Curiosidades

La erupción más grande de la historia

El fenómeno natural del Krakatoa fue de tal intensidad que incluso afectó al clima e hizo que en todo el mundo se sintiera su impacto

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Erupción |

B. García |

Se dice que la erupción del Krakatoa fue uno de los desastres naturales más impactantes de nuestra historia. Estamos seguros de que también tú desearías tener una máquina del tiempo para ver en directo esta erupción, para conseguir, sin sufrir daño alguno, ser testigo de uno de los fenómenos más devastadores e increíbles de los que se tiene memoria y registros.

Este poderoso volcán se cobró miles de vidas que fueron víctimas directamente de la exposición a la erupción volcánica o de los tsunamis que la sucedieron. El fenómeno natural del Krakatoa fue de tal intensidad que incluso afectó al clima e hizo que en todo el mundo se sintiera su impacto, provocando una bajada global de las temperaturas. Descubre más de una de las tragedias volcánicas que marcaron la historia moderna.

La isla Krakatoa disponía de unos 9 kilómetros de largo y se hallaba situada, junto a más islotes, entre Java y Sumatra. Nunca fue muy pacífica “geológicamente” hablando, su tierra estaba gobernada por tres conos volcánicos que entraron en erupción en numerosas ocasiones, hasta que el 26 de agosto de 1883 se inició el desastre. Murieron más de 31 mil personas y arrasó cerca de 163 poblaciones, una explosión tan intensa, que llegó a sentirse en un 10 por ciento de nuestro planeta.

De hecho, dice la leyenda que cambió el eje de la Tierra y que muchas islas se desplazaron hasta 30 metros de su posición original. No obstante, ocurrieron cosas aún más impactantes que sí están registradas y que pasamos seguidamente a detallarte.

Solo con pronunciar su nombre quedamos impresionados: Krakatoa. Era una isla exótica donde se alzaban esos tres conos volcánicos que los nativos, conocían como Rakata (de 823 metros), Danan (de 445 metros), y Perboewatan (de 122 metros). Los tres conos pertenecían al propio volcán Krakatoa que se encontraba, casi estratégicamente, sobre la placa Eurasiática y la Indoaustraliana.

En la propia leyenda popular de Java existían diversos relatos, en los que se hablaba ya de antiguas erupciones, de cómo rugía la montaña de Krakatoa y de cómo el mundo temblaba de terror. Desastres que se llevaron la vida de centenares de personas, acontecimientos naturales que, por ejemplo y según contaban estas leyendas, provocaron que Java y Sumatra se dividiera en dos partes.

Los expertos datan estas erupciones previas en los años 417 a. C. y en el 535 d. C. No obstante, la peor de todas, la más devastadora, aconteció en 1833. Ya en los años anteriores se había registrado bastante actividad, temblores, explosiones… Pero fue en mayo de ese mismo año cuando los nativos se temían lo peor. El 20 de ese mes se iniciaron los escapes de gas en el norte de la isla y en uno de los conos del volcán, concretamente, en Perboewatan. Las erupciones de ceniza alcanzaron los seis mil metros y podían verse desde las islas vecinas.

Desconocemos si llegaron a efectuarse algunas medidas de evacuación, aunque en realidad no hubieran sido demasiado útiles, ya que nadie podía adivinar el terrible alcance de la explosión del Krakatoa. Una explosión cataclísmica provoca que la propia isla desaparezca en pedazos. Al instante. El cielo se tiñó de sangre y el fuego acarició la atmósfera como un demonio enfadado, saliendo de las entrañas de la Tierra. Aunque, poco a poco, fue llegando la oscuridad.

Se sabe que la suspensión de esas cenizas duró casi dos años, originando extraños fenómenos ópticos en todo el mundo. El impacto de la explosión del Krakatoa originó a su vez numerosos tsunamis, con olas de 40 metros de altura, y conos de cenizas que rozaban casi los 80 kilómetros de altitud. Un cataclismo inimaginable que muchos se atreven a comparar no solo con la bomba atómica de Hiroshima, sino con siete mil de ellas.

