Cultura

¿A dónde vas vestida de Catrina?

La calavera femenina creada por el grabador e ilustrador José Guadalupe Posada cumplió 105 años y sigue siendo popular el Día de los Fieles Difuntos

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La Catrina |

Ana Patricia García |

Del 31 de octubre hasta el 2 de noviembre se celebró en muchos países latinoamericanos el Día de los Fieles Difuntos, ocasión que aprovecharon las familias para recordar a los seres queridos que ya no están.

De muy diverso modo en las distintas naciones se recuerda a los difuntos. La tendencia más extendida es acudir a los cementerios o camposantos a poner flores, algunos alimentos, para acompañar entre recuerdos y anécdotas a los muertos o colocar altares en los hogares con las bebidas y los alimentos que más le gustaban a los difuntos.

Otros hacen de la ocasión un momento menos luctuoso y más alegre, como sucede en México donde el Día de los Muertos forma parte de las celebraciones más populares y de la identidad de este pueblo, donde el dolor por la pérdida se vuelve alegría y creencia en que los que se fueron siempre nos acompañan.

En este sentido, existe un personaje que el Día de los Fieles Difuntos alcanza un protagonismo inusitado, “la Catrina”, calavera femenina creada por el grabador e ilustrador José Guadalupe Posada hace 105 años.

Posada dio vida a diversas calaveras, sobre todo para utilizarlas como vehículo de crítica social.

Después creó a la Calavera Garbancera, su nombre original, para señalar a los mexicanos, sobre todo los de ascendencia indígena e indígenas ellos mismos, que a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, se avergonzaban de quienes eran y simulaban ser europeos.

Por eso la Calavera Garbancera nació sin ropas y con un sombrero de plumas como único atuendo, para dar a entender que las personas que así actuaban, aunque se murieran de hambre preferían aparentar lo que no eran.

Posada sustentaba su creación en una creencia que tenía muy arraigada, de ahí que acuñara una frase que lo sobrevive y explica el tono irónico de sus dibujos: “La muerte, es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”.

Posteriormente sería bautizada como Catrina, nombre por el que conocemos hoy a la señora esquelética, por el pintor Diego Rivera, quien la incluyó en su pintura “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, vestida con sombrero de plumas, vestido y rico mantón.

En la celebración del Día de los Muertos, fiesta tradicional mexicana por excelencia, la Catrina es de los principales personajes con los que los pobladores se disfrazan para reverenciar a sus difuntos.

La avenida Reforma, una de las arterias vitales del DF mexicano se llena el 2 de noviembre de cientos de Catrinas, hembras y varones, en un ritual que se convierte en fiesta de pueblo, y donde lo mismo se levantan altares en los lugares más inusitados de las ciudades y las casas, que se dedican conciertos, representaciones teatrales y otras actividades a los seres queridos que ya no están.

Este año la conmemoración se destacó por la singularidad de los diseños de las Catrinas, pues las mujeres y niñas fundamentalmente, lo mismo tocadas con plumas, rosas y otros aditamentos para el cabello y con elegantes vestimentas se pintaron los rostros utilizando gran variedad de diseños donde sobresalieron los elementos esenciales de la Catrina, grandes cuencas en los ojos, rostro pintado de blanco, y las bocas con remedos de costuras o dientes cadavéricos.

Posada, padre de personaje tan peculiar, quizá nunca previó el arraigo que tendría entre sus conciudadanos La Catrina y como permanecería en la fiesta anual por el Día de los Fieles Difuntos.

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