Curiosidades

La penicilina, a 86 años de su descubrimiento

Hoy los científicos buscan desesperadamente un medicamento efectivo contra el ébola, con la misma pasión que hace varias décadas otro científico buscaba la cura para otro mal

Penicillium monoverticillate
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Redacción Central |

Cada lunes a las 10 de la mañana, varios estudiantes de medicina y algunos turistas se concentran a la entrada del edificio del St Mary’s Hospital que está en Praed Street, Londres. Es el museo Alexander Fleming.

Después de pasar unos días de descanso en su casa familiar, Fleming regresaba la mañana del 3 de septiembre de 1928 a su laboratorio de la calle Praed. Hacía varios meses había estado investigando sobre una bacteria llamada Staphylococus Aureus. Y aunque ya había terminado con las placas de cultivo que había estado observando y no los necesitaba más, decidió observarlos a su vuelta una vez más antes de desinfectarlas para volverlas a utilizar.

Era costumbre del Dr. Fleming almacenar las placas usadas durante semanas depositándolas en una bandeja. Cuando la bandeja se llenaba las examinaba de nuevo antes de destruir las bacterias definitivamente.

Aquel 3 de septiembre Merlin Pryce, un antiguo colaborador, estaba de visita en el laboratorio. Fleming le mostraba algunos platos de cultivo al azar cuando una de las placas atrajo la atención del científico. La superficie se había contaminado de moho, y aunque este hecho no era algo extraño, en lugar de deshacerse del plato sin más miramientos, Fleming lo observó con atención. Se percató de que la bacteria original estaba siendo disuelta por una extraña sustancia producida por el hongo del moho.

Fleming mostró entonces el descubrimiento a Pryce y a sus demás compañeros de laboratorio, pero ninguno se mostró interesado por la observación, ignorando que estaban en presencia de uno de los mayores descubrimientos de la historia médica, la penicilina.

Exactamente no se sabía de dónde había provenido el moho, aunque se sospechaba que era del piso inferior, donde otro científico hacía pruebas de alergias. Aunque muchos atribuyen al desorden en el laboratorio y a la casualidad el hallazgo, lo cierto es que fue la forma metódica de trabajo y el poder de observación de Fleming los que lo propiciaron.

Alexander Fleming había nacido en la ciudad de Darvel, Escocia el 6 de agosto de 1881. Trabajó como médico microbiólogo en el Hospital St. Mary de Londres hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Se interesó en la fabricación de vacunas, inyecciones, sueros y en los nuevos tratamientos para curar las infecciones. Durante el conflicto bélico fue médico militar en el frente de Francia y había quedado impresionado por la gran cantidad de combatientes que morían en los hospitales de campaña debido a las heridas infectadas. Finalizada la guerra regresó a su laboratorio, y comenzó a buscar intensamente un nuevo antiséptico que evitase la dura agonía provocada por éstas en los seres humanos.

Fleming recibió en 1945 el premio Nobel por el descubrimiento de la penicilina y también de la lisozima.

Murió de un ataque al corazón en Londres, Inglaterra, en 1955, a los 73 años de edad.

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