Los casi 200 megatones que se liberaron aquel día originaron que todo el planeta se sumiera a lo largo de tres días, en un crepúsculo suave, donde el alba era eterna. Una atmósfera de extrañeza y de color ámbar, generada por la refracción de los rayos solares contra esas partículas minúsculas. Es más, los meteorólogos nos dicen que debido a este fenómeno de la ceniza en suspensión, la temperatura del planeta disminuyó unos 1,2° centígrados e incluso bajó el índice de precipitaciones, recuperando su normalidad tres años después.

Otro dato que nos produce escalofríos es el sonido. Se dice que el estruendo del Krakatoa al explotar, es el sonido más alto registrado en la historia. ¿Su cifra? Se superaron los 180 dB. Incluso hay una leyenda que dice que marineros que estaban a 50 kilómetros de allí, se quedaron sordos. Increíble.

Por desgracia, la mayoría de catástrofes vienen acompañadas de historias increíbles que suelen alimentar obras de ficción como novelas, películas… Todas ellas intentando reflejar el horror, la humanidad e incluso la importancia de la suerte en circunstancias tan excepcionales como puede ser encontrarte frente la erupción de un volcán tan potente como el Krakatoa.

Una de las historias que circularon tras la tragedia y que al parecer fue considerada veraz en su momento, fue la de un alemán, director de una empresa minera, que se encontraba en el tejado del tercer piso de un edificio donde tenía su despacho, cuando una ola provocada por la erupción lo engulló. En el agua vio un gran cocodrilo que también se veía arrastrado por la corriente y no lo dudó, se agarró a él con todas sus fuerzas. Con sus dedos alcanzó las cavidades oculares de la bestia. El cocodrilo nadó hasta tierra firme con el agotado alemán a cuestas y en medio de la selva, se revolvió para abandonar a su pasajero y marcharse.

Una historia asombrosa, tanto como de la que dejó constancia el capitán del barco Norham Castle que se encontraba lejos del Krakatoa, a casi 70 kilómetros. La distancia no impidió que oyeran la erupción, el capitán escribió en su diario: “Las explosiones eran tan fuertes que los tímpanos de la mitad de mi tripulación reventaron. Mis últimos pensamientos son para mi amada esposa. Estoy seguro de que este es el Día del Juicio Final ha llegado”.

También quienes trabajaban en el interior de las islas cercanas al volcán sintieron su furia. Un agricultor que se encontraba casi 10 kilómetros al interior de la isla de Java explicó del tsunami provocado de la erupción:

“De pronto oímos un sonido fuertísimo. Vimos… una cosa negra y enorme, muy lejos, que venía hacia nosotros. Era muy alta y poderosa, y pronto vimos lo que era: agua. Árboles y casas eran arrasados… La gente empezó a… correr por su vida. No muy lejos había una zona de terreno inclinado y todos corrimos para intentar escalarlo, para salir del alcance del agua. El agua fue demasiado rápida para la mayoría, y muchos se ahogaron prácticamente a mi lado. Muchos intentaron subirse a un lugar concreto. Eso provocó un amontonamiento, hubo una gran violencia durante unos momentos pero… Uno tras otro fueron tragados y arrastrados por las aguas. Si te fijas verás las marcas en la colina, en el lugar donde se pelearon. Algunos… arrastraron a otros al agua con ellos. No los dejaban ir, los de arriba no podían zafarse de su agarre mortal”.

En todo el mundo pudo comprobarse el efecto del Karakatoa, no solo por la temperatura, también porque las puestas de sol te tiñeron de rojo. Algo que duró hasta tres años. Una coloración tan inusual inspiró a artistas como el poeta Gerard Manley Hopkins, quien dijo de estas imágenes:

“Más como carne en llamas que como el rojo intenso de las puestas de sol comunes; eso es lo que perturba a todos; se ha prolongado durante el día, y cambiado ópticamente la estación; baña todo el cielo; se podría confundir con el reflejo de una gran hoguera”.

Terminamos este artículo con otra información que también te va a sorprender. En 1927 comenzaron nuevas erupciones volcánicas en el fondo del mar, nuevos movimientos, nuevos presagios de que algo seguía vivo en las profundidades… A los pocos meses, emergió una nueva isla a la que llamaron Anak Krakatau (‘Hijo de Krakatoa’). En ella no vive nadie, puesto que como dicen los geólogos, es muy probable que en el futuro la voz del Krakatoa vuelva a rugir con la misma intensidad.

Mel/Bga

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