del mismo Lucio marcó de cabeza y sentenció la eliminatoria. Otra vez un fallo de Roberto Carlos y otra vez un gol encajado a balón parado.

Lo que vino después fue una lucha contra sí mismo, contra su impotencia, contra su falta de confianza y contra las limitaciones de una plantilla muy corta de juego y de calidad y que por lo visto hasta ahora no está más que para salvar la temporada con la clasificación para la próxima Liga de Campeones. Son duros cuatro años sin títulos, pero más lo es la pérdida de esperanza de una afición que no adivina el final de este esperpento. Un esperpento que se completó con la absurda expulsión de Van Bommel y Diarra, que demostraron sus pocas luces en una discusión ridícula antes de que Van Nistelrooy transformara un penalti cometido sobre Robinho.

La falta que dio origen al penalti era fuera del área y quizá por eso el árbitro, Lubos Michel, no tenía la conciencia tranquila y anuló al final un gol a Sergio Ramos, el que daba la clasificación, por entender que el sevillano se había acomodado el balón con la mano antes de disparar y batir a Kahn desde fuera del área. Una decisión discutible pero que no justifica la eliminación del Madrid. Y el Bayern roto físicamente, resoplando por la decisión del árbitro, pero clasificado para cuartos.

Como escribió Mike Gayle, “a veces consigues lo que quieres, a veces consigues lo que necesitas, a veces consigues lo que consigues”. Olvidadas las dos primeras opciones, el Madrid está instalado en la tercera y será difícil que salga de ella al menos en este curso. Parece entregado y resignado a recibir lo que le llegue. Y la verdad, hace tiempo que apenas le llega nada.

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