Curiosidades

Una pareja fuera de época

Sarah y Gabriel Chrisman  han decidido vivir en pleno siglo XXI como en la etapa Victoriana

Sarah y Gabriel Chrisman, una pareja fuera de época
Sarah y Gabriel Chrisman, una pareja fuera de época |

Redacción Central |

Algunas personas sienten que han nacido con el género equivocado, otras piensan que no corresponden a la era que les tocó vivir. Sin embargo, cuando siente que ha nacido en el momento histórico erróneo, no hay bisturí ni hormonas que puedan ayudarle, es cuestión de adaptarse o ingeniárselas para cambiar su entorno.

Precisamente eso es lo que ha hecho este matrimonio: Sarah y Gabriel Chrisman se han comprado una casa construida en 1888 en Port Townsend, Washington, y están viviendo en plena época Victoriana. Han organizado su día a día de forma tal que todo refleje hasta en los más mínimos detalles las usanzas de aquella etapa.

En su casa no tienen bombillas modernas, usan lámparas de aceite e incluso confiesan que les asombró cuán brillante es la luz de las lámparas antiguas originales, en comparación con las reproducciones modernas. Usan un refrigerador con cubos de hielo y un calentador de gas del siglo XIX que funciona con queroseno.

Sarah, que es escritora y de vez en cuando actualiza su blog This Victorian Life, escribe usando una pluma antigua y hornea su propio pan, además de seguir un menú que se ciñe estrictamente a las recetas victorianas. Cada mañana le da cuerda al reloj mecánico del salón, donde no hay ni rastro de la tecnología moderna, sino muchos libros obviamente, clásicos de la época.

Su pasión por la época victoriana ha ido tan lejos que incluso utiliza corset, su cepillo para el pelo tiene 130 años y su cepillo de dientes está hecho con cerdas de jabalí naturales. También tiene una copia de un triciclo de rueda alta de 1880, con el cual recorre varios kilómetros junto a su esposo.

Esta pareja confiesa que ese estilo de vida los mantiene en contacto con las cosas naturales. Ellos mismos arreglan los objetos que tienen en casa cuando se rompen, lo cual les permite valorarlos mucho más.

Esa necesidad de estar atentos a los detalles también hace que sean más conscientes y vivan en el aquí y ahora, aunque sea en otra época. Además, están más conectados con los aspectos más básicos de la vida y más unidos, ya que tienen más tiempo para estar en compañía, sin las continuas interrupciones del mundo moderno.

Hay personas que experimentan la sensación de no pertenecer a la cultura o la época que les tocó vivir y miran con nostalgia al pasado. Obviamente, pocos se atreven a desconectarse casi por completo de la realidad para emprender un viaje tan diferente.

Regresar al pasado puede considerarse como una especie de evasión del mundo. Sin embargo, no debemos olvidar que nuestro mundo moderno se está volviendo cada vez más caótico, no deja espacio para las relaciones interpersonales profundas y la tecnología está avanzando a pasos tan agigantados que está sustituyendo todo a su paso. En un universo así, muchas personas pueden tener la sensación de que no tienen el control de sus vidas, por lo que el pasado se convierte en un refugio seguro.

Vivir en el pasado es una decisión un poco drástica, pero lo que nos enseña esta historia es que no debemos dejar que sea la sociedad quien imponga cómo debemos vivir o qué nos debe gustar. Es importante conectar con nuestro “yo” más profundo y encontrar aquello que realmente nos hace felices, sea lo que sea.

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