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Durán y López ya están junto a los grandes de todos los tiempos

Houston – Lo hizo y consiguió todo dentro de un cuadrilátero, el panameño Roberto “Mano de Piedra” Durán, que escribió páginas gloriosas para el deporte del boxeo mundial también tiene ya su puesto en el Salón de la Fama, donde sólo llegan los más grandes

Redacción Central |

Houston – Lo hizo y consiguió todo dentro de un cuadrilátero, el panameño Roberto “Mano de Piedra” Durán, que escribió páginas gloriosas para el deporte del boxeo mundial también tiene ya su puesto en el Salón de la Fama, donde sólo llegan los más grandes

Junto a Durán también fue elegido el pequeño “gigante” del boxeo mexicano, Ricardo “Finito” López, el púgil que mantuvo su corona de campeón del mundo durante más de una década y ganó 21 defensas del título.

Pero si hubo un pugilista que dio popularidad, calidad y proyección internacional al boxeo, éste fue Durán, un deportista panameño que cuando se subía a un cuadrilátero era una fuerza de la naturaleza muy difícil de controlar.

Sus rivales no sólo lo admiraban sino que además lo “temían”, sabían de los efectos demoledores de sus puños y la valentía del guerrero que siempre iba para adelante sin importar a quien tuviese enfrente.

Durán, campeón mundial en cuatro divisiones de peso diferentes, fue elegido al Salón de la Fama del Boxeo Internacional en su primer año de presentarse en la lista de candidatos después de cinco años de haberse retirado.

“Mano de Piedra” encabezó junto con López y el estadounidense Pernell Whitaker el trío de los tres pugilistas elegidos por los miembros de la Asociación de Cronistas de Boxeo y un panel de historiadores del boxeo internacional.

Duran, de 55 años, que sigue en el mundo del boxeo como promotor, siempre dijo que no sólo había nacido para ser un pugilista sino que además para ser campeón del mundo.

Nació en un barrio pobre en Panamá, hicieron que el deporte del boxeo fuese el medio con el que iba no sólo a conseguir ganarse la vida sino a lograr la fama y ser siempre el centro de atención tanto dentro como fuera de los cuadriláteros.

Durán entró al profesionalismo en 1967 cuando sólo tenía 16 años y su extraordinaria condición física le permitió mantenerse activo hasta los cincuenta, y sólo después de haber sufrido en el 2001 un accidente tuvo que aceptar la realidad de la retirada definitiva.

Cuando Durán colgó los guantes, su palmarés no dejó ninguna duda de que se había asegurado un puesto muy especial en el Salón de la Fama.

“Mano de Piedra” logró 103 victorias y 16 derrotas, con 70 peleas que las ganó por la vía rápida para ser campeón del mundo en cuatro categorías diferentes.

La primera corona que consiguió fue la del peso ligero, que mantuvo en su poder desde 1972 a 1979, para luego subir a la del welter y ganar el título en 1980.

Tres años después, en 1983, Durán siguió subiendo de peso y se fue a la del júnior mediano para conseguir también el título de campeón, lo mismo que hizo dentro de la división del mediano, que lo ganó en 1989 y lo retuvo hasta 1990.

El efecto demoledor de su pegada y la agresividad con que actuaba y se movía en el cuadrilátero lo convirtieron de inmediato en un ídolo no sólo panameño, sino también latinoamericano y mundial.

La mejor prueba de su protagonismo fueron los 21 triunfos consecutivos que tuvo desde que se convirtió al profesionalismo.

Pero, si Durán comenzó a ser conocido como un “fajador” incansable, que salía al cuadrilátero a pasar por encima de sus rivales, la presencia en la esquina del legendario entrenador Ray Arcel hizo que comenzase la transformación en su estilo para convertirse en mucho más técnico y controlado.

Otro legendario entre los entrenadores, el estadounidense Angelo Dundee, que al igual que Arcel están ambos en el Salón de la Fama, siempre ha reconocido que Durán fue “un boxeador completo”.

“Te podía destrozar a golpes o siendo mucho más inteligente y vivo que su rival”, explicó Dundee. “Hacía tantas cosas cuando estaba en el cuadrilátero era como si todo le saliese sin esfuerzo, natural y con facilidad”.

Otro gran mérito para Durán, del que debían aprender los campeones actuales, es que se enfrentó siempre a los mejores y de hecho, al menos seis, ya están también en el Salón de la Fama.

Sin embargo, sus combates más recordados y memorables siempre fueron los tres que disputó contra el estadounidense Sugar Ray Leonard, en la década de los ochenta.

El primer duelo entre ambos fue en Montreal (Canadá), donde Durán superó al entonces invicto Leonard en junio de 1980 para coronarse campeón welter del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

La revancha no se hizo esperar y cinco meses después se volvieron a enfrentar para protagonizar el tristemente y célebre combate en el que, sin motivo aparente, Durán no quiso seguir peleando después del octavo asalto.

Lo único que siempre se recordará de la pelea fue la famosa frase de “no más” que pronunció Durán antes de darse la vuelta e irse a su rincón.

En 1989, por fin se pudo dar el esperado tercer y definitivo combate entre los dos grandes del boxeo y fue Leonard quien se quedó con la victoria.

Pero si hubo un púgil que más dominó y logró triunfos en las defensas del título, éste fue López, quien durante una década ganó 21 consecutivas.

López fue el “rey” indiscutible dentro del peso paja y se retiró sin conocer la derrota y con la imagen “impecable” no sólo de un gran deportista sino también de una persona “integra” y profesional.

El estadounidense Whitaker, a pesar de los problemas extra deportivos con los que se encontró al final de su carrera, también brilló con luz propia dentro del cuadrilátero y lo hizo al conseguir ser campeón en cuatro categorías de peso diferentes.

Whitaker, que tenía un directo de derecha demoledor, antes de llegar al profesionalismo ganó 200 peleas como aficionado y la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1984.

Más conocido como “Sweet Pea”, Whitaker, de 42 años, consiguió el título del peso ligero en 1989; júnior welter (1992); welter (1993-97) y júnior mediano (1995) para retirarse en el 2001 con una forja de 40-4-1, 17 triunfos logrados por la vía rápida.

También entre los elegidos para formar parte del Salón de la Fama, estuvieron un grupo de personalidades y entre las que destacan la presencia del mexicano José Sulaimán, presidente del CMB; el preparador argentino Amílcar Brusa.

A título póstumo, otros dos profesionales latinoamericanos, el peso ligero puertorriqueño Pedro Montañez y el promotor cubano Cuco Conde también fueron elegidos para entrar al Salón de la Fama.

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