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Los Tigres tienen una semana entera para recalibrar su cañones

DETROIT – Han transcurrido 22 años desde que los Tigres de Detroit disputaron una Serie Mundial y ahora tendrán una semana para prepararse. La euforia es total en esta ciudad por un equipo que hace apenas tres temporadas perdió una friolera de 119 juegos.

Redacción Central |

DETROIT – Han transcurrido 22 años desde que los Tigres de Detroit disputaron una Serie Mundial y ahora tendrán una semana para prepararse. La euforia es total en esta ciudad por un equipo que hace apenas tres temporadas perdió una friolera de 119 juegos.

El festejo tras barrer en cuatro juegos a los Atléticos de Oakland fue desbordante durante la noche del sábado y hasta al amanecer del domingo. La gente hizo sonar cornetas y sacó escobas en sus techos. El centro de la ciudad no durmió durante la noche. Extraños se estrechaban las manos en la calle.

Cuando el sol salió sobre la avenida Woodward, frente al estadio Comerica Park, iluminó la marquesina del State Theatre con la frase «Estamos de fiesta como si fuese 1984». No es para menos.

«Nadie se esperaba esto. Es algo irreal», declaró Al Kaline, un ex integrante de los Tigres de Detroit que es miembro del Salón de la Fama y ahora forma parte de la directiva.

De hazmerreír de todos hace tres años, los Tigres ahoran son una maquinaria a temer. Completaron su barrida sobre Oakland en la serie de campeonato de la Liga Americana, al vencer 6-3 a los Atléticos el sábado, cuando el venezolano Magglio Ordóñez disparó un jonrón de tres carreras con dos outs en el noveno inning.

Ordóñez levantó un brazo, y después el otro, tras irse a la calle dos veces en el cuarto juego. Desde todos los rincones del estadio, y afuera del mismo, los fanáticos de los Tigres celebraron un gallardate que parecía un imposible durante la pretemporada.

Mientras se daba rienda suelta el festejo en el terreno, Ordóñez trataba de dar con el paradero de su familia en las tribunas.

Al mismo tiempo, el locutor del estadio le hacía saber a todos la fecha del próximo juego de los Tigres en su casa: el sábado próximo, al inaugurar la Serie Mundial ya sea contra los Cardenales de San Luis o los Mets de Nueva York.

El equipo con la mayor cantidad de derrotas en las mayores las últimas 13 temporadas se presentará en su primer Clásico de Otoño desde 1984.

Dirigidos por Jim Leyland, estos Tigres marchan a paso redoblado con una racha de siete victorias y con el mismo perfil de los Medias Rojas de Boston del 2004 y los Medias Blancas de Chicago del 2005, novenas que se prendieron en octubre y ganaron el campeonato en forma arrolladora.

El receptor puertorriqueño Iván Rodríguez y el lanzador Kenny Rogers son los únicos jugadores en la nómina de Detroit con experiencia en una Serie Mundial. El gerente general Dave Dombrowski y Leyland estuvieron juntos cuando los Marlins de la Florida se consagraron campeones en 1997.

«Este es un momento maravilloso. No sólo para nosotros, sino para esta ciudad», declaró Rodríguez.

Y con una semana para descansar, los Tigres podrían llegar a punto. Leyland podrá armar su rotación a su place, con Rogers, Justin Verlander, Nate Robertson o Jeremy Bonderman disponibles para el primer juego.

Además, el primera base Sean Casey y el relevista Joel Zumaya, un verdadero lanzallamas, tendrán tiempo adicional para recuperarse de lesiones que limitaron su participación en la serie ante Oakland.

Leyland quedó saboreando la victoria. Sentado en su oficina, el piloto puso las piernas sobre el escritorio y bebiendo champaña.

Si San Luis gana en la Nacional, podría darse una especie de reencuentro con el manager de los Cardenales Tony La Russa.

Leyland pasó seis años sin dirigir hasta que aceptó tomar las riendas de los Tigres para esta temporada. Pero no se alejó del béisbol totalmente, ya que fue trabajó con los Cardenales.

«Trabajé con ellos durante cinco años. Estuve con ese club durante la pretemporada. Colaborando», dijo. «Estuve al lado de Tony La Russa. Orienté a jugadores veteranos que recién llegaban. Nunca tuve un mejor jefe».

«De cierta manera ellos me inspiraron para volver, y me fui acercando poquito a poquito», dijo. «Creo que le debo a los Cardenales de San Luis haber vuelto».

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