Cultura

Literatura para niños. Panorama, tradición y ruptura (Parte I)

No es hasta principios del siglo XVII que comienzan a considerarse las diferencias del niño con el adulto y se llega a un concepto más idóneo de niñez

Literatura Infantil
La lectura estimula la imaginación y el lenguaje de los niños, y los ayuda a comprender mejor el mundo |

Lucía Oliveira |

La Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) es un género tardío en comparación con el resto de la literatura, debido, fundamentalmente, a que estuvo subestimado durante mucho tiempo. Además, la manera en que se define la infancia en la actualidad se aleja mucho de cómo se concebía hace algunos siglos.

No es hasta principios del XVII que comienzan a considerarse las diferencias del niño con el adulto y se llega a un concepto más idóneo de niñez.

Luego se desarrolló una percepción que se preocupaba por su bienestar espiritual y se comprendió así la necesidad de una educación sistematizada a través de libros con fines pedagógicos, lo que estimula la solicitud de obras infantiles; aunque eran excesivamente didácticas.

En el siglo XVII, con la obra del francés Charles Perrault (1628-1703), se produce un inicio positivo; pero en el XVIII predomina una tendencia a lo moral y a lo extremadamente didáctico, sin dar cabida a la imaginación y la sensibilidad.

En el XIX se da un auge de obras ahora denominadas clásicos, que nacen como reacción a los métodos dogmáticos que habían prevalecido. Entre estos clásicos sobresalen Cuentos (1857) de los hermanos alemanes Jacob y Wilhem Grimm, la obra del danés Hans Christian Andersen y Alicia en el país de las maravillas (1864), de Lewis Carroll.

Literatura Infantil

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Ya en el siglo XX, con el avance de la psicología infantil, se comprendió que tales textos debían basarse en las necesidades y capacidades del niño.

Se condena entonces con más empeño el libro exclusivamente didáctico. Surge una literatura de vanguardia “antitabú” que sabe que todos los asuntos son buenos y necesarios para la infancia, porque la cuestión no está en el propio tema, sino en la forma de presentárselo al lector.

Al respecto resaltan en Estados Unidos el bestseller Papaíto Piernas Largas (1912), de Jean Webster, y la novela Pippa Medias Largas (1945), de la sueca Astrid Lindgren; esta última marca un antes y un después en la Literatura Infantil y Juvenil.

Sin embargo, aún hoy persisten obras donde el tono o los temas de la obra son demasiado explícitos, pues el autor supone que el niño no comprenderá algún aspecto y esto, en lugar de ser efectivo, puede provocar aburrimiento o afectar la calidad estética.

Al servicio de esta literatura se halla La Organización Internacional para el Libro Juvenil (International Board of Booksfor Young People: IBBY), fundada en Zurich (1951) por la periodista alemana Jella Lepman. Tiene como objetivos fundamentales: promover la literatura infantil y juvenil, original e indígena; mejorar la calidad de los libros para niños y jóvenes; incrementar el número y difundir el uso de tales libros; estimular el interés del público en general y de las instituciones culturales en la creación artística.

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