Curiosidades

¿Por qué me miras de frente?

Las hipótesis, aún por ser aceptadas, acerca de la colocación de los ojos humanos

ojos
ojos |

Redacción Central |

Miramos a los ojos de una chica y quedamos tontos, que es la primera fase del enamoramiento; miramos que se nos acerca un peligro y logramos esquivarlo; miramos una golosina y nos apetece tomarla. Gracias a nuestros ojos. Pero pocos nos preguntamos ¿por qué tenemos los ojos al frente de la cabeza y no al costado?

Bueno, si echamos un vistazo a los animales que habitan nuestros zoológicos llegaremos a la conclusión de que podemos dividirlos en dos grupos fundamentales respecto a dónde tienen situados los ojos: al costado o al frente. ¡Atención! existen algunos animalillos que tienen los ojos en el extremo de un apéndice que se mueve en todas las direcciones, pero estos no son parte de esta curiosa investigación.

Si vamos a la práctica vemos que los pollos, vacas, caballos y cebras  tienen los ojos a los lados de la cabeza. Sin embargo, los monos, tigres, lechuzas y lobos los tienen  unidos al frente, apuntando hacia adelante.

Nosotros los  humanos obviamente los tenemos al frente, pero ¿cuál es la razón de esta división? y ¿cómo terminamos nosotros, los primates, con los ojos al frente?

Según los científicos, hay ventajas y desventajas para los animales en la ubicación de los ojos. Al tener los dos ojos en la parte anterior de la cara dos campos visuales se superponen. Es esa superposición –la perspectiva ligeramente distinta sobre la escena al frente que cada uno de tus ojos envía al cerebro– lo que te permite percibir la profundidad. Más claramente dicho: cada ojo percibe lo que tiene delante de una manera un tanto diferente en cuanto a distancia y colocación, creando la sensación de tercera dimensión y profundidad.

Los animales que tienen los ojos a los lados no tienen esta percepción de profundidad bien desarrollada, sin embargo tienen una visión panorámica mucho mayor.

La ubicación de los ojos, si tenemos en cuenta al científico Charles Darwin, se debió a la evolución por distintas razones en diferentes grupos de animales.

Algunos científicos sostienen la hipótesis arbórea que se basa en los primeros primates que necesitaban una vista bien organizada y desarrollada que les permitiera mecerse y saltar con precisión de rama en rama de los árboles para tomar la comida con sus manos y llevársela a la boca.

Básicamente  desarrollando ojos al frente podían desplazarse mejor entre los árboles y también agarrar rápidamente a sus presas, además de que una caída de muchos metros a un suelo habitado por bestias carnívoras tenía su precio. Esta idea es conocida como la “hipótesis de locomoción arbórea”.

Sin embargo otros animales como las ardillas han desarrollado sus vidas en los árboles y tienen los ojos a los lados de la cabeza. En 2005 el antropólogo biólogo Matt Cartmill propuso la “hipótesis de la depredación visual”, es decir, lo que más le convenía a los depredadores era tener una buena percepción de la profundidad.

Eso los ayudaba a localizar y capturar su presa. Los primates primitivos, por ejemplo, usaban más la vista para cazar que el olfato. Y se supone que la reducción en su capacidad para oler fue un efecto secundario de la confluencia de los ojos.

Y viene otro “pero”; y es que no todos los depredadores tienen los ojos al frente de la cabeza. Los felinos, los primates y las lechuzas sí, pero no así las mangostas, musarañas y petirrojos.

El científico Allman sugirió que tener los ojos al frente resultaba beneficioso para criaturas que cazan de noche, como las lechuzas y los felinos, porque pueden absorber más la luz que si los tuviesen a los lados. Y los primeros primates también cazaban de noche, por lo que su adaptación para la depredación nocturna podría haberle asegurado ojos frontales a todos los descendientes, incluyendo a nuestra propia especie.

El neurobiólogo teórico Mark Changizi presentó en 2008  la “hipótesis de la visión de rayos X” que sostiene que tener los ojos al frente permitió a nuestros antepasados ver a través de las tupidas hojas y ramas en el hábitat de la selva.

Pero la confusión de planos únicamente afecta a los animales grandes de la selva, como los primates. Los más pequeños, como las ardillas, sufren menos el problema porque sus cabezas son lo suficientemente pequeñas para ver entre las ramas y las hojas.

El caso es que por ahora el motivo por el cual tenemos ojos al frente de nuestras cabezas aún no está aclarado. Cada hipótesis tiene sus pros y contras, pero salta a la vista una curiosidad: todas están relacionadas con los árboles.

también te puede interesar