Curiosidades

¿Son seguros los ascensores?

Hace poco más de 160 años un inventor estadounidense se las ingenió para convencer a sus congéneres de que sí

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Redacción Central |

Subirse a un ascensor posiblemente sea algo cotidiano para muchas personas en casi todos los rincones del planeta. Incluso cuando apenas es necesario subir un piso o dos, la mayoría prefiere la comodidad de estos artefactos.

Pero no siempre fue tan sencillo. Hace poco más de 160 años un hombre tuvo que ingeniárselas para convencer a sus congéneres –y clientes potenciales- de que el entonces novedoso sistema de transporte vertical era seguro y no se precipitaría al vacío si por alguna razón el cable cedía al peso o al deterioro. El nombre del “valiente” era Elisha Otis, un inventor estadounidense en cuyo haber figuraban unos cuantos artilugios y la práctica de diversos oficios.

Resulta que para mediados del siglo XIX eran pocos los ascensores instalados y la mayoría de ellos se usaba únicamente para cargas. Las personas generalmente los consideraban algo demasiado novedoso y, sobre todo, peligroso, dada la posibilidad de caer si el peso de las personas excedía las capacidades de la única cuerda que sostenía al aparato.

Como la gente se negaba a subirse a uno, eran pocos los edificios que los instalaban. Además, la mayoría de los inmuebles solo tenían, como máximo, tres o cuatro plantas.

Otis, quien se encontraba en 1851 a cargo de un aserradero, aprovechó ese temor extendido para inventar, patentar y fabricar un sistema de seguridad eficaz que lograba detener la cabina en caso de que esta cayese. Un par de años más tarde el inventor decidió crear Otis Brothers & Co., empresa con la cual pretendía comercializar la instalación de ascensores. Pero no tuvo suerte, al menos no al comienzo.

A lo largo de 1853, el año fundacional, la compañía no logró instalar ni siquiera un ascensor -en gran medida debido al pánico que estos causaban- y las personas continuaban sin darle crédito a las promesas de seguridad. Así que Otis decidió “jugarse” el futuro de su empresa en un espectáculo.

Ese mismo año se realizó en Nueva York la Exposición Universal “Exhibition of the Industry of All Nations” y el inventor aprovechó la oportunidad para convencer al público de que con su sistema los ascensores eran seguros.

Estableció contacto con el empresario circense PT Barnum, quien tenía un apartado de exposiciones en aquella feria, y le pidió que lo dejara montar un show. Durante todos los días de varios meses, Otis dejó asombrada a la audiencia con su “audacia”.

El intrépido inventor subía a un ascensor descubierto que se elevaba más de 15 metros y, en lo más alto, otro hombre cortaba la cuerda, para terror de los congregados. Pero, evidentemente, la cabina apenas descendía unos centímetros y se detenía prácticamente de inmediato gracias al sistema de seguridad.

Aquellos espectáculos fueron todo un éxito y el ingenio valió para que en 1854 la empresa instalase sus primeros ascensores. Aunque Otis murió en 1861, a los 49 años, sus hijos continuaron su trabajo y la compañía llegó instalar elevadores en edificios emblemáticos, entre ellos la Torre Eiffel o el Empire State Building.

Mel/tgp

